Opinión


El incontenible avance

El incontenible avance | La Crónica de Hoy

Más allá de los dislates cotidianos de la nueva “clase” política (Durazo, Sánchez Cordero, etc.), atribuibles a la incontinencia verbal de sus funcionarios, cuyas expresiones son, obviamente, producto de la escasa capacidad de pensamiento o de las incorregibles prisas por ocupar cuanto micrófono se ponga en el camino, las etapas necesarias para lograr la anhelada y un tanto utópica “IV-T”, se cubren sin resistencia alguna.

Eso no tiene consecuencias más allá del meme.

Los pequeños obstáculos en la ruta transformadora (amparos, declaraciones, críticas y demás en grado menor),  cuyo término permitirá anunciar con estrépito de victoria la demolición del antiguo régimen, así no se trate, en esencia, sino de una reactivación de los populismos adormecidos del cardenismo y otros gobiernos postrevolucionarios, como el echeverrismo y el lopezportillismo con su cauda de corrupción, no superada aún.

Y si el empeño de transformar el país se veía a la distancia de su enunciado de campaña, como un lejano sueño, las ganancias electorales con cuya abundancia se dominó de manera plena el Congreso, permitirán convertir el proyecto de un hombre en la estrategia activa de un  gobierno para el cual no hay ni instituciones ni personas capaces de bloquear su intención.

Todo estorbo es removido con la velocidad del rayo.

Del rayo de esperanza, diría alguien de cercana memoria.

Las herramientas son muchas y todas se tiñen con el valor no de la ideología, pues ésa resulta un tanto amorfa e indefinible, sino de la fraseología cotidiana agotada sin agotamiento final en conferencias de prensa desde la capital del país (preferentemente) y en giras populacheras en estados de la República con el aparente fin de revisar las condiciones hospitalarias del IMSS y de paso placear y preparar al cachorro de la nueva revolución, el muy joven pero muy hábil Zoé Robledo, quien les ha venido a descomponer el arrancadero a Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, quienes hace un año no contaban con un nuevo competidor en la cuadra.

Y en el centro de esto, la docilidad de los enemigos.

Si los conservadores existen, es porque conservan el miedo. Las votaciones en el Congreso son de susto.

Con  el requisito de cambiar lo accesorio y respetar lo fundamental, los adversarios se vuelven aliados, como sucedió con panistas y priistas en cuanto a la renovación del mandato, ya no se diga con todas las ocurrencias legislativas o los cambios constitucionales de fondo, como la creación de la Guardia Nacional. Terminaron  aplaudiendo como focas.

Quienes se aferraron a una postura opositora inmutable, se quedaron solos.

Y quien fuera de las cámaras no se pliega, o lo hace de la manera como al régimen no le place o conviene, entonces mira cómo se acercan las auditorías, los congelamientos bancarios y los mastines de la persecución.

No hay semana sin ajusticiado. No importa si es Juan Collado o Rosario Robles; no bastan los avisos o las fugas al estilo de Lozoya. Con barbas en remojo no se vive tranquilo y ya sean amagos fiscales al estilo de los sufridos por Diego Fernández de Cevallos o advertencias como las de Eduardo Medina Mora, campeón actual de los cien metros planos o sobresaltos como el de Carlos Romero Deschamps, por cuyo futuro nadie apuesta un dólar. La fiscalía, en mancuerna con el fiscal de la Inteligencia Financiera, avanza a troche y moche sin dejar para mañana títere con cabeza.

Si los jueces conceden suspensiones provisionales, una vez entrados en razón y vista la quemazón en los pastizales vecinos, reconsideran con la sabiduría del cambio de opinión, propia de los sabios (o de los cobardes), y emiten resoluciones aun en contra de sus anteriores posturas. Hoy sí, mañana no.

Los amagos contra la judicatura se hacen desde la Suprema Corte de Justicia, dominada hasta el extremo de la docilidad. Como antes. Como siempre.

Nadie se sustrae a la verborrea hipnótica detrás de la cual hay una mano de precisión quirúrgica con la cual se va construyendo una nueva realidad sin espacio para las oposiciones o siquiera las posiciones. Como no sea la del decúbito prono supino.

Hasta hoy sólo una señora no se ha doblegado al poder absoluto: Doña Violencia. Ésa sigue su marcha.

DIÁLOGO

—Carlos, deberías irte desde ahora. Vienen tiempos adversos y ya no vas a estar en el Senado.

—No tengo por qué irme…

—Tu caída, como la de Elba Esther, será de enorme rendimiento político. Vete antes de…

—Que me quiten los trabajadores, mis compañeros…

 

 

 

 

Twitter: @CardonaRafael

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

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