Opinión


El sínodo ¿de la Amazonia?

El sínodo ¿de la Amazonia? | La Crónica de Hoy

Hoy domingo, en Roma, el papa Francisco inaugurará el Sínodo de la Amazonia. Es la primera ocasión que en Roma se discutirán, en un contexto como el del Sínodo de obispos, los problemas, los retos, que enfrenta el trabajo de la Iglesia en una zona del mundo especialmente difícil por los cambios acelerados que ocurren allá y que tienen implicaciones globales para la estabilidad del clima.

También es importante por los obstáculos que genera el modelo de celibato sacerdotal con el que la Iglesia católica opera, de manera oficial, desde hace 900 años, pero que ya desde que se empezó a formular la idea del celibato sacerdotal, por ahí del año 300 de nuestra era, siempre ha sido visto como una cuestión de disciplina y no como una de doctrina.

Por ello, lo que se resuelva en el Sínodo de la Amazonia podría tener implicaciones para esa región y para el conjunto de la Iglesia. Ése es el temor de algunos de los enemigos del papa Francisco que, comprometidos como están con que nada cambie, han emprendido una campaña de desprestigio contra él y sus colaboradores.

La campaña pierde de vista la gravedad de los retos que enfrenta la Iglesia católica en esa región del mundo, así como los efectos positivos que tendría impulsar una serie de reformas que mejoraran, en serio, el desempeño de las diócesis y las parroquias allá. La campaña ha seguido las líneas de las otras, contra el sínodo de la familia y de los jóvenes: el “riesgo” de que se introduzcan cambios doctrinales que—en la opinión de los rigoristas—pudieran acabar con la Iglesia como la conocemos, aunque en el caso del Sínodo de la Amazonia se han agregado actores como el gobierno nacional de Brasil, además de organizaciones retardatarias, enemigas desde hace muchas décadas de la Iglesia como Tradición, Familia y Propiedad, TFP.

TFP vive, desde la década de los cincuenta, de vender la idea de una profunda traición de parte de los papas, ya desde tiempos de Pío XII, que toma la forma de conspiraciones que usan para defender sus privilegios como terratenientes en las zonas rurales de Brasil y, de manera más general, como miembros de la casta de privilegiados que domina Brasil desde finales del siglo XVIII. TFP sería irrelevante en otro contexto, pero ellos estuvieron entre los grupos que apoyaron de manera entusiasta la llegada de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil.

No es de sorprender que Bolsonaro apoye ahora los excesos verbales y la difamación que caracterizan el discurso público de TFP, que ha encontrado en el ala conservadora de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos oídos propicios para sus teorías de conspiración. El cardenal Raymond Burke y el obispo Joseph ­Strickland promueven una campaña de ayuno y oración para evitar lo que ellos llaman un cisma. Afortunadamente, en este contexto al menos, los obispos de América Latina y Europa han cerrado filas en torno al papa Francisco y han dejado en fuera de lugar a los integristas y seudorigoristas de TFP, al cardenal Burke y a Strickland.

Habrá que ver cómo se desarrolla el sínodo y conocer a detalle las propuestas que se hagan. Lo que debe quedar claro es que tanto la urgencia de evangelización como la urgencia ecológica de la Iglesia, obligan a cambios profundos que no se queden en las apariencias.  No se trata sólo de permitir curas casados o no. Se trata de cambiar de fondo la mentalidad y la relación del clero con los fieles y eso sería bueno no sólo para la Amazonia.

 

 

Manuel Gómez Granados

manuelggranados@gmail.com

 

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