Opinión


Cerrado por inventario

Cerrado por inventario | La Crónica de Hoy

* Edith Sebastián

José Emilio Pacheco (1939-2014) fue uno de los escritores más influyentes y trascendentales de la literatura mexicana del siglo XX, transitó casi por todos los géneros literarios con su prolífica obra; sin embargo, no sólo se conformó con escribir novela, cuento, poesía y ensayo, también se dedicó obsesivamente a la traducción, a la labor editorial y al periodismo. Este último lo desarrolló ininterrumpidamente en diversos medios impresos y logró plasmar su preocupación por el acontecer de la vida social, política, cultural y literaria de la segunda mitad del siglo XX.

En 1973 José Emilio comenzó a publicar una columna en el suplemento cultural Diorama inserto en el periódico Excélsior. En la columna “Inventario” el autor difundió infinidad de reseñas de libros, introdujo escritores consagrados y marginales, hizo crítica literaria, traducción y discurrió sobre diversos temas culturales y sociales. Durante tres años los lectores del periódico se enteraron de los sucesos literarios del momento hasta la salida del director del diario, Julio Scherer García, quien tuvo que abandonarlo junto con la mayoría de sus colaboradores con quienes posteriormente fundó la revista Proceso en la que Pacheco continuó con su columna también llamada “Inventario”.

Dentro de la miscelánea de textos de los “Inventarios”, las reseñas literarias son destacables, ya que tienen la capacidad de convencer al lector de que precisamente ese libro o autor es lo mejor que le puede pasar, así José Emilio nos acercó a las obras de Aldous Huxley, W. H. Auden, Alice Munro, Truman Capote y Carl Sanbur y logró interesarnos en las biografías de  Hannah Arendt, Ezra Pound y Adolfo León Ossorio, por mencionar algunos. 

La mirada de José Emilio Pacheco jamás se limitó a reseñar un libro sólo porque éste le gustó o porque el autor estuviera en boga, su lectura siempre fue más allá. Si bien la mayoría de las veces la selección del tema coincidía con el aniversario de una publicación, el nacimiento o la muerte de un escritor, o con algún hecho literario actual, Pacheco revelaba ser un especialista en la materia: para hablar de cualquier temática, ya había leído todas las revistas europeas y estadunidenses más importantes de la época; si se trataba de una obra, ya conocía las ediciones existentes en todo el mundo y dominaba el contexto histórico y social que la rodeaba. 

A diferencia del lenguaje de algunos columnistas (del pasado y actuales), el de los “Inventarios” se caracterizó por su llaneza, objetividad y modestia. Esto seguramente se debe a la nula soberbia del autor y al espíritu de maestro que, de forma involuntaria, asumía: un verdadero maestro es quien hace fácil lo difícil, un verdadero intelectual es capaz de dominar distintos registros léxicos y culturales. Al ser textos periodísticos, iban dirigidos a un amplio público, al cual  siempre se dirigió con respeto y consideración. 

En 2017, la editorial Era lanzó a la venta tres enormes tomos con una selección de los “Inventarios”, textos que el autor nunca quiso ver reunidos en vida, aunque se sabe que varias personas cercanas a él le sugirieron con insistencia que los publicara porque su valor era extraordinario. No sabemos las razones precisas por las que Pacheco no accedió a esta petición, la mayoría de quienes hacen referencia a esta negativa plantean que se debió a la imposibilidad de revisar y corregir las columnas escritas durante más de cuatro décadas y a la modestia por la que era conocido.

Varias de sus reseñas literarias serían útiles como herramienta de fomento a la lectura para jóvenes de preparatoria. Los profesores de las asignaturas de Lengua y Literatura incluso podrían apoyarse en los “Inventarios” dedicados a Martín Luis Guzmán, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Antonieta Rivas Mercado, Rubén Darío, Rosario Castellanos, Octavio Paz, Efraín Huerta, Jorge Ibargüengoitia, Francisco de Quevedo, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Juan Gelman, entre muchos otros, para dar seguimiento a sus programas educativos. Pueden hallarse temáticas para todos los gustos e intereses, un simple vistazo al índice de los Inventarios de Era basta para saber que esta obra podría ser nuestro libro de cabecera por un buen tiempo.

José Emilio Pacheco decidió cerrar las puertas al protagonismo para entablar un diálogo en silencio, “un pacto secreto entre dos personas”: autor y lector. Su periodismo cultural es una obra que merece mayores encuentros y apropiaciones. Lo que leemos ahí ya es nuestro, nosotros lo inventamos.

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