Opinión


80 años del exilio español en México: León Felipe

80 años del exilio español en México: León Felipe  | La Crónica de Hoy

Desde que, en 1919, a los 25 años de edad, el poeta español León Felipe publicó su primer libro con el sugerente título Versos y oraciones de caminante, la idea del viaje, del movimiento, del camino, del cambio de paisaje y de cultura, formaron un tema central de su obra y un aspecto notable de su propia errancia peregrina por el mundo de la lengua española.

Tras salir de España en su temprana juventud, para cumplir una estancia de tres años en la Guinea Ecuatorial, su posterior llegada a México en 1922 y su exilio definitivo en nuestro país en 1938, tras combatir al lado de la República en la Guerra Civil, su poética se convirtió en la descripción de una mudanza, la aritmética verbal de los procesos de exilio y de adaptación.

El poeta viaja, se mueve ligero, y al hacerlo se reinventa, se muda con una valija llena de palabras y va agregando a la valija los hallazgos de los nuevos territorios habitados.

Como él mismo lo afirmó: “Llegué a México —por primera vez— montado en la cola de la Revolución Mexicana. Corría el año de 1923. Después, aquí he vivido por muchos años: Aquí he gritado, he sufrido, he protestado, he blasfemado, me he llenado de asombro...”.

Su poema de juventud Romero solo; resume con elocuencia esta actitud del poeta ante la vida: lo que vale y lo que cuenta es “cruzar siempre por caminos nuevos”.

Romero sólo

Ser en la vida

romero,

romero sólo que cruza

siempre por caminos nuevos;

ser en la vida

romero,

sin más oficio, sin otro nombre

y sin pueblo …

ser en la vida

romero…romero …sólo romero. 

Que no hagan callo las cosas

ni en el alma ni en el cuerpo…

pasar por todo una vez,

una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie

a pisar el mismo suelo,

ni el tablado de la farsa,

ni la loza de los templos,

para que nunca recemos

como el sacristán

los rezos,

ni como el cómico

viejo

digamos

los versos.

La mano ociosa es quien tiene

más fino el tacto en los dedos,

decía Hamlet a Horacio,

viendo cómo cavaba una fosa

 y cantaba al mismo tiempo

un sepulturero

-No

sabiendo

los oficios

los haremos

con respeto-

Para enterrar

a los muertos cómo debemos

cualquiera sirve, cualquiera …

menos un sepulturero.

un día todos sabemos hacer justicia,

también como el rey hebreo,

la hizo

Sancho el Escudero

y el villano

Pedro Crespo …

Que no hagan callo las cosas

ni en el alma ni en el cuerpo …

pasar por todo una vez,

una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero.

Sensibles

a todo viento

y bajo

todos los cielos,

Poetas,

nunca cantemos

la vida

de un mismo pueblo,

ni la flor

de un solo muerto …

Que sean todos

los pueblos

y todos

los huertos nuestros.

 

La noche del 12 de septiembre d 1939, hace ya casi 80 años, en el Palacio de Bellas Artes, al cumplirse un año de su exilio en México, la Casa de España -hoy Colegio de México- organizó una lectura de poemas a cargo de León Felipe.

Con el teatro principal lleno, el poeta pronunció estas palabras al comienzo de su lectura:

“Hace ahora por estos días un año justo que regresé a México y poco más de un año que abandoné definitivamente España. Vine aquí como el primer heraldo de este éxodo. Sin embargo, yo no soy un refugiado que llama hoy a las puertas de México para pedir hospitalidad. Me la dio hace 16 años, cuando llegué aquí por primera vez, solo y pobre y sin más documentos en el bolsillo que una carta que Alfonso Reyes Medina en Madrid, y con la cual se me abrieron todas las puertas de este pueblo y el corazón de los mejores hombres que entonces vivían en la ciudad. Con aquel sésamo gane la amistad de Pedro Henríquez Ureña, de Vasconcelos, de don Antonio caso, Eduardo Villaseñor, De Daniel Cosío Villegas, de Manuel Rodríguez Lozano… Entre todos se pudo hacer que yo defendiera mi vida con decoro”

Después, México me dio más: amor y hogar. Una mujer y una casa. Una casa que tengo todavía y que no han derribado las bombas. Ahora que tanto español refugiado no tiene una silla dónde sentarse, tengo que decir esto con vergüenza, pero tengo que decirlo. Y no para mostrar mi fortuna, sino mi gratitud. Y para levantar la esperanza de aquellos españoles que lo han perdido todo”.

“Españoles del éxodo y del llanto, México os dará algún día una casa como a mí. Y más todavía. A mí me ha dado más. Y creo que esta noche, para definir mi conducta y aliviar mi conciencia, ha llegado la hora de rendir cuentas a México y a La casa de España. esta noche, después de un año de residencia en esta tierra quiero preguntar a todos ¿Acaso Vale lo que hace un poeta? Porque yo no tengo una cátedra ni una clínica ni un laboratorio, ni recojo ni investigó. Y me pregunto entonces ¿De algo vale el dolor y la angustia de un poeta? yo no tengo diplomas. Mis diplomas y mi equipaje se los ha llevado la guerra y no me quedan más que estas palabras que ahora vais a escuchar”.

Hoy quiero recordar uno de los poemas leídos aquella noche memorable:

 

De español del éxodo y del llanto

El llanto es nuestro

 

Españoles:

el llanto es nuestro

y la tragedia también,

como el agua y el trueno de las nubes.

Se ha muerto un pueblo

pero no se ha muerto el hombre.

Porque aún existe el llanto,

el hombre está aquí de pie,

de pie y con su congoja al hombro,

con su congoja antigua, original y eterna,

con su tesoro infinito

para comprar el misterio del mundo,

el silencio de los dioses

y el reino de la luz.

Toda la luz de la Tierra

la verá un día el hombre

por la ventana de una lágrima …

Españoles,

españoles del éxodo y del llanto;

levantad la cabeza 

y no me miréis con seño,

porque yo no soy el que canta la destrucción

sino la esperanza.

 

 

 

@edbermejo

edbermejo@yahoo.com.m

 

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