
Los virus de inmunodeficiencia de monos habían convivido con sus hospederos durante miles de años, hasta que el hombre en África —específicamente en el territorio hoy conocido como República Democrática del Congo— ingirió su carne, obtuvo sus pieles y estuvo en contacto con su sangre. Así, los virus mutaron y adaptaron al ser humano en dos tipos principales, 1 y 2, que habrían sido registrados en las primeras décadas del siglo XX en Kinshasa, capital del Congo Belga.
El subtipo B del VIH apareció por primera vez en Haití en 1964, proveniente posiblemente de migraciones provenientes de Kinshasa. De ahí, habría viajado hacia EU (Nueva York) en 1971, donde se volvió a esparcir a todo el mundo. Pero a lo largo de ese recorrido, el virus del Congo no fue el mismo que llegó hasta América, sino que mutó y se adaptó, especialmente un grupo llamado M, el cual tuvo un éxito epidemiológico, que a su vez se divide en subtipos y subtipos de subtipos, pero, además es capaz de recombinarse con otros tipos. En México, el subtipo B es el que ha proliferado, similar a EU, a diferencia de Europa, donde hay una diferencia debido a la migración africana.
Estudios epidemiológicos y filogenéticos de gran envergadura han trazado esta historia del virus, que no sólo desmiente la pueril creencia de que un paciente 0 lo esparció solo, sino que además han demostrado la amplia diversidad genética de éste y de su éxito bajo los parámetros de la selección y presión natural.
Este recorrido fue narrado por Santiago Ávila Ríos, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), durante la conferencia “Adaptación del VIH en la población mexicana: perspectivas para el desarrollo de vacunas y el control viral”, realizada en El Colegio Nacional en el marco del programa “Los viernes de la evolución”, coordinado por Antonio Lazcano.
Al hacer una comparación con datos de EU y Canadá, los científicos encontraron que el virus se adapta de manera distinta en México. Eso significa que en la búsqueda de obtener una vacuna, por ejemplo, la que se desarrolle en EU no sería efectiva en México. “Hay una selección menos fuerte en México, algo que nos intriga mucho”, dijo el investigador y añadió que los resultados de esta investigación están por publicarse.
Después de un análisis estadístico de diferencia de presión selectiva detectaron que es más fuerte en EU y Canadá que en México. “En la población mexicana no sólo la selección es más escasa, sino también más débil, lo cual es preocupante si queremos hacer una vacuna en nuestra población”.
En el mundo la estrategia más optimista para atacar a la enfermedad es una llamada kick and kill, que busca eliminar a los reservorios del virus que son los que impiden acabar con su replicación a lo largo del tiempo. Esta técnica busca darle una “patada” al virus para que se exprese y una vez identificado matarlo. El científico del INER explicó que lo que buscan las investigaciones en la actualidad es con qué dar la patada y con qué matar, “qué medicamentos y tratamientos para el kick y que anticuerpos o vacunas para el kill”.
Santiago Ávila refirió que la investigación básica en VIH es muy importante, debido a que muchas veces la falta de cura o tratamientos se debe a que se desconocen aspectos muy básicos del sistema inmune. “Lo entendemos poco y por eso no tenemos suficiente información para luchar contra otros padecimientos como el cáncer o enfermedades autoinmunes. “El estudio de la infección del VIH ha permitido saber más del sistema inmune, se han descubierto poblaciones de células inmunes específicas gracias a esto, por ejemplo”.
“Una vez que se inicia el tratamiento retroviral, no basta con los medicamentos, sino que además se requiere un acompañamiento constante, no sólo de médicos sino también de personal de salud mental, trabajadores sociales y otorgar una atención integral, porque para que los medicamentos funcionen se necesita una adherencia al tratamiento”.
Ése es el punto débil del programa de México, que es bueno en el otorgamiento del tratamiento a quien lo necesite de manera gratuita, algo que ni en EU tienen. “Lo malo es que México gasta todo en la compra del tratamiento retroviral y no hace campañas de educación ni de adherencia, eso es lo que nos falta para mejorar el control, además de la prevención y detección temprana”.
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