Opinión


Chalcovejuna, comendador

Chalcovejuna, comendador | La Crónica de Hoy

El año inició con una noticia terrible. Una niña, llamada Camila, de apenas nueve años, fue asesinada luego de que—como es costumbre en México—la madrugada del 31 de diciembre al 1 de enero, se sumó a un grupo de niños de la unidad habitacional donde vivía, para quemar fuegos artificiales y celebrar el inicio del Año Nuevo. En algún momento, Camila perdió el contacto con el resto de sus amiguitos, que—obsesionados con la “magia” de la pirotecnia—no supieron en qué momento fue secuestrada. Lo que siguió fue una historia que se repite una y otra vez: La niña fue violada y, poco después, asesinada.

Una vez que se supo lo ocurrido, el estupor recorrió el municipio de Valle de Chalco. Mientras la familia de Camila, devastada, preparaba y ejecutaba los rituales del sepelio la tarde del miércoles dos de enero, empezaron a circular copias fotostáticas del retrato del supuesto agresor de la niña. En algunas versiones, la fotografía aparecía sola. En otras aparecía con una leyenda llamando a detener y linchar al supuesto agresor y en las versiones más elaboradoras, usaba la misma foto, “adornada” con una leyenda que decía: “Alerta ciudadana. Se busca”, que pedía se reportara cualquier dato a una fantasmagórica organización llamada “Federación Nacional MX”.

La situación prendió en la pradera seca de la confianza en las instituciones de policía, de justicia, de gobierno y de comunicación, que se vieron totalmente rebasadas por la magnitud de la movilización en Valle de Chalco. Unidades del Ejército, de la policía estatal y municipal, así como de protección civil también se movilizaron. Sin embargo, más allá de evitar un linchamiento, no pudieron hacer otra cosa que repetir viejas fórmulas: “caiga quien caiga”, “todo el peso de la ley”, etc., que lejos de despertar algún tipo de confianza, hacían que la turba que perseguía al violador actuara de manera cada vez más irracional. Así lo demuestra la manera en que se abucheó y calló al recién instalado presidente municipal Francisco Tenorio, quien fue obligado a retirarse del lugar, ante la iracunda repulsa de los pobladores.

Al caer la noche del miércoles, nada apuntaba a que hubiera avances. Por ahí de las seis y media de la tarde, la Fiscalía del Estado de México publicó un tuit plagado con los lugares comunes del burocrañol que admitía su profunda incapacidad e ineptitud y dejaba ver que, como con muchos otros asuntos, era muy grande el riesgo de que ocurriera un monumental Fuenteovejuna, un Chalcovejuna.

La presión continuó durante la mañana del jueves 3. Al mediodía, un joven fue confundido con el violador y estuvo a punto de ser linchado. Sin embargo, a las ocho de la noche, el fiscal general del Estado de México, Alejandro Gómez, publicó un tuit en el que informaba del arresto de un sospechoso a quien identificó como “Marciano”. Habrá quien crea que la velocidad mostrada en este asunto es un buen indicio. No es así. Dado el número de casos similares, debemos prepararnos a mayores presiones para linchar a presuntos culpables, así como a errores por premura en los procesos judiciales, si es que éstos llegan a ocurrir.

Algo que tampoco podemos subestimar es que los niños de hoy carecen de las libertades que muchos disfrutamos en décadas pasadas mientras quemábamos alguna pirotecnia. Es una época de terror para los niños, que han perdido libertades como nunca y por el riesgo de que el linchamiento se convierta en la norma de la justicia en México, como lo dejaron ver muchos de los comentarios que en redes sociales apostillaron el anuncio del arresto de “Marciano”.

 


manuelggranados@gmail.com

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