Opinión


El método Ollendorf y la libélula

El método Ollendorf y la libélula | La Crónica de Hoy

Hace muchos años, un lingüista de la Universidad de Jena, llamado Heinrich Gottfried Ollendorff, inventó un método para enseñar idiomas, basado no en la lógica sino en la estructura y fonética de las palabras, más allá de su significado.

Para algunos, Ollendorff solamente trasladó la forma esquizofrénica de disociación de la realidad y el lenguaje, al propio lenguaje.

Esta columna, célebre por las dimensiones de su ignorancia, no sabe si alguien llegó a aprender inglés o ruso con el ya dicho método, pero eso no es lo importante.

Lo notable es cómo esa forma de asociar disociando, ha sido aplicada por los políticos de todas partes del mundo para escurrirse de una respuesta quizá comprometedora sin tener la tajante obligación de declarar su desinterés o su ignorancia.

Los políticos, ya se sabe, nunca van a confesar la profundidad de sus lagunas. Prefieren rodearlas con un inmenso árbol de palabras.

A fin de cuentas la convocatoria a una conferencia de prensa, no importa su frecuencia, no es una respuesta a la curiosidad o necesidad pública de recibir información, sino a la mecánica de controlar a los medios mediante la imposición de temas y enfoques.

La información, a fin de cuentas, se ha convertido en un bien de consumo y, como todo en el mercado, está sujeta a la ley de la oferta y la demanda. Cuando hay sobreoferta de información la calidad, el valor de la mercancía disminuye.

Digámoslo así: de tanto machacar, la palabra se hace puré. O batidillo o chicle masticado.

En el método Ollendorff —para volver con ese caso—, una pregunta como, por ejemplo, ¿gusta usted una taza de café?, podía ser respondida con un impasible “mi abuela murió en 1950”. La respuesta habría sido exacta, si otra hubiera sido la pregunta.

Así, lo único importante para Ollendorff era la correcta formulación de la frase. Sujeto, verbo y predicado, no importaba su contenido. Eso vendría después.

Hace unos días, con la pasmosa seriedad de Groucho Marx en Sopa de ganso, el presidente de la República Mexicana nos dio una notable exhibición de “ollendorfismo”. Le preguntaron lo siguiente:

“— Gracias, Presidente, dos preguntas.

“La primera, saber si usted comparte las declaraciones que ayer hizo el expresidente Barack Obama, en España, sobre que las personas con miedo son quienes construyen muros, esto en referencia al presidente estadunidense Donald Trump.

“Y la segunda, saber qué día y a qué hora se reunirá con la alta comisionada de la ONU, Michel Bachelet.

“Muchas gracias”.

Y esto respondió:

— “Bueno, la primera, no. Lo que diga mi dedito.

“Vamos a batear, aunque sea teóricamente, me gustaría batear en una práctica de béisbol, pero no he podido, antier fui un ratito al campo de la universidad, no fui a Tranviarios, es que hay liga y hay mucha gente.

“Entonces, no puedo practicar como debe ser, porque tengo que ser respetuoso con la gente, me saludan y ya no puedo.

“Entonces me fui al campo de béisbol de la universidad, allá por Insurgentes y sí estuve bateando bien, bien. Veía yo en la pelota algunas cositas que no me gustaban y macaneaba yo fuerte, le daba yo en el mero centro. Y así saca uno también, se relaja, es como suspirar profundo, pero bueno, bateo, bateo.

“Lo segundo, sí me voy a reunir con la alta comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, con la señora Bachelet.

“Viene, tenemos ya una cita”.

Pero como esta columna se toma algunas licencias diplomáticas, obviamente sin autorización, me gustaría reproducir un diálogo de Mario Moreno en la película Por mis pistolas  (1968), la cual, podría auxiliar en el enfoque, como quien dice, fuera de foco, de los problemas migratorios entre los Estados Unidos y México. Total, Ollendorff también iba al cine no obstante haber nacido cuando nació:

“— Pueden dormir tranquilos en Washington, por el momento no tengo así pensado derrocarlos. Que no me hagan enojar, eso sí, porque un día amanece el Capitolio de Washington tapizado de zarapes de Saltillo. Derrocar al gobierno… lo derroco y luego, ¿quién nos presta la lana?

“— ¿Así reciben el turismo de primera clase?, además no me grite, que no estoy en su terreno.

“— ¿Que qué quiero?

“Pasar al ‘other side’. Podría darle vuelta al poste pero soy respetuoso con las leyes y me gusta cumplir con los tratados internacionales. (…). Vengo a gastarme unos ‘dolarianos’, ¿pues qué cree, que todos somos braceros?”

Cada día te extrañamos menos, Mario.

 

Twitter: @CardonaRafael
rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com

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