Escenario


Benedict Andrews y el momento en que el FBI intentó destruir a Jean Seberg

Entrevista. El cineasta australiano presentó en el Festival Internacional de Cine de Tulum el filme protagonizad por Kristen Stewart, que debutó en la Mostra de Venecia

Benedict Andrews y el momento en que el FBI intentó destruir a Jean Seberg | La Crónica de Hoy

Jean Seberg, estadunidense de nacimiento, se convirtió en una de las actrices más codiciadas de los años 60, sobre todo en Europa, tras su primer rol en Santa Juana, de Otto Preminger (1957). Hacia el final de esa década fue el blanco de una campaña de desprestigio, concretamente del Cointelpro, programa de contrainteligencia del FBI, con el temido J. Edgar Hoover al frente, que orquestó la desestabilización de movimientos diversos en los Estados Unidos, desde la lucha por los derechos humanos de la comunidad afroamericana hasta el comunismo.

“A ella muchos la conocen por sus papeles, pero muy poca gente tiene idea de esos dos años terribles en que vivió acoso. Mucha gente sabe que estuvo en movimientos políticos de la época pero no lo que tuvo que sufrir en esos años. Ella misma es un espíritu luminoso que me ha encantado luego de investigarla por dos años. Lo interesante es que ahora la gente quiere saber más”, expresó Benedict Andrews, el director que llevó esa etapa oscura de la vida de Jean Seberg a la pantalla grande en Seberg, el cual se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia y que se proyectó en la clausura del primer Festival Internacional de Cine de Tulum (FICTU).

Desde temprana edad, Seberg defendió varias causas sociales, pero cuando empezó a hacer donaciones a la organización política de los Panteras Negras y a asociaciones sociales de afrodescendientes, aunado a su relación amorosa con el activista negro Hakim Jamal, el Cointelpro arremetió contra ella.

“Ella era una muchacha típica americana, pero desde joven decide alejarse para probar nuevos horizontes; era una mujer aventurera. Estamos hablando de que a mediados de los años 50, cuando ella tenía 14 años, ella empieza a contribuir con las Panteras Negras. Era muy extraño que una niña de esa edad, en un lugar como Iowa quisiera contribuir a esas causas, en la lucha de la gente de color”, expresó el cineasta, en entrevista con Crónica.

“Por cuestiones del destino y por su formación, que la hace cortar estos límites sociales establecidos, también busca ser parte del reparto de una película con Jean-Luc Godard. Dentro de nuestra película hacemos una recreación breve de una escena en la que es entrevistada por Otto Priminger y le pregunta que si quiere ser actriz, ella lo mira y le responde ‘sí señor, con toda mi alma’. Pero lo hizo a su modo”, agregó el realizador.

Jean Seberg murió en circunstancias extrañas cuando tenía 40 años. Llevaba varios días desaparecida y encontraron su cadáver en un coche, en el barrio parisino de Passy, aparentemente víctima de una sobredosis de barbitúricos. La americana más francesa, la protagonista de Al final de la escapada, película icónica de la Nouvelle Vague, había intentado suicidarse en siete ocasiones. Una de ellas tras la muerte de su hija, con apenas dos días de vida.

Sin embargo, el filme de Andrews no se centra en el fin de su vida, sino en la manera en que el FBI acabó con la imagen revolucionaria que Jean Seberg (Kristen Stewart) representaba: “Ella fue una persona que cruza barreras sociales impuestas por costumbres, por ejemplo su pelo corto o la manera como se viste, eso de tener un carácter andrógino era como si quiera introducir un tipo nuevo de sexo aunque no se ven claramente esas cosas. Su imagen influía y había niñas que querían parecerse a ella”, dijo el realizador.

“En la trama pensé en ella como el corazón de la historia. Sobre cómo una artista, en el caso de Jean, se vuelve una figura vulnerable cuando hacen pública su vida. Cómo las actividades de espionaje se meten en su figura de actriz. Se me hizo muy interesante ver cómo se relaciona el personaje de Jean en su vida personal y cómo su vida como artista influye en la situación social para hacer que ella misma se decepcione de la verdad. Es interesante cómo le quitaron la fe en la verdad”, agregó.

Por otro lado, el filme también tiene un propósito aún más profundo en la exploración del cineasta: “La situación que presenta es: cómo la verdad se convierte en un tipo de verdad, no sólo son las noticias falsas sino que éstas se van volviendo en contra de quienes informan, las cosas verdaderas se van transformando a causa de intereses”, comentó.

Y es que el filme, si bien se basa en la historia real del infierno de Jean Seberg perseguida por el FBI también se da licencias argumentales para crear personajes ficticios como el de Jack O’Connor, uno de los agentes que la investiga pero que al paso de los meses descubre que su labor podría destruir su vida.

“El personaje de Jack es totalmente ficticio. Hay documentos pero no existe un registro real de quiénes fueron los agentes que participaron directamente en las investigaciones y lo que le hicieron a Seberg, pero de los documentos se sabe cómo fueron las operaciones y se desentrañó el modus operandi de la organización. Se tuvo el material suficiente para imaginar su recreación”, dijo Andrews.

“La película pretende hacer un entretejido entre la verdad y la ficción. Está basada en muchos hechos reales pero en realidad es el encuentro entre un personaje ficticio como Jack con el real de Jean Seberg, aunque no se ficcionaliza la emoción, la opresión hacia ella sí ocurrió, sólo nos imaginamos cómo debe de haber sido”, concluyó.

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