Opinión


Cómo cayó Trump en la adicción al muro

Cómo cayó Trump en la adicción al muro | La Crónica de Hoy

A estas alturas, a nadie debería extrañarle que Donald Trump tenga sueños húmedos en los que ve hombres trabajando en la construcción de un imponente y larguísimo muro en la frontera. El periodista y biógrafo de Trump, Michael D´Antonio, no lo dice tan explícitamente, pero se deduce de su reciente conversación con el diario “The New York Times”: “Creo que escucha el biiip, biiip, biiip de una revolvedora, dando marcha atrás, el concreto siendo vertido y el muro creciendo, y no puede resistirlo: Lo ama”.

¿Y qué ocurre cuando alguien enfermo de megalomanía ama algo y no lo consigue? Pues que se vuelve irracional y peligroso, capaz de cualquier locura para calmar su adicción. Por eso le importa muy poco que más de 800 mil funcionarios federales lleven 21 días sin cobrar, tras su decisión de cerrar parcialmente el gobierno. En vez de asumir su responsabilidad, Trump culpa del caos a los líderes demócratas del Congreso, por negarse a darle dinero para construir su muro; su “tesoroooo”, como diría Gollum, el personaje del “Señor de los Anillos”, destruido mentalmente por su obsesión por recuperar “el anillo”.

Trump también está enfermizamente obsesionado con el muro, como si el único objetivo de haber llegado a la Presidencia fuese construirlo. Pero ¿cómo llegó a este extremo? ¿quién envenenó su mente de tal manera?

El rotativo neoyorquino se encargó de aclarar el misterio. Allá por el año 2014, el magnate neoyorquino reunió a sus asesores y les anunció que quería ser presidente de Estados Unidos y que estaba acostumbrado a ganar, por lo que tenían que ayudarle a dar el golpe más espectacular en campaña. Uno de ellos era Sam Nunberg, quien relato al “Times” que Trump les dio dos palabras para que construyesen su estrategia de ataque: “Inmigración ilegal”.

El desafío era cómo conseguir que un novato en política, indisciplinado e incapaz de ceñirse al guion, como lo es Trump, estuviese hablando de inmigración durante la larguísima campaña. Nunberg le trasladó la cuestión a otro asesor, Roger Stone, y éste le dio la palabra mágica: “Muro”.

“Si Trum es conocido por ser un exitoso magnate constructor vamos a hacer que hable de que va a construir un muro”, le dijo.

El mismo Trump lo reconoció al “Times” en plena campaña: "¡Construye el muro! me gritaban los asistentes en los mítines. Si la cosa se pone un poco aburrida, si la gente empieza a pensar en irse, sencillamente le digo al público: '¡Vamos a construir el muro!', y se volvían locos".

Ese fue parte del secreto de su victoria, pero también podría ser su maldición, porque no sólo Trump perdió la cabeza con el muro, también sus seguidores, esos que se “volvían locos” con el muro y exigen que lo construya, por las buenas o por las malas.

¿Quién les dice ahora a todos ellos que todo fue una estrategia de campaña? ¿Quién les dice al presidente y a sus incondicionales que el muro es una obra faraónica costosa e inútil? ¿Quién frena toda esta locura?

fransink@outlook.com

Twitter: @perea_fran

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