Opinión


El reino de Bután y la economía de la pobreza

El reino de Bután y la economía de la pobreza | La Crónica de Hoy

Sí, dicho término económico existe, y es considerado una medida alternativa a la medición que tradicionalmente hacen las naciones sobre el poderosísimo Producto Interno Bruto, aquel que mide la producción de bienes y servicios de una economía, regularmente en un periodo determinado que suele ser de un año, medido en unidades monetarias.

Pero la FIB, (Felicidad Interna Bruta) índice de medición que se lleva a la práctica por el rey de Bután Jigme Singye ­Wangchuck, y que mide algo que escapa de las mediciones tradicionales: el bienestar del ciudadano pero no a través del dinero. Esta manera de observar los índices difiere de las tradicionales porque busca captar aquello que el PIB no puede, por ejemplo, nuestra economía ha tenido un crecimiento de alrededor del 2% en los últimos 20 años, pero la pregunta es ¿cómo dicho incremento se refleja en la vida cotidiana?, es decir, hasta dónde los aumentos de la economía redundan en mayor felicidad de la gente.

Esto viene a cuento porque, tal como lo sostiene Thomas Piketty en el tan nombrado libro El Capital del Siglo XXI, donde existe una diferencia entre la tasa de crecimiento del capital y la tasa de crecimiento económico, a través de su fórmula sencilla: r es mayor a g. Donde r es la tasa de crecimiento de la riqueza y g es la tasa de crecimiento económico y que a lo largo del tiempo la renta que se obtiene a partir del capital será mayor que la obtenida por el trabajo, esto es, un crecimiento económico no necesariamente significa mayor felicidad para la gente, para las y los ciudadanos de a pie, donde dicho comportamiento del capital redunda en mayores niveles de desigualdad.

En los últimos tiempos han existido algunos investigadores en México que sostienen una discusión interesante sobre el tema, tal es el caso de Gerardo Esquivel y Luis Pazos, donde el primero sostiene que la desigualdad sí es un problema en México y que tiene una relación directa con el crecimiento económico, para el segundo no existe ésta. Sin embargo, la propuesta que hace el académico del Colegio de México tiene sentido, además del crecimiento económico tenemos un problema en cómo se distribuyen los ingresos.

Esto lo demuestra cuando señala que entre 1992 y 2014 el ingreso por persona en México creció cerca del 25%, mientras la tasa de pobreza por ingresos se mantuvo casi constante: 53.1% en 1992 y 53.2% en 2014.

Lo que significa que dicha relación sí existe, pero también debemos entender y entrarle a la medición de la reducción de la desigualdad a través de índices como el de Felicidad Interna, es decir, atrevernos a medir los satisfactores no sólo por la vía monetaria sino la manera en la que nos sentimos felices con lo que tenemos y somos, tal como ha sucedido en el país asiático de Bután. A la ciencia económica también le comienza a importar la construcción de indicadores que involucren de una manera seria a otras ramas como la psicología o la antropología. Con todo lo que esto implica, me parece que tenemos un campo de investigación y actuación de los gobiernos que puede ser prolifero, el mundo va para allá, ¿nosotros también?

 

 

Economista

@DrLuisDavidFer

 

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