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Esoterismo y terror en Nicaragua: Ortega y Murillo son Somoza al cuadrado

La purga de disidentes despeja el camino para que el exguerrillero sandinista y su esposa se coronen en noviembre como dignos sucesores del asesinado dictador

(La Crónica de Hoy)

Nicaragua es todavía una dictadura imperfecta, hecho este que preocupa a la pareja de dictadorzuelos, Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo. Carcomidos por la envidia que les produce Cuba, se preguntarán: ¿Cómo se puede lograr la dictadura perfecta, si parte de la prensa no se traga la propaganda del régimen, si el pueblo que no se somete dócilmente y si la oposición se atreve a retarnos en las urnas?

No se puede decir que no lo intentan con todas sus fuerzas. Al igual que su aliado venezolano, Nicolás Maduro, el presidente y la vicepresidenta de Nicaragua clausuran medios independientes, lanzan a sus fuerzas del orden y comandos paramilitares a reprimir manifestantes y han ordenado la persecución de líderes opositores. Pese a todo esto, siguen sin alcanzar aún ese control absoluto del poder, ese régimen de partido único que tienen en Cuba. Pero esto podría empezar a cambiar dentro de cinco meses.

El objetivo para avanzar irreversiblemente hacia un régimen de partido único tiene una fecha marcada: el 7 de noviembre, cuando Daniel Ortega (75 años) se proclamará vencedor de las elecciones y sume otros cinco años de los quince consecutivos que lleva ya gobernando junto a la Chayo (70 años).

Aleccionados por su gran aliado internacional, el presidente ruso Vladimir Putin, la mejor manera de garantizar la victoria es quitando del medio a los rivales políticos. Pero, a falta de polonio y agentes nerviosos con los que envenenar, siempre quedan las purgas políticas para difundir el terror.

Bajo la nueva ley para perseguir a traidores fueron cayendo, uno a uno, los precandidatos presidenciales -ya van cinco-, y se extendió a periodistas e incluso exguerrilleros sandinistas históricos, como Hugo Torres: “Hace 46 años, arriesgué la vida para sacar de la cárcel a Daniel Ortega y a otros compañeros presos políticos”, dejó grabado el general antes de ser arrestado, recordando el asalto en 1974 de la residencia de un ministro de Somoza, para lograr la liberación de varios compañeros sandinistas, entre ellos Ortega, de quien dice ahora que es versión “corregida y aumentada” de Somoza.

Tras un mes de silencio, la respuesta de Ortega a la ola de críticas llegó este miércoles, minutos después de que el secretario de Defensa ruso, el general del Serguéi Shoigu, afirmase que Nicaragua, Cuba y Venezuela necesitan “ahora más que nunca” el apoyo de Moscú .

“Todo lo que estamos haciendo es conforme a la ley para enjuiciar a los que han cometido delitos contra la patria, como se hace con los narcotraficantes. ¡No habrá un paso atrás!”, advirtió Ortega y se preguntó: ¿A cuenta de qué se habla en los medios de comunicación de la derecha global de que están detenidos precandidatos? Aquí se está juzgando a criminales”.

Dicho esto, recordó que en Nicaragua habrá “elecciones democráticas” en noviembre (y si no le creen a él, podría haber añadido, que le pregunten a sus dos “tontos útiles” latinoamericanos, los presidentes de Argentina y México, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, quienes reprochan la injerencia de otros países en el “proceso democrático” que, dicen ellos, está en marcha en Nicaragua).

Se ha dicho más arriba que la dictadura cubana --entre cuyos logros está que nadie la considere una dictadura, a riesgo de ser uno acusado de imperialista o fascista-- roza la perfección, pero no es suficiente, ya que la pareja presidencial nicaragüense no encaja en esa moralina comunista de austeridad y rectitud ideológica, que caracterizó a los hermanos Fidel y Raúl y continuó Miguel Díaz-Canel.

A Ortega, pero sobre todo a su mujer y a sus hijos, les gusta demasiado la buena vida y consideran que Nicaragua, más que una propiedad del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), como lo es en Cuba el Partido Comunista, es un cortijo familiar, donde puedan saquear a placer, tal como aprendieron de Somoza, el tirano protegido de Estados Unidos contra el que se levantaron en armas y derrocaron en 1979.

Nicaragua, el país más pobre de América después de Haití, no sólo asiste impotente a la deriva autoritaria del régimen, sino al saqueo de sus extenuadas arcas a manos de la pareja y de siete de sus nueve hijos, que reciben salario como “asesores presidenciales” y cuyos caprichos son órdenes: que Rafael domina los números, lo nombran director de la empresa estatal de petróleo, que a Camila le gusta la moda, la nombran directora del principal desfile del país; que a Laureano le gusta el belcanto, se le nombra estrella de los festivales de Ópera; que a Juan Carlos le gusta el rock, se le pone y promociona su banda…

La única que se vio “desheredada” y “desterrada” de Nicaragua es Zoilamérica Narváez, la primogénita de los tres hijos que tuvo Rosario Murillo, antes de juntarse con Ortega.

Tras la derrota electoral de 1990, cuando Violeta Chamorro ganó la presidencia , Daniel Ortega tuvo un último acto de nobleza al reconocer su derrota, tras diez años en el poder, y se autoexilió en Costa Rica, donde vivían de la ayuda de camaradas como el coronel libio Gadafi. La desgracia para Zoilamérica y la fortuna para su madre ocurrió en 1998, cuando la joven denunció que fue violada por su padrastro cuando era una niña de seis años.

La reacción de la madre tuvo que ser doble violación para la hija. En vez de defenderla, declaró que Zoilamérica era una “loca, mentirosa y traicionera”.

La mayor de los nueve hermanos tuvo que huir del país y Ortega se salvó de la cárcel gracias al apoyo firme de Murillo, su principal testigo en el juicio. Como relata a El País la periodista Sofía Montenegro: “Es el momento clave de Rosario Murillo: Descalifica, desmiente y sacrifica a su hija; y asíse hace imprescindible para Daniel”.

Se convierte primero en su jefa de campaña, en su vocera, tras regresar al poder en 2007 y, gracias a la red clientelar que tejió con los petrodólares venezolanos, en vicepresidenta, luego de apartar a las voces críticas del sandinismo.

A partir de entonces, no sólo los sandinistas leales a su origen estaban perdidos --como los caídos en desgracia, el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal y Edén Pastora, el legendario Comandante Cero--, sino toda la población. Cuando estalló en 2018 la protesta contra la miseria y la nueva oligarquía orteguista, Ortega se fue a Cuba y Murillo, al frente del país dijo a los mandos: “Denles con todo”. Y luego se iba a las cadenas de televisión controladas por sus hijos para despotricar contra los estudiantes: “¡Minúsculos!”, les gritaba, “no son otra cosa que vandálicos, plagas, delincuentes, vampiros, terroristas, golpistas y diabólicos. “¡No pasarán! Los diabólicos no podrán nunca gobernar Nicaragua”, advirtió.

Según el último balance de la ONU suman 328 muertos, decenas de desaparecidos y miles de encarcelados, y más de 700 presos políticos, muchos de ellos torturados.

Con Ortega prácticamente abducido por su esposa --la nombró Eterna Leal--, con la revuelta popular aplastada y con la oposición arrestada, el sueño de Rosario de liderar una dictadura perfecta --partido único, saqueo e ideología cristiano-socialista-esotérica-- está más cerca. Así podrá invertir el escaso dinero público en una de sus prioridades: la puesta en marcha de una Secretaría Nacional para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, la Luna y otros Cuerpos Celestes, como se anunció en enero, en vez de dedicarse al combate de la pandemia.

Como escribió entonces en Twitter el político Félix Madariaga: “Los Ortega-Murillo viven en la luna”. Hoy, el precandidato presidencial está en la cárcel.

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