Opinión


Alto a la polarización

Alto a la polarización | La Crónica de Hoy

Es una inquietante realidad. Nuestro país avanza por el peligroso camino de la polarización política, desbrozado y abonado a diario por la calmosa y filosa aunque jurídicamente inocua lengua del presidente López Obrador. Mas no sólo por esto.

Los malquerientes del Jefe del Estado han redoblado el empeño que los ocupa desde hace lustros: criticarlo por sistema, con buenas y malas artes, y sin importarles sembrar con ello el encono entre los mexicanos.

El antagonismo de los más activos seguidores con los pocos pero revoltosos y obcecados contradictores del mandatario alcanzó esta semana su punto más alto desde el inicio de la 4T.

El encolerizado choque fue una paradójica, ruidosa consecuencia de la Marcha del Silencio de la oposición. Ribeteada con la determinación oficial de construir, sí porque sí, la refinería de Dos Bocas, a cargo ahora de Rocío Nahle y Octavio Romero Oropeza.

En las redes sociales, donde la irritación es lo ordinario, la violencia verbal a propósito de la marcha llegó a lo inaudito, con toda suerte de ofensas, insultos, vulgaridades, calumnias y mentiras.

Habrá quien diga que mientras no se llegue a los puños y los balazos, bienvenido sea el debate sulfurado porque la política es pasión y vehemencia. Y que los actores de nuestra vida política, todos, llevan años destilando inquina, sin consecuencias.

No hay tal. La pugnacidad ya está bastante más lejos de lo que puede considerarse civilizado o producto de la modernidad, si se atiende al uso e influencia de las nuevas tecnologías en la discusión pública.

¡Qué tan lejos habrá llegado la polarización, que algunos de los más notables instigadores de la misma ya reflexionan en público acerca de lo que los mexicanos podemos hacer, cada uno en lo individual o colectivamente, para tratar de conjurar la ola de rencor social!

Porque ya se sabe de agresiones a ciudadanos comunes, al parecer a causa de las diferencias de clase, raza o formación política.

Se sabe —por ejemplo—de uno o dos casos de lanzamientos de orines o lodo a automovilistas, aparentemente sin más motivo que la pinta de fifí, o sea la condición social o racial de la víctima.

La marcha fue organizada por la muy disminuida y —lo que se ve no se juzga— abstrusa oposición, en demanda de ¡renuncia del cargo, cuando apenas lleva cinco meses, del gobernante con la más alta legitimidad en décadas!

Mediante el empleo de robots y otros artificios la pugna en las distintas plataformas de internet podría decirse que quedó tablas.

En los medios convencionales de información, sin embargo, con discutible ética se impuso una falsa equivalencia y se le dio la misma importancia periodística al gobernante con 70 por ciento de aceptación popular, que a una oposición furiosa, variopinta y atomizada.

Con este recurso de facilitarles el cencerro por tiempo indefinido a los más conspicuos representantes de la oposición por diminuta que ésta sea, se configuró la impresión de que el país entero está enfrentado a un único hombre, torpe pero pretendidamente omnisapiente y omnipotente.

En uno y otro bando campeó la hipocresía. El tabasqueño hizo gala de comprensión y sentido democrático; expresó respeto por el derecho de expresión y manifestación, y hasta parafraseó a Cuco Sánchez con aquello de que no aspira a ser monedita de oro.

Los opositores, victimizándose alharaquientos, la mayoría tirando la piedra y escondiendo la mano, tratan de transferirle al de Macuspana la responsabilidad exclusiva del odio social. Un odio que —ha podido verlo la nación entera— son ellos, principalmente, quienes lo han inoculado por años, con toda dedicación.

Claro que ni en sueños los adversarios del gobierno podrían admitir su condición de agente primordial de la polarización. Y, menos aún, reconocer su obcecado afán de sabotear el gobierno.

De seguro, en el ánimo de esos críticos late la convicción de que su censura viciosa, cotidiana, sistemática, como acto reflejo, no es tal sino legítimo y honesto uso de la libertad y hasta una obligación democrática. ¡Pamplinas!

Instalados en tal impostura, rasgándose las vestiduras, escandalizados, ahora hicieron tiras con el pellejo de Javier Espriú porque éste, con humor e imaginación, le dio justa dimensión y representatividad a la marcha.

En esta atmósfera envenenada no fue excepción sino regla, el tono de la manta que dominó la marcha llamando anencefálicos a la abrumadora mayoría de mexicanos por la sencilla razón de que decidieron votar por El Peje.

Desde hace tiempo en las secciones de opinión de los periódicos lo habitual ha sido hallar comentarios del tenor siguiente:

“El día de ayer la chairiza pagada por mugrena salió de sus cuevas y coladeras por la marcha en contra de su Peje amo, tan es así que varios solovinos más salieron a tratar de que se minimizara el que (…) y otros sólo salieron a mostrar al respetable la clase de basuras humanas que fanatizan con el Peje Assno…”.

O descaradas muestras de repulsivo clasismo:

“Estuve en una marcha muy extraña...... pancartas sin faltas de ortografía, ningún comercio saqueado nadie pasando lista de presentes, ni pagando por asistir, no hubo pintas ni vidrios rotos y finalmente Paseo de la Reforma quedo tan limpia como estaba antes de la manifestación.....Hay niveles”.

Y, desde la otra orilla, agravios a granel:

“Pues en la fracasada marcha para derrocar al dictador sólo les falto su Juan Guaidó mexicano… pobrecitos derechangos, fifizombis y prensa vendida”.

No podemos seguir por este camino, debemos hacer un alto para recapacitar sobre el asfixiante ambiente político. No habría desdoro alguno si el Presidente tomara la iniciativa y se esmerase menos en dividir que en conciliar.

Tal vez ya estamos ante el viraje en la actitud presidencial. Al contestar un texto del influyente The New York Times que ve pocos logros de la 4T, y a propósito de la polémica refinería, el tabasqueño demostró una cierta, plausible humildad.

Dijo que construir Dos Bocas es un desafío y por lo mismo pidió “que nos esperen (...) Que nos den oportunidad de demostrar que hay otra forma de gobernar” distinta de la que rigió en el país las últimas cuatro décadas.

 


aureramos@cronica.com.mx

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