Opinión


El periodismo femenino en los años 40

El periodismo femenino en los años 40 | La Crónica de Hoy

Cecilia Colón Hernández*

 

En su artículo “Las mujeres en el siglo XX. Una cronología mínima”, Gabriela Cano dice que hay décadas que no se han estudiado lo suficiente desde una perspectiva de género, como la de los años 40 del siglo pasado, en la que la presencia femenina está muy minimizada y la pregunta que cabría aquí es ¿por qué? Si bien es cierto que los primeros treinta años del siglo XX fueron complicados para el país en general, pues hubo grandes cambios políticos y sociales, amén de los culturales, ¿qué sucedió en los años 40 para que aparentemente se pensara que las mujeres hicieron muy poco?

Si se revisa lo escrito por hombres en las primeras cinco décadas del siglo XX, la lista de novelas, cuentos, poesía, ensayo es larga; la nómina masculina de quienes se dedicaban al periodismo también es extensa, pues muchos combinaban esta actividad con la literatura. Sabemos que el tema de la Revolución Mexicana fue importante y se analizó y debatió desde muchas perspectivas, pues a los gobiernos posrevolucionarios les interesaba legitimarse y una de las maneras de hacerlo era recuperando la memoria de testigos o soldados que tomaron parte en la batalla en ambos bandos; la postura de los intelectuales también fue trascendental, ya que ellos se encargaron de dar su visión de los hechos y de la nueva situación mexicana.

El resumen del panorama anterior es muy conocido y nadie duda de lo que ocurrió, pero ahora las cosas han cambiado. Aproximadamente, desde la década de los 80 del siglo XX, se han iniciado investigaciones de diversa índole con un tema común: conocer el papel de las mujeres como actoras de la historia, incluso como protagonistas a quienes no se les ha dado el lugar que se ganaron en su momento histórico mientras vivían. Seguramente, en la década de los años 60 y 70 en México, hubo varias escritoras y periodistas que comenzaron a cuestionarse acerca del papel que tuvieron las mujeres a lo largo de la historia de Mexico, es probable que ellas se hayan preguntado cómo la historia de un país pudo escribirse sin que apareciera la mitad de su población: las mujeres.

De los modelos que tenemos y de quienes se sabía algo era de Sor Juana Inés de la Cruz, en el siglo XVII, después había un brinco temporal de algunos cientos de años para ubicarnos en el XX con unas poquísimas escritoras, hay quien toma como siguiente modelo a Nellie Campobello; otros a María Enriqueta, incluso el brinco puede ser hasta Rosario Castellanos. Como resultado, vemos una primera mitad del siglo XX con muchas ausencias, muchos huecos y un enorme desconocimiento sobre lo que implica la presencia femenina pública, a muchos hombres se les olvida que las mujeres también leen y saben escribir, al igual que ellos; tienen imaginación para plasmarla en una narración o emoción para hacerla poesía; muchos consideran que éste es su género literario natural por la cercanía con los sentimientos.

Toda esta reflexión me sirvió de base cuando inicié mi investigación doctoral sobre periodismo femenino. Hubo preguntas básicas que me hice al inicio: ¿Había periodistas mujeres que colaboraban en los diarios de los años 40? ¿Tenían espacios ya pactados y, por lo mismo, asignados para ellas con temas específicos o había más libertad? ¿Sobre qué escribían, además de las recetas de cocina y los consejos y moda?

La revisión de los periódicos de esa época me dio la respuesta: descubrí que había muchas mujeres que escribían en los diarios y no sólo de los temas a los que siempre se les ha unido con el pretexto de que es lo único que les interesa. Para empezar, me di cuenta que en varios de los diarios había una página dedicada exclusivamente a temas femeninos que contenían lo que ya comenté, pero también había artículos y columnas de opinión y crítica. Por ejemplo, El Universal Gráfico tenía en sus páginas centrales la sección “De y para la mujer”; otros diarios como Excélsior la tenían pero no con un nombre específico, no obstante, las periodistas ocupaban siempre las mismas páginas, como señal de un espacio ganado a pulso.

En el caso de El Universal Gráfico, el director de aquella década fue el escritor Gregorio López y Fuentes, autor de la novela El indio, para quien era importante el público femenino, pues buscaba darle algo diferente a sus lectoras. Es así que la sección femenina del diario tenía poesía, a veces cuento, y a partir de 1942 contó con la asidua colaboración de Consuelo Colón, quien bajo diversos pseudónimos firmaba distintas columnas: “Olvidé enviar mi carta”, por Zelma; “El amor está al teléfono”, por Silvia; “De nuestras realidades”, por Beatriz; “¿Se reconoce usted, amiga?”, por Mayra; “Actividades de la mujer mexicana”, por Consuelo Colón. Al paso de los meses, poco a poco fueron apareciendo dichas columnas que le dieron un carácter distintivo y singular a esta página femenina con respecto a los demás periódicos. Todas éstas llenaron un espacio que era exclusivo para las mujeres, demostrando así que no sólo la cocina, el maquillaje y el hogar eran temas femeninos, también la literatura, la crítica, la reflexión o la noticia de las actividades que realizaban algunas mujeres que tenían más influencia en la vida pública, como Adela Formoso o Amalia de Castillo León. Incluso en el Editorial, la pluma de Indiana Nájera se daba vuelo escribiendo artículos de reflexión sobre temas diversos.

Hacer la búsqueda de esta presencia femenina en la Hemeroteca Nacional y regresar en el tiempo a través de la lectura de los periódicos hasta aquellas lejanas décadas es algo que nos reserva muchas sorpresas, como el hecho de encontrar a muchas mujeres que ocupaban estos espacios públicos en los diarios; si ellas fueron reconocidas en esos años, entonces ¿por qué ahora nadie sabe de ellas?

 

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Profesora-investigadora del Departamento de Humanidades de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

 

 

 

 

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