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Crónicas de pandemia; pérdida total para taxistas capitalinos

Los taxistas se han visto seriamente afectados ante la llegada de la pandemia, ahora buscan adaptarse ante esta nueva normalidad

Crónicas de pandemia; pérdida total para taxistas capitalinos | La Crónica de Hoy

Foto Alberto García

Inseguridad, contagios por COVID-19 y el escaso pasaje, son los principales factores a los que se han enfrentado cada día taxistas en la CDMX; y es que adaptarse a la nueva normalidad no ha sido fácil, pero siguen remando contra la corriente para subsistir en tiempos del coronavirus.

Julián Medina es un chafirete con más de 20 años en el negocio; relata a Crónica que las jornadas de trabajo al volante de su taxi disminuyeron cuando el semáforo epidemiológico llegó al color rojo en la ciudad. Aunado a ello, el alza en los precios de la gasolina y los pocos pasajeros obligaron a Julián a buscar otras opciones para obtener un ingreso extra.

“De las 6 de la mañana a 8 de la noche soy taxista, los fines de semana vendo tacos de guisado en Bucareli”, comenta este ruletero de 40 años, vecino del Estado de México, quien para llevar el sustento a su familia todos los días viaja a la CDMX, en donde se dedica a buscar pasajeros con la esperanza de sacar al menos para la gasolina.

El ruletero, quien no deja de meditar sobre la situación que se vive, a pesar de que ya se han abierto más actividades esenciales en la metrópoli, refiere que “últimamente ha estado fatal esto, si hago seis viajes en todo el día es mucho, la friega está tremenda y es que lo que saco apenas y alcanza para la gas”, señala.

Julián, quien no deja de limpiar el sudor de sus manos mientras entrelaza sus dedos, comenta que otra preocupación más es la de los contagios de COVID-19, pues en lo que va del año, más de 10 de sus compañeros del gremio han fallecido por el coronavirus.

Ante esta situación, este chafirete que se considera un mil usos, pues trabajaría de todo con tal de llevar el sustento a casa, señala que ha buscado otros empleos los fines de semana junto con su cuñado, en la venta de tacos de guisado en la esquina de Bucareli y Artículo 123.

“No quisiera dejar el taxi, pues es un oficio que por años me ha ayudado a mantener a mi familia, pero la triste verdad es que ya no me alcanza, por lo que o le buscamos o nos morimos de hambre”.

En otro punto de la CDMX, una historia paralela y casi similar a la de Julián es la que vive Marco Olvera, quien se detuvo sobre avenida Juárez para tomar un descanso y estirar las piernas.

Este chafirete dice que cumplió tres semanas consecutivas sin clientes, y como chofer particular en un sitio turístico, dice que la pandemia le ha afectado no solo en lo económico, sino también en lo personal. 
“Lo que se suponía tenía que ser pasajero, ya duró bastante, la pandemia me quitó a mi padre y a mi madre, lo único que me queda es mi trabajo”, expresa.

Fue a inicios de mayo del año pasado que los ingresos de Marco se vieron afectados debido a la pandemia de coronavirus, y como chofer de servicio particular, su labor es realizar tours para turistas en la CDMX, donde los principales atractivos dentro de su ruta son: el Palacio de Bellas Artes, el Monumento a la Revolución, Coyoacán, entre otros.

Aunque con las medidas sanitarias esto se ha hecho cada día más imposible, toda vez que cada vez son menos las personas que requieren de sus servicios. 

“No sé si sea por miedo, por falta de dinero quizás por ambas, pero ya no hay pasaje, si las cosas siguen así, no sé cuánto más pueda aguantar”.

Sin ocultar su preocupación porque las cosas no mejoran, refiere que los precios del servicio por esta crisis derivada de la COVID-19 se han visto reducidos drásticamente, los tours que anteriormente tenían un costo de 3,000 pesos, ahora se han ofertado hasta en 1,200, lo que no es redituable para el conductor. 

“Anteriormente realizaba salidas comunitarias a Puebla, pero con las medidas sanitarias esto ya no es posible, esos ingresos han quedado perdidos, gasto más en servicios para el auto que lo que gano”.
Marco confía en que la situación mejore, ya que ante los escasos ingresos, se ha visto obligado a hipotecar su auto, por lo que las deudas al igual que su preocupación de perder su principal fuente de ingresos siguen aumentando.

Otra historia de preocupación de la COVID-19 la compartió Ramón Pacheco, otro taxista que durante casi una hora tuvo estacionada su unidad frente a la plaza 222 sobre Paseo de la Reforma, y asegura que desde el mediodía no recibió a ningún pasajero, y además de la pandemia también han afectado los taxis piratas, lo que, sumado a las extorsiones de algunos oficiales de tránsito capitalino, ha complicado más difícil el trabajo. 

“Trabajo casi 12 horas al día, hay que lidiar con las altas temperaturas, los embotellamientos, las multas y todavía cuidarse del COVID, si no me friegan los de tránsito me friega el coronavirus”, comenta entre risas.

Ramón ha recubierto con plástico la parte trasera de su vehículo, esto con tal de evitar algún contagio del coronavirus. El hombre de 68 años señala que ya ha recibido ambas vacunas contra la COVID, pero aún así apunta que no bajará la guardia. 

“Luego de que la fonda que administraba con mi familia se fuera a la quiebra, decidí meter mi coche como taxi, lo que no fue fácil, pues con cada trámite hay que entrarle con una mordida (soborno), pierdo más de lo que gano, pero no hay de otra”. 

Comenta que la renta de las placas, así como los servicios (mantenimiento) del auto son cada vez más difíciles de pagar, la creciente ola de taxis piratas es otra de las afectaciones con las que debe lidiar. 
“Mientras a uno lo sancionan o lo multan por no cumplir con los protocolos, los taxistas ‘ilegales’ operan como si nada, ya es mucho lidiar con los de Uber, sin apoyo del gobierno es difícil continuar así”.

El chafirete que recorre toda la ciudad diariamente refiere que en un buen día llega a tener hasta siete pasajeros, lo que no se compara con meses previos a la pandemia. “De atender a 18 personas por día pase a tener sólo sólo clientes, las jornadas son largas y demandantes, nos aferramos, no hay de otra más que sobrevivir”. 

Para los ruleteros la COVID-19 ha representado una pérdida total, de la cual difícilmente podrán reponerse, ya que su única esperanza es que con la llegada de las vacunas esto comience regularizarse y al menos mejorar las condiciones para ganarse el sustento diario.


 

 

 

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