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“Divulgar ciencia es responsabilidad moral de los investigadores”

NUESTROS CIENTÍFICOS. Trabajamos con recursos públicos de la sociedad a la que debemos de regresar algo, señala Gloria Delgado, astrónoma madrileña radicada en México. “Además es muy satisfactorio cuando ves cómo la divulgación toca la vida de niños y adultos y, a veces, llega a despertar vocaciones por la investigación”, dice la científica de la UNAM.

“Divulgar ciencia es responsabilidad moral de los investigadores” | La Crónica de Hoy

“Me gustaba esa sensación de inmensidad y el no entender. Lejos de provocarme una sensación desagradable, me gustaba”.

Nacida en Madrid, pero radicada en México desde 2004, Gloria Delgado Inglada no sólo es conocida por su trabajo como investigadora de la composición química de las nebulosas planetarias, dentro del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sino también por su trabajo como impulsora de algunos de los programas más importantes de divulgación de la ciencia en ese instituto, como Estrelleros, que lleva actividades de astronomía a hospitales infantiles de la capital del país.

En conversación con Crónica, describe cómo llegó a México, al Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica (INAOE), en Tonanzintla, Puebla, y el recorrido que la llevó a ingresar a la UNAM como investigadora posdoctoral y luego como investigadora de planta. Afirma que la divulgación de la ciencia es una responsabilidad moral para los investigadores porque la mayoría de los proyectos se realizan con fondos públicos aportados por la sociedad, a la que hay que devolver parte de lo recibido.

El trabajo de investigación de Delgado Inglada se concentra en comprender cómo y dónde se producen los elementos químicos y cómo se desplazan por el Universo. Para estos estudios se apoya en las observaciones de estrellas y nebulosas con telescopios y espectrógrafos pues cuando se observa la luz de un objeto presente en el cielo es posible hacer una descomposición o separación de las diferentes longitudes de onda y obtener información sobre los elementos químicos presentes en ese objeto. Así se puede conocer qué y cuánto hay de cada elemento químico en una estrella.

EL PODER DE NO ENTENDER. Gloria Delgado es autora de 19 investigaciones publicadas en revistas científicas arbitradas, cinco de ellas como autora principal. Sus textos sobre abundancia de elementos químicos en diferentes partes del Universo han recibido más de 348 citas de científicos de diferentes partes del mundo.

Al conversar con este diario, la investigadora y madre de un pequeño de un año y medio, quien nació en México, cuenta que en su familia no existían otras personas dedicadas a la astronomía o a la ciencia, pero que sus padres la criaron en una casa llena de libros, lo que fomentó su curiosidad y apetito intelectual. Además de que en la infancia y adolescencia tuvo la oportunidad y privilegio de pasar veranos cerca del mar, en Alicante, donde pasaba las noches mirando al cielo lleno de estrellas.

“Me gustaba esa sensación de inmensidad y el no entender. Lejos de provocarme una sensación desagradable, me gustaba no entender y tener que hacerme preguntas y tratar de responderlas. Como un reto ¿no?”, dice la científica que comenzó sus estudios de Física en la Universidad Complutense de Madrid y a los 21 años se mudó a Tenerife, en las Islas Canarias, donde están los telescopios más grandes de España, para terminar su licenciatura en la Universidad de Laguna.

“En mi caso, no es que me interesara la física, en realidad yo desde el principio quería ser astrónoma. Creo que esto surgió porque a mi padre, aunque es abogado, siempre le han gustado las ciencias y en particular la astronomía; entonces, cuando vio que a mí me gustaban los libros de este tema, me regalaba más libros. Es curioso, porque el amor por otras ciencias me llegó mucho después; al principio yo sólo me preguntaba ¿qué necesito estudiar para ser astrónoma? Así supe que tenía que estudiar física”, comparte la también profesora de la Facultad de Ciencias y el Posgrado de Astronomía de la UNAM.

Al recordar su camino académico, dice que cuando comenzó a recibir clases con profesores que eran investigadores fue “como un jarro de agua fresca” porque ella, igual que muchos estudiantes que desean ser investigadores, cruzan por muchos momentos de duda. “Ahí ya entras en contacto con la vida del científico, con lo bueno y lo malo”, indica.

Su mudanza a México ocurre a partir de sus conversaciones con su asesor de tesis de licenciatura, Antonio Mampaso, astrónomo que guarda mucha relación de trabajo con este país y quien le dijo que en México estaban los mejores en su campo de interés; las nebulosas planetarias. Así, llegó al INAOE, donde se formó con la asesoría de la doctora Mónica Rodríguez, doctora por el Instituto de Astrofísica de Canarias, en Tenerife.

“Yo creo que estos años en México me han cambiado, como investigadora y como persona. Ya no soy la que fui y reconozco que mucha de mi formación ha sido con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la UNAM. Cada vez me interesa más comunicar a las personas la belleza de la ciencia porque pienso que es una responsabilidad moral de todos los científicos, pues gran parte de los recursos con los que trabajamos son públicos y esto además es muy satisfactorio, cuando ves cómo la divulgación toca la vida de niños y adultos y, a veces, llega a despertar vocaciones por la investigación”, concluye la integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), de Conacyt.

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