Opinión


El fracaso de la República (aplausos)

El fracaso de la República (aplausos) | La Crónica de Hoy

Lo ocurrido el martes pasado es mucho más que un desplante de una fuerza política que no reconoce límites; es mas que la afirmación de una mayoría por sobre la oposición variopinta. Y es más también, que la extinción concreta de la legitimidad de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). El hecho es más grave porque quiebra ya no el adjetivo democrático de la política mexicana, sino el sustantivo de nuestra República.

Y es que se ha dañado algo muy fundamental. Por supuesto, la violación a todas las reglas posibles contenidas en ese proceso (la terna de la que surgió la candidata había sido previamente rechazada; ella no era elegible por ser militante de un partido; en esa medida le mintió al Congreso, es decir a la República; no alcanzó la votación que exige la Constitución y, por si fuera poco, su solemne toma de protesta se convirtió en un espectáculo degradante —empujones, caídas y mentadas incluidas— que le dio la vuelta al globo, para vilipendio de los mexicanos.

Pero en efecto, existe un quiebre más profundo, porque República significa precisamente eso: gobierno de las leyes y las semanas pasadas fueron violadas casi todas, incluida la Constitución, justo por quienes juraron respetarlas. Pero aún más básico, República también significa: “las cosas que nos son comunes”, los “mínimos compartidos” y es eso lo que se nos está yendo de las manos ahora con la señora Piedra, ayer con el señor Bonilla, en una larga sucesión de acontecimientos y decisiones que, sistemáticamente, se escapan al libreto mínimo de la ley. 

Importa señalar que todo eso junto, constituye una cadena que se está expandiendo, se multiplica y se vuelve un patrón de conducta y… se celebra. Contorsiones de decenas de senadoras y senadores, aplausos de varios más y el festejo franco del Presidente de la República.

Y si nos fijamos bien, si somos atentos a los dichos en las entrevistas posteriores, lo que realmente estaba celebrando nuestra coalición gobernante era la afirmación de su mayoría, o sea, su legitimidad originaria.

Y esto es un grave fallo de la idea y la práctica políticas de Morena, pues desde hace rato el veredicto primario de las urnas no es el único patrón de legitimidad ni de respaldo social. La vida en la República es algo más complejo, un tránsito por rutas de validación y de control que, sin embargo, esa coalición no parece dispuesta a tolerar. 

Por pura sobrevivencia, para no acabar enredado en ellas, el gobierno debe distanciarse de las posiciones de su partido y de los intereses particulares que expresa. Debe asimismo considerar las expresiones de los otros a los que sin más y olímpicamente despacha como “conservadores”. Y debe reconocer las singularidades de cada situación, aproximándose a su naturaleza. Porque hay instituciones que sencillamente no funcionarán, nacerán muertas, si no son fruto de un acuerdo amplio y no son el mero fruto muscular de la mayoría.  

El uso y abuso de su mayoría no será suficiente, y lo que es más, será un error. Lo que exhiben es una idea extremadamente primitiva de la vida en la República, pero también una incomprensión de los mecanismos sobre los cuales se ha erigido nuestra precaria civilización.

La cosa es mucho más grave, pues el desastre jurídico al que han llevado a la CNDH, consumado estas semanas, ocurre en el único asunto donde la política no podía fallar: las víctimas y los derechos humanos. Y falló.

Un enorme fracaso. El festejo y los aplausos… a cuenta de la República.

 

ricbec@prodigy.com.net
Twitter: @ricbecverdadero

 

 

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