Opinión


Entre risas y juegos

Entre risas  y juegos | La Crónica de Hoy

Previo al espanto. Estampida de antorchas humanas. Una perforación ilegal ya conocida por Pemex, en los viejos ductos demasiado expuestos —casi a ras de tierra— en Hidalgo, durante la tarde del 18 de enero. Según el secretario Durazo (Reforma, de ayer) al abrir las compuertas del suministro, la gasolina se elevó a borbotones. Según otras versiones, la perforación se realizó allí, de nuevo, en ese mismo día. Como quiera, no era la primera vez. Tlahuelilpan ya estaba acostumbrado y entrenado para este oficio. Corrió la voz: “están regalando gasolina” y los vecinos acudieron con sus acostumbrados bidones, cubetas y hasta tinas de baño para captar el maná que acabaría provocando un infierno. Con 73 muertos es ya el peor accidente por “huachicoleo” en la historia de México (La Crónica, 19 de enero).

Vértigo del delito. Desde el año pasado, Hidalgo se convirtió en el segundo estado con mayores “eventos” de perforación de ductos y robo de combustible. 1,726 casos, sólo atrás de Puebla, superando ya a Guanajuato, Veracruz y el Estado de México. Sorprende la velocidad: en un año, 700 “piquetes adicionales” (Reporte Índigo, ayer).

Un pueblo ignorado en el espacio y el tiempo. Hasta antes del viernes, el municipio de Tlahuelilpan había recibido 12 entradas en internet durante 2018. No aparece en ningún atlas turístico y mucho menos en algún libro de historia ni siquiera de historia en Hidalgo. Nada que ver con la cercana y legendaria Tula o Huasca, por ejemplo. Aguas termales y un parque ecológico son sus atracciones. Poco menos de 20 mil habitantes, 65 por ciento en pobreza y el 69 por ciento adquiere un ingreso por debajo de la línea de bienestar. El 90 por ciento vive con alguna carencia vital (Coneval, 2015).  

Entre risas y juegos. Como en un cuadro del Bosco, así llegaron al infierno. En el momento del estallido —dice el Secretario de la Defensa— entre 600 y 800 personas se refocilaban alrededor de las zanjas hechas alrededor del tubo para retener la  gasolina. Declara Joselyn Sánchez ayer: “Había muchas personas que se acercaban con garrafones… había mujeres, adolescentes y niños. De hecho se acercaban a la fuente en camionetas para poder cargar. Y empezaron a jugar, a hacer borlote en donde estaba brotando el hidrocarburo; brincaban, se reían y echaban relajo. Se mojaban y les parecía gracioso. Mucha gente se estaba bañando con la gasolina… Había visto personas fumando, sin ningún tipo de precaución” (El Universal).

El Presidente se la rifa. Para confirmar su cercanía y su compromiso con el pueblo, López Obrador canceló su propio descanso y se dirigió hasta allí, al lugar de los hechos. No es un gesto baladí, sino un mensaje político: él ejerce un estilo directo, imperativo, resolutivo “una democracia del pueblo, una democracia de la gente” ha dicho, no de las elites, mucho menos desde los lejanos e inaccesibles gabinetes de emergencia. Algo de esto tendrán que aprender muchos partidos y políticos de México.

¿Mantener las ruinas? Informa Daniel Blancas en La Crónica: “Mientras en los últimos 30 años la red de ductos de Pemex se ha mantenido sin cambios y ha sido sometida a constantes reparaciones por fugas y tomas clandestinas, la cantidad de combustible inyectado por ahí casi se ha triplicado en el mismo lapso… la red de ductos mide 56 mil kilómetros, de los cuales 13 mil son problemáticos por las fugas ilegales y 6 mil están etiquetados como críticos… Desde la década de los 80 no se han canalizado recursos para su renovación o ampliación. Y, en contraste, el flujo de combustible se desbordó”. Es decir: enfrentar el problema implica un plan de modernización radical en Pemex, renovar infraestructura estratégica, más mucho más, que correr a comprar pipas a los E.U. Y por supuesto liberarlo de su aún enorme carga tributaria. La reforma fiscal no puede seguir siendo graciosamente eludida.  

Sermón y dádivas. A la mañana siguiente del desastre, la conferencia de prensa, donde reapareció el discurso pontificio: por robar, por no respetar los mandamientos, ocurren estas catástrofes. Comprensivo, el Presidente agregó: esto ocurre por la pobreza, por las necesidades de la gente, personalmente iré a entregar apoyos a Tlahuelilpan. Ni una ni otra configuran una solución, ni siquiera en el corto plazo. El combate al huachicol revela el enredo y la complejidad de nuestros problemas esenciales.

Hay que sacar las lecciones adecuadas, acudir a los que saben, salir de la improvisación, reconocer la maldad del hombre común, antes de que otra catástrofe nos alcance y devuelva a la “cuarta transformación” de su voluntarismo desbocado.

No basta con querer para poder, si no lo asimilamos, la realidad nos lo volverá a cobrar así sea en medio de un sarcástico chacoteo, juegos y risas del pueblo bueno.

 

 


Presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática
ricbec@prodigy.net.mx
@ricbecverdadero

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