Opinión


El Peje y el dragón

El Peje y el dragón | La Crónica de Hoy

¡Vaya uno a saber que brebaje le habrán dado o a que embrujo  habrán sometido a Christine Lagarde, en el Palacio Nacional; pero, las loas que la directora gerente del FMI lanzó a la 4T y el Presidente López Obrador en modo alguno se antojan producto de su cabal discernimiento.

Dijo que “aunque no todo el mundo está contento con el programa general” de gobierno del mandatario, “hay muchas razones para ser optimistas de los resultados”.

Durante cerca de dos horas se reunió con el Presidente —y posteriormente con Carlos Urzúa y Arturo Herrera—, y luego informó:

“Lo felicité por la búsqueda de políticas fiscales prudentes y su enfoque en impulsar el crecimiento inclusivo y reducir la pobreza, la desigualdad y la corrupción”.

Elogios estos que deben tener bufando, echando espumarajos por la boca, rojos de ira, a los detractores del tabasqueño.

No es para menos. Semejante inversión de papeles resulta inverosímil, si la sola junta del de Macuspana con la francesa se anticipaba como el encuentro de un pejelagarto y el gran dragón de la economía internacional.

El azoro, sin embargo, se vuelve total confusión, si uno repara en que también a nuestro Presidente, alguna rara pócima le habrán suministrado por alguna vía, pues sólo así se explica no su cortesía ni su simple condescendencia, sino su docilidad ante el Fondo.

Demostró una disposición de servidumbre idéntica a la que en su momento observaron ante los burócratas de los organismos financieros internacionales por lo menos seis de sus antecesores en el cargo, hasta el punto de que anunció un acuerdo de su gobierno con el FMI.

Sostuvo que este ente “está cambiando” y ahora “tiene nuevas políticas”, y por ello el acuerdo con México tendría un “nuevo enfoque”, basado en la visión de la presente administración, en la cual “por primera vez en más de 30 años se elaboró un programa de desarrollo propio”.

Como quien dice: adiós al discurso según el cual el FMI, el Banco Mundial y otros ogros similares han causado centenares de millones de pobres en el mundo, en América Latina en especial y, sobre el todo, en México.

Paradojas de la política y la economía, los halagos de la mandamás del fondo internacional llegaron justo en el momento en que el Banxico bajó las expectativas de crecimiento —a un rango de entre 0.8 y 1.8 por ciento—, a decir de Alejandro Díaz de León debido a un desempeño de la economía en el primer trimestre, más bajo de lo previsto.

¡Ni dopado puede alguien creer que al Peje le salió lo diplomático! Hay cosas que ni Salamanca presta.

Tampoco es creíble que el Presidente y sus colaboradores convencieron por las buenas a la ex ministra de Economía de Nicolás Sarkozy, acerca de las virtudes del nuevo régimen mexicano.

Porque, es cierto, no todo el mundo está contento con el programa general del lópezobradorismo; pero, peor aún, éste incluso ha empezado a displacer a sus electores.

Si la imaginación pone su parte, uno puede suponer las razones por las cuales Lagarde se mostró sedita con nuestro Jefe de Estado:

El FMI ya es un tigre viejo y desdentado que a nadie espanta y, por lo mismo, su directora se cuidó de correr la suerte de funcionarios de este organismo y el Banco Mundial que han sido mal vistos o echados a empellones de varios países, Ecuador, Argentina, Venezuela, Bolivia…

Sensatamente Lagarde reparó en que, tras cuatro décadas de brutal depauperización social con las recetas del Fondo, éste organismo tiene una cuota de responsabilidad en el ascenso al poder del tabasqueño.

El FMI ya está contaminado de castrochavismo o su directora, como proverbial Chimoltrufia, así como dice una cosa, dice la contraria.

O, sencillamente, a fuerza de codearse con políticos mexicanos la titular del Fondo ya aprendió a tragar sapos sin chistar y a decir lo que sus cambiantes auditorios quieren escuchar.

De visita en noviembre de 2011, en Los Pinos, Lagarde se reunió con Felipe Calderón, José Antonio Meade y Agustín Carstens.

Al término de ese encuentro, destacó “la fortaleza de las políticas fiscal, financiera y monetaria” seguidas por México, las cuales “han contribuido al buen desempeño del país a pesar del complejo entorno internacional”.

Y también avaló el paquete económico para el año siguiente, del cual dijo que “es responsable y da soporte a la actividad económica” y consideró que las instituciones financieras “se encuentran en una situación sólida”.

Regresó a la Ciudad de México en febrero de 2012 y Calderón, ni más faltaba, supo recompensar tanta deferencia.

Semanas después de esa visita, en abril, el panista pidió al Congreso aprobar la elevación en 145.8 por ciento (14 millones de dólares) de la cuota de nuestro país al FMI, con el fin de “tener una mayor influencia en la toma de decisiones en los órganos de gobierno” del Fondo.

En abril de 2013 la directora gerente del organismo, cuyas directrices de política económica nos tienen donde estamos se reunió con Carstens y Luis Videgaray. Y, acto seguido, se dijo “muy impresionada con las reformas que está realizando el Presidente Enrique Peña Nieto”.

Ensalzó la determinación de Peña para poner en marcha “una lista de reformas muy amplias”, lo cual “es de lo más impresionante”. Y hasta pronosticó:

“Esperamos que las reformas anunciadas harán avanzar al país, sentimos que hay determinación en el equipo de gobierno, y la saludamos, porque creemos que México está aplicando la política correcta, tiene políticas macroeconómicas muy sólidas para bastante tiempo”.

Era de esperarse que en su visita de esta semana Lagarde haría una especie de mea culpa debido a los patentemente desastrosos resultados, en términos sociales, de los consejos de la entidad que regentea. No hubo tal. Se dedicó a echarle flores a la 4T.

De ningún modo las zalamerías de la parisina se prestarían a suspicacia, si no fuera porque ¡por ningún lado puede verse coincidencia alguna entre los paradigmas de lópezobradorismo y los fetiches de FMI!

A excepción de quienes por conveniencia política o mezquindad consideran lógicos y genuinos los apoyos de Lagarde a nuestro gobierno por los despiadados tijeretazos al presupuesto, la moderación fiscal y el pavor al déficit y la deuda, la verdad es que las discrepancias son abrumadoras.

No se ve en AMLO —al menos por los legos— la adoración al libre mercado, las privatizaciones, el desmantelamiento del Estado, la eliminación de fronteras, la globalización, entre muchos otros puntos del catecismo fondista.

Y, aun así, Lagarde y Amlo se lanzaron flores. ¡Algo bebieron!

 


aureramos@cronica.com.mx

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