Opinión


C.C.P. Roberto Velasco, Director General para América del Norte

C.C.P. Roberto Velasco, Director General para América del Norte | La Crónica de Hoy

Un auténtico tapa bocas, resultó la visita de Andrés Manuel López Obrador a Washington. Algunos vaticinaban lo peor, humillación incluso, del mandatario norteamericano a nuestro presidente o a la nación mexicana entera. La reunión se llevó a cabo precedida de un fino trabajo de diplomacia, con un gobernante como Trump que es impredecible, que siempre busca ganar aplastando, que tiende trampas y que suele dar muestras de su poder exhibiendo a propios y extraños, incluidos líderes de las grandes potencias mundiales. Esto no sucedió esta vez.

El primer dilema para el gobierno mexicano fue ir o no a los Estados Unidos, en caso de sí ir en qué formato diplomático sería, cómo trasladarse al territorio norteamericano, qué actos llevar a cabo allá. La opción de no ir fue sin duda opción en el árbol de decisión, había razones, el mal momento político de Trump, la cercanía de las elecciones en aquél país y la ventaja que tienen los demócratas, no sólo para arrebatarle la Casa Blanca a los republicanos, sino la posibilidad de que, a partir de principios del año que entra, la cámara de Representantes y el Senado estén dominados por los demócratas.

Algunos prestigiados diplomáticos, entre ellos ex cancilleres mexicanos, se pronunciaron en contra de la visita de AMLO, varios analistas criticaron la decisión de ir, anticiparon que se pondría él sólo en una posición de altísimo riesgo que terminaría por avergonzarlo a él y a todo el pueblo mexicano. Pero ¿negarse era opción? Me parece que no, al menos no era una buena alternativa. Las razones por las que Trump necesitaba tomarse la foto en la Casa Blanca con López Obrador pueden ser varias, por supuesto para conveniencia del primero, pero para México la relación con el gobierno norteamericano es fundamental, seas de derecha o de izquierda, 4T u otro. Es el vínculo internacional más importante para México, en lo económico, social y en lo político.

Otro tema completamente magnificado era la reacción de los demócratas ante la vista del Presidente a Estados Unidos, quienes podrían tener el poder total en la segunda parte del sexenio de AMLO, y que esto daría lugar, en su momento, a una vendetta contra el gobierno mexicano. Me parece que el escándalo fue más de este lado que de aquél. Hay historias sobre esto. El presidente Salinas generó una fuerte vinculación con George Bush padre, con quien logró firmar el histórico TLCAN, un escenario similar al de la coyuntura del nuevo T-MEC ratificado en los gobiernos de Trump y AMLO. Se entendía que la relación personal entre Bush y Salinas hacía indispensable que México se apostara por la reelección del texano, lo cual no sucedió. Luego sería el presidente Clinton quien en uso de facultades extraordinarias, rescató a México de una de las crisis económicas más fuertes de nuestra historia.

Aquí, la oposición jugó mal sus fichas, con poca idea, apostando contra el presidente, jugando a que en la visita perdería AMLO y con él la imagen del país. Con el hashtag #AMéxicoSeLeRespeta preparaban la cama donde caería el presidente mexicano apuñalado por su homólogo estadounidense. Se fueron en banda, sin duda sorprendidos.

La cancillería, encabezada por Marcelo Ebrard, operó con técnicos cuando se necesitó, trabajó con políticos allá cuando se interpusieron en el camino y culminó con una gran labor diplomática que se coronó el pasado miércoles en Washington. Mas que cubre bocas, tapa bocas.

 

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