Opinión

Charlottesville nos atañe

José Fernández Santillán, el hombre que transformó la educación en México
José Fernández Santillán, el hombre que transformó la educación en México José Fernández Santillán, el hombre que transformó la educación en México (La Crónica de Hoy)

El sábado pasado, 12 de agosto, en medio de una trifulca entre antifascistas y liberales apareció un auto conducido por James Alex Fields Jr., de 20 años de edad. El auto se lanzó contra la multitud antiracista: provocó la muerte de una mujer, Heather Heyer, de 32 años de edad; 19 personas tuvieron que ser hospitalizadas. Violencia que ha recrudecido la división política y social en los Estados Unidos.

Un día antes, se había registrado una primera manifestación de grupos de extrema derecha que protestaban por la decisión de las autoridades locales que determinaron remover la estatua del General Robert E. Lee, comandante General de los ejércitos confederados en la Guerra civil de los Estados Unidos (1861-1865). Robert E. Lee se ha convertido en el símbolo de la derecha y la ultraderecha norteamericana.

La pretensión de esta facción militar comandada por el General Lee, en la Guerra Civil, o Guerra de Secesión, era separar a los estados sureños de los Estados Unidos y formar, precisamente, un país aparte: una confederación en la que continuara prevaleciendo el esclavismo cosa a la que se oponía el Presidente Abraham Lincoln.

Finalmente, el General Lee se rindió ante el General unionista Ulysses S. Grant en Appomattox, en marzo de 1865. El eslogan que Lincoln nunca se cansó de repetir en contra de las pretensiones de los confederados fue: “Una casa dividida en sí misma no puede sostenerse en pie.” (Mateo 12:25).

Valga un dato histórico: Robert E. Lee fue ayudante del General Winfield Scott quien encabezó la invasión americana a México (1846-1848). Robert E. Lee ascendió a comandante luego de la batalla de Cerro Gordo. Participó en las batallas de Contreras, Churubusco y Chapultepec, donde fue herido por los cadetes del colegio militar. Al finalizar la guerra fue ascendido a teniente coronel.

Dicho esto, debemos señalar que Charlottesville se ha convertido en el centro de la atención pública sea por los violentos hechos ocurridos allí sea por las muy desafortunadas declaraciones que Trump ha hecho sobre esos eventos: “Condenamos en los términos más enérgicos el escandaloso despliegue de odio, fanatismo y violencia, que viene de muchas partes. De muchos lados, esto se ha dado por mucho tiempo en nuestra nación. No fue Donald Trump, no fue Barack Obama. Esto ha ocurrido por largo tiempo”.

Pero no condenó el supremacismo, el racismo y la intolerancia expresada por los grupos neonazis y neofascistas que se manifestaron en Charlottesville.

La espalda y el espaldarazo
La espalda y el espaldarazo
Por: Rafael CardonaApril 03, 2026

Gente de su mismo partido se opuso a esa actitud: El senador republicano por Florida Marco Rubio dijo: “Es importante para la nación oír a @potus [el Presidente Trump] describir los eventos de #Charlottesville por lo que son, ataques terroristas perpetrados por #supremacistasblancos.”

Luego de verse presionado, Trump cedió: dos días después llamó a los supremacistas blancos “repugnantes” y al racismo “un mal”; se refirió al Ku Klux Klan, a los neo-nazis y grupos similares “repugnantes”. Pero no se quedó contento: en una rueda de prensa que se llevó a cabo el martes 15 de agosto el magnate afirmó que “ambos lados” son culpables de la violencia. Dijo que en la manifestación del viernes 11 de agosto los participantes se habían comportado pacíficamente. ¿Pacíficamente? cuando expresaban consignas como “los judíos no nos sustituirán”, y varios de ellos admitieron portar armas.

Como ha dicho Al Sharpton: el racismo y el odio, que habían logrado ser arrinconados en la sociedad norteamericana gracias a movimientos como el de los derechos civiles y en pro de los derechos de la mujer, ahora regresaron al centro de la escena debido al resurgimiento de los grupos supremacistas y neonazis.

Lo que sucedió en Charlottesville confirma el ascenso del odio y la intolerancia ultraderechista animada por la política del Presidente Donald Trump.

Donald Trump ha dividido a la Unión Americana: ha sembrado las semillas de la desconfianza y el odio. Ese es, precisamente, el cometido de los líderes populistas: fraccionar a las sociedades, ponerlas en constante estado de agitación; distorsionar los hechos para interpretarlos a su conveniencia.

Trump no ha sabido comportarse como el dirigente de una nación, sino como el líder de una facción de extrema derecha. Como ha dicho el escritor Michael Eric Dyson, ante los acontecimientos de Charlottesville el magnate ha llevado a cabo “una terrible distorsión de la realidad.” Y esta afirmación va en consonancia con lo dicho por Michael Nutter, exalcalde de Filadelfia: “Trump vive en un mundo paralelo.” Pero ese mundo paralelo calienta las mentes de los fanáticos con consecuencias trágicas.

Afortunadamente el magnate no tiene control sobre el pensamiento de muchas personas. Hay ciudadanos y autoridades que se le oponen: la Alcaldesa de Baltimore, Catherine Pugh ordenó que entre la noche del martes y el miércoles de esta semana fueran removidas inmediatamente estatuas confederadas. Argumentó que la ley le otorga poderes para proteger a la ciudad de la violencia, y así procedió.

El asunto es que hay cerca de mil quinientas estatuas confederadas a lo largo del territorio americano. En las condiciones que ha provocado Trump, esos monumentos van a ser objeto de controversia, disputa y violencia.

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