Opinión


El director de escuela

El director de escuela | La Crónica de Hoy

El director es el que produce el concierto de maestros, alumnos y padres de familia para producir el aprendizaje. Es la pieza que arma el rompecabezas escolar y la figura sobre la que recaen los problemas de todos. ¿Posición de poder? Sí, pero a cambio de una gran responsabilidad.

Quienes ven la dirección como una simple posición burocrática, no pueden ser líderes auténticos de la escuela. El director es líder cuando logra construir una visión compartida de la escuela, crear un espíritu de innovación y despertar en el colectivo docente-alumnos-padres, una identidad institucional y un auténtico orgullo por su institución.

El buen director impulsa un nuevo dinamismo en la vida escolar, promueve el cambio, une a maestros y alumnos alrededor de nuevos objetivos de desarrollo institucional. El objetivo principal es el aprendizaje. El director debe coordinar a los demás actores educativos alrededor de este objetivo prioritario.

Un buen director promueve el diálogo y la participación de todos, pero también es el que sabe crear un ambiente de optimismo y alegría en su comunidad. La escuela, piensa ese director, debe ser un lugar amable, donde prive el respeto y la empatía, donde los niños aprendan mediante actividades gratificantes.

La posición de director exige múltiples habilidades, pero sobre todo reclama que conozca la evolución académica de cada uno de los grupos de clase. Es importante que él ofrezca apoyo a cada grupo según sus necesidades.

El buen director sabe muy bien que la columna vertebral de la vida escolar es el colectivo docente. Reunir al colectivo, motivarlo, ofrecerle permanentemente temas para la reflexión pedagógica, presentarle materiales de interés (videos, artículos, resultados de investigación) que sean motivantes es una tarea prioritaria.

Un director sensible es aquel que sabe reconocer públicamente los méritos y realizaciones de cada maestro y cada alumno. Muchas veces basta con que el director felicite personalmente a un maestro o a un alumno por su buen trabajo, pero otras veces es indispensable que se recurra a reconocimientos formales como medallas, diplomas y actos ceremoniales.

La misión del director es hacer de su escuela una comunidad de aprendizaje: en ella todos deben aprender, tanto maestros como alumnos. Pero la acción cultural de la escuela debe proyectarse asimismo hacia el entorno: hacia las familias de los alumnos y hacia la comunidad.

Para funcionar, la escuela requiere orden interno y para construir orden se requieren reglas, tanto en el aula, como en la escuela. Cuando se rompen esas reglas se suscitan conflictos en cuya solución muchas veces el director juega un papel estratégico. A él corresponde gestionar los conflictos, de modo que —entre otras tantas cosas— el director debe poseer habilidades de negociador.

 

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