Opinión


4T. Turismo y poder

4T. Turismo y poder | La Crónica de Hoy

Lo primero es que los integrantes de la comunidad turística del país asuman que las cosas cambiaron. El resultado de las elecciones del año pasado mostró que la población mayoritaria quería un cambio. AMLO ganó. El péndulo del poder se movió. Esto se siente en todas las áreas del quehacer nacional. El turismo no es una excepción. Los empresarios del sector, incluso los más acaudalados, todos los prestadores de servicios, los servidores públicos, académicos y los periodistas que cubren la fuente, que más rápido asuman que las cosas cambiaron tendrán mayores oportunidades de seguir operando a lo largo de la Cuarta Transformación. Hacer pronósticos en política es un riesgo, pero Morena se puede quedar en Palacio Nacional doce o dieciocho años, así que lo más sensato es asumir las nuevas circunstancias y actuar en consecuencia. Los que trabajan bien, sobra decirlo, multiplican sus oportunidades.

El péndulo de poder se movió. Los empresarios ganadores de siempre, vinculados a figuras políticas del pasado, perdieron una batalla. Esto no quiere decir que les espera una debacle. Nada de eso. Quiere decir que los grandes contratos, los que mueven millones de dólares de dinero público, dinero del impuesto de internación, no les caerán en sus despachos como si nada, gracias a sus socios, o de plano cómplices, con los que reparten las ganancias. Ahora tendrán que sudar la camiseta. El turismo es, seguirá siendo, un buen negocio, lo es en todo el mundo. Así que si quieren las rebanadas grandes del pastel a las que están acostumbrados, tiene que ser creativos, buscarle por otro lado, y chambear desde temprano hasta tarde.

Este movimiento en el péndulo del poder ha generado tensiones inocultables entre los grandes empresarios del sector, sus voceros oficiosos en la prensa, y las nuevas autoridades de la Sectur. Esas tensiones pueden detonar en Acapulco, en el marco del Tianguis Turístico, que podría terminar siendo una catarsis y no una vendimia.

Considero que la mejor decisión que ha tomado López Obrador en materia de turismo en estos cuatro meses es haber nombrado a Miguel Torruco titular del ramo. Las otras decisiones relacionadas a la industria de viajes han resultado controvertidas, entre otras razones porque no se tomaron con una perspectiva turística, sino política, que a veces coinciden, pero no siempre. No se puso sobre la mesa el número de visitantes, o la derrama económica, sino la nueva distribución del poder. Me refiero a la cancelación del aeropuerto, la ocurrencia de Santa Lucía, la desaparición del CPTM, y el castigo presupuestal a la secretaría con el objetivo de lanzar al Tren Maya, el megaproyecto del sur que todavía está en el aire y al que la comandancia y las bases zapatistas podrían congelar.

De modo que estos cuatro meses han sido muy complejos, incluso para Torruco que tiene cuatro décadas de experiencia en el sector. Emprendió la administración con nuevas reglas desconocidas para todos, adversarios poderosos agraviados y con ganas de regresar los golpes, sin dinero para promoción, con una revuelta al interior de la secretaría —pues a muchos funcionarios altos y medios se les tuvo que arrancar la renuncia, no la presentaron—, y sin dinero para mantener en movimiento a la fuente periodística en la que abundan medios apenas testimoniales que viven de publicidad gubernamental. Por si fuera poco, cifras oficiales adelantan una caída de México en el ranking de países más visitados. Poco a poco las aguas agitadas tomarán un nuevo cauce, el cauce de la Cuarta Transformación que llegó para quedarse un buen rato.

 


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

 

 

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