Opinión


EL ÉXITO INDISCUTIBLE

EL ÉXITO INDISCUTIBLE | La Crónica de Hoy

El presidente enarbola la –muy justa-- bandera del combatir la pobreza, lo cual es encomiable. Pero el componente principal de su acción pública es una retórica de emociones, un discurso que apela no a la racionalidad –que él frecuentemente desprecia—, no al cerebro, sino a una parte más baja del cuerpo.  

Manipula los sentimientos de los mexicanos a través de un artificio inventado por él mismo: el llamado “neoliberalismo”, al que presenta como un régimen que realmente existió, una entidad odiosa que encierra todos los males, vicios y atrocidades concebibles. 

Los gobernantes neoliberales fueron corruptos, inmorales, elitistas, alejados del pueblo, envidiosos, perversos, dominados por el egoísmo, por un afán ilimitado de enriquecimiento, por la competencia, por la ideología del éxito y la ambición desenfrenada.  

Eran, sobre todo, inmorales, deshonestos. En cambio, el gobierno de AMLO, es lo contrario del neoliberalismo: desde diciembre de 2018 nos gobierna un grupo de mexicanos dotados de una moralidad irreprochable, hombres puros, honestos, sinceros, amantes de la Patria, humildes servidores del pueblo.

AMLO presenta esta visión dividida de México. Hay mexicanos buenos y mexicanos malos. Los buenos son los seguidores del presidente, los malos, quienes lo critican o no muestran lealtad hacia él. Esquema simplista, si ustedes quieren, pero que ha tenido un enorme éxito público, dada la popularidad que tiene el presidente. 

Los éxitos del gobierno de AMLO son, a veces, discutibles. Pero nadie puede sensatamente poner en duda su acierto al combatir la corrupción y llevar a juicio a numerosos pillos que saquearon las arcas públicas en gobierno anteriores. Dar centralidad pública a ese problema es su mérito indiscutible. 

Otras acciones suyas como las inversiones en PEMEX, el Tren Maya, la nueva refinería, el nuevo aeropuerto, etc. han sido criticadas y son materia de debate. Lo que no es discutible, lo que constituye la gran realización del presidente, es el ambiente que ha creado en el país de desconfianza, de enfrentamiento y polarización entre mexicanos. 

Nunca antes México estuvo tan dividido como ahora. Claro, en la revolución los mexicanos se mataron unos a otros, ni quien lo dude. En cambio, dice AMLO, la nueva transformación es pacífica. “Nada por la violencia”. Se olvida de completar la frase “Nada por la violencia física”.

Porque la violencia simbólica tiene una presencia abrumadora. Asómese usted un momento a las redes para comprobarlo. Nunca el odio, la intolerancia, la rabia y el linchamiento del otro tuvo tanta presencia en nuestro país. Los amigos se distancian, las familias se dividen, la sospecha y la inquina se infiltran por todas partes.

Este es el saldo más importante, que nadie discute, de la administración de AMLO. Todo esto ocurre, además, mientras nos azota el terrible flagelo de la pandemia y cuando la economía nacional sufre la más grave de sus catástrofes. Es decir, cuando los mexicanos deberíamos estar unidos, mano con mano, en la lucha para remontar estos desastres. 

 

 

 

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