Opinión


Aprender a escuchar

Aprender a escuchar  | La Crónica de Hoy

El Evangelio según san Lucas narra la historia de “un hombre rico que vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes. Un pobre, de nombre Lázaro, estaba echado en su portal cubierto de úlceras, y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico”. Murieron los dos, el rico y el mendigo, y fueron llevados ante Abrahán y se hizo el juicio de su conducta. Y la Escritura nos dice que Lázaro recibió consuelo y, en cambio, al rico se le dieron tormentos (Lc 16, 19 ss.).

Al comentar esta porción del Evangelio, Juan Pablo II preguntaba, hace ya 40 años, el 2 de octubre de 1979, en el Yankee Stadium, “¿Es que el rico fue condenado porque tenía riquezas, porque abundaba en bienes de la tierra, porque “vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes?” No, quiero decir que no fue por esta razón. El rico fue condenado porque no ayudó al otro hombre. Porque ni siquiera cayó en la cuenta de Lázaro, de la persona que se sentaba en su portal y ansiaba las migajas de su mesa. En ningún sitio condena Cristo la mera posesión de bienes terrenos en cuanto tal. En cambio, pronuncia palabras muy duras contra los que utilizan los bienes egoístamente, sin fijarse en las necesidades de los demás”.

Por muchos años gobiernos, instituciones y muchas personas, no hemos caído en la cuenta de los excluidos y han salido a las calles porque ya no pueden más. Ya no soportan la desigualdad, la violencia, la impunidad, ser ignorados, no ser considerados personas. En Haití, Bolivia, Chile, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, las personas exigen justicia. En otros lugares: Guatemala, El Salvador u Honduras, huyen rumbo a Estados Unidos.

El Presidente de México ha hablado y se ocupa de los sectores excluidos de la sociedad. Podemos estar o no de acuerdo con sus métodos, podemos criticar muchas cosas, pero debemos reconocer que los pobres no aguantan más y durante muchos años han sido instrumentalizados, usados, pero no atendidos.

Uno de los problemas más graves para México y América Latina es la llamada triple carga de la malnutrición, que incluye la desnutrición, el déficit de micronutrientes y la obesidad y males asociados como la diabetes.

En el caso concreto de México, de acuerdo con un nuevo estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo, disponible en http://bit.ly/SegAlimentariaAmLatBID2019, Bahamas, México y Chile son los tres países con mayores tasas de obesidad en América Latina y el Caribe, con 69, 64 y 63 por ciento de sus poblaciones, respectivamente, lo que nos coloca seis puntos por arriba del promedio para la región.

En México se come mal y ahí está el origen de muchos problemas. Urge promover la agricultura sustentable; reducir la pérdida de alimentos; reducir la brecha de género y reconocer la gravedad del cambio climático que ya ocurre. De otro modo, nuestros problemas se agravarán.

El cardenal Etchegaray, al recibir el doctorado honoris causa por el Sistema Ibero, en enero de 2002, expresó: “Todo extremismo captura al hombre en lo más profundo de sí mismo y expresa la rebelión desesperada de alguien que se siente herido por una injusticia, incluso en su identidad de hombre. El miedo animaliza al hombre y, entonces, comienza no ya a gritar, sino a ladrar pidiendo auxilio”.

Los que ladran pidiendo auxilio creo que seguirán aumentando y en su desesperación serán capaces de acabar con todo y con todos, a menos que los escuchemos y los atendamos. Todavía estamos a tiempo de aprender a escuchar y atender los gritos.

 

manuelggranados@live.com.mx

 

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