Opinión


El agandalle político

El agandalle político | La Crónica de Hoy

Carlos Pereyra (1940-1988), acuñó un término, muy perspicaz, para describir el comportamiento de algunos movimientos, así como de ciertos políticos y grupos: “la teoría política del agandalle.” O sea, la cosa es apropiarse de lo que se pueda; sacar raja de las instituciones; aprovechar el poder que se tiene en beneficio propio. Me parece que este concepto es útil para describir el albazo que dio, el jueves 15 de abril, la mayoría morenista en el Senado al introducir, a trasmano, un artículo transitorio a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación para prorrogar el mandato del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y de los integrantes del Consejo de la Judicatura.

Pero, ojo, aquí el agandalle es de gran calado: implica la subordinación de los poderes Legislativo y Judicial al Ejecutivo. La “movida” del presidente Andrés Manuel López Obrador y Morena, en el Congreso es un atentado contra la división de poderes y el Estado de derecho que son la base de la república democrático-liberal.

La iniciativa pasó a la Cámara de Diputados: con la oposición de una veintena de legisladores de Morena, este partido impuso su mayoría para empujar ante el pleno la ampliación por dos años el mandato del ministro Arturo Zaldívar al frente de la SCJN y del Consejo de la Judicatura. Dicho de otro modo: Zaldívar debía concluir en 2022; sin embargo, ahora se propone que se prolongue su estancia hasta 2024. La mesa directiva de la Cámara de Diputados incluyó, en esta semana, la minuta de la Ley Orgánica del Poder Judicial. El día de ayer, esa minuta fue aprobada.

Porfirio Muñoz Ledo, diputado de Morena, apostó a que no gane la “arbitrariedad de violentar la Constitución.” Manifestó que se vive un momento crucial para la democracia en el país y es por ello que se deben tomar decisiones congruentes: “Me opongo, por todas las razones legales, morales e históricas, a esta transgresión a la Constitución que tendría muchas consecuencias, sería el principio de una serie de traiciones.” (El Universal, 22/04/2021, p. A6).

Entre los morenistas, Muñoz Ledo no está solo en este posicionamiento contra la prolongación del mandato de Zaldívar: Pablo Gómez escribió en su cuenta de twitter, el sábado 17 de abril: “este artículo transitorio para prolongar por dos años adicionales la presidencia del ministro Zaldívar en la Suprema Corte no podrá transitar, ni aun cuando fuera aprobado y promulgado. Mejor decirlo ahora.”

El constitucionalista Diego Valadés, afirmó: “Pensar que un artículo transitorio de una ley ordinaria puede modificar el contenido de dos artículos constitucionales es realmente un acto de ignorancia y podemos estar seguros de que en la Cámara de Diputados esto no será aprobado, y si fuera podemos estar seguros de que, por unanimidad, así lo afirmo categóricamente, en la Corte se declararía inconstitucional.” (Aristegui Noticias, 16/04/2021).

Otro prestigiado jurista, Sergio García Ramírez, sostuvo: “Si es cierto que esto va a ir por la libre, vamos a tener un verdadero albazo que tratándose de una reforma que afecta la Constitución, se quebranta, y si ocurre se quebranta el Estado de derecho y estaríamos tomando un camino extraordinariamente peligroso.” (El Universal, 22/04/2021, p. A6)

Y es que el artículo 97 constitucional es muy claro: “Cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato posterior.”

Coincido con quienes han llamado la atención sobre la gravedad de la iniciativa para prolongar el mandato de Arturo Zaldívar al frente de la SCJN: el problema del autoritarismo presidencial en México tuvo que ver, durante el Régimen de la Revolución, con la subordinación del Legislativo y del Judicial al Ejecutivo. Como dijo Don Daniel Cosío Villegas, ese sistema fue una “monarquía sexenal absoluta.”

El cambio institucional que experimentó el país en los últimos 44 años tiene que ver con el paso del verticalismo autocrático a la horizontalidad democrática. En esa horizontalidad democrática, juega un papel fundamental, desde luego, el que el poder Legislativo se fue haciendo cada vez más plural; ya no hubo un partido hegemónico; a la par, se llevaron a cabo reformas para que el poder Judicial tuviese una verdadera autonomía. Ese fue uno de los grandes logros de la transición a la democracia.

Andrés Manuel López Obrador se está encargando de desmantelar a la democracia mexicana; y uno de los puntales de nuestra democracia es, precisamente, la separación de poderes. Los frenos y contrapesos se han puesto en práctica para evitar al abuso de poder: se sabe que cuando se acumula en una sola persona el poder, esa persona tiende a abusar de él. Asistimos a una especie de regresión (no de restauración como lo piensa Roger Bartra), bastante rascuache, por cierto.

Immanuel Kant (Principios Metafísicos de la doctrina del derecho, UNAM, 1978, p. 147) clasificó a las formas de gobierno en dos, una buena y una mala: república o despotismo. Las repúblicas se reconocer porque en ellas opera realmente la división de poderes; en el despotismo los tres poderes están concentrados en una sola persona.   

 

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