Opinión


Bannon, Salvini y la “reconquista” de Europa

Bannon, Salvini y la “reconquista” de Europa | La Crónica de Hoy

Ayer, con el mismo rosario que muestra en sus actos públicos, pudimos ver a Matteo Salvini gesticulando teatralmente en el hemiciclo del Senado italiano, mientras por dentro salivaba de placer, tras provocar la caída del Gobierno, que abre la puerta a que se convoquen elecciones anticipadas y se haga por fin con todo el poder, como anuncian las encuestas. “Recé a la Virgen María y a san Juan Pablo II para que llegara este día” llegó a comentar.

En sus 14 meses como implacable ministro italiano del Interior (secretario de Gobernación), Salvini logró no sólo que  dimitiera el primer ministro Giuseppe Conte, sino que rebajó a la categoría de zombi a su aliado de gobierno, Luigi di Maio, líder del populista Movimiento 5 Estrellas. Pero lo más inquietante quizás sea que su inmisericordia con los inmigrantes y su política antieuropea —desafiante frente a la autoridad de la alemana Angela Merkel— han logrado despertar ese oscuro gen filofascista que muchos miles de italianos portan y que votarán entusiasmados por un gobierno de extrema derecha en cuanto haya oportunidad.

El propio Salvini lamentó ayer su error a la hora de haber formado gobierno con “traidores”, en vez de aliarse con sus aliados naturales: El condenado por la Justicia Silvio Berlusconi (resignado a un papel secundario) y los neofascistas del grupúsculo Hermanos de Italia.

Ya lo dijo a principios de años el ideólogo de la nueva ola populista de extrema derecha, Steve Bannon. “Mi político favorito es Matteo Salvini”. Le gusta incluso más que Donald Trump, a quien asesoró ideológicamente, pero a quien considera demasiado “empresario” y demasiado poco religioso.

Según explicó Bannon, Salvini es, al igual que el mandatario republicano, un “hombre de acción, que cumple su palabra y no se deja intimidar” por sus “enemigos liberales” o ante la amenaza expansionista china; sin embargo, el italiano se diferencia del presidente de Estados Unidos en su fervor cristiano y en que está dispuesto a combatir para que haya un renacimiento de la civilización cristiana. Por eso Salvini reza al ultraconservador Karol Wojtila y desprecia al actual papa Francisco, al que acusa nada menos que de “progresista”.

No es casualidad que el siniestro Bannon haya elegido Italia como sede de su escuela de líderes políticos, de donde espera que surjan los futuros mandatarios populistas que sigan los pasos de su admirado primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor Orban, o que logren “salvar” Francia, si por ejemplo Marine Le Pen (que se cree la nueva Juana de Arco) no llega finalmente al poder. No es casualidad tampoco que su “universidad” se encuentre cerca de Roma y que vaya a tener como profesores invitados a cardenales como el estadunidense Raymond Burke, un fanático antiliberal señalado como uno de los cuervos que acechan el trono de Jorge Bergoglio.

Por eso, los que conspiran para que Occidente sea un conjunto de naciones cristianas y conservadoras, que derrote por fin al multilateralismo liberal —desde Putin a Trump, pasando por el brasileño Bolsonaro— deben estar frotándose las manos ante la oportunidad que se abre ahora con Salvini.

Por eso, es vital que quienes pueden evitar que Italia caiga in extremis en las garras del fanatismo populista —el despechado Di Maio y el líder del centroizquierda Matteo Renzi— dejen a un lado sus diferencias y se reúnan hoy mismo para formar gobierno y convenzan a los italianos, antes de que sea demasiado tarde, de que, al igual que está pasando en Gran Bretaña con el brexit, el antieuropeo Salvini les llevará directo a la catástrofe, como en su día hizo el dictador Mussolini.

 

fransink@outlook.com

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