Opinión

Estado laico, presidentes católicos

El periodista Juan Manuel Asai
El periodista Juan Manuel Asai El periodista Juan Manuel Asai (La Crónica de Hoy)

Año de 1979, presente lo tengo yo. Ya llovió, pero recuerdo con nitidez el día de la llegada del papa Juan Pablo II a México. Hablo de la primera visita porque después, una vez conocido el caminito, vino varias veces. Esa primera vez fue de alto impacto en la ciudad y el país. El Papa ganó la partida cinco segundos después de bajar de la escalinata del avión. Lo primero que hizo fue hincarse y besar el suelo mexicano. Cuando se levantó tenía al país en el bolsillo.

Por esa época yo vivía con mi familia en un edificio de la colonia Del Valle. Varios de nosotros caminamos hasta Insurgentes, a la altura del Parque Hundido, para ver pasar al Papa que iba a la Nunciatura, en San Ángel. En aquel viaje hizo su debut la primera versión del Papamóvil, hoy tan celebrado. Fue emocionante ver al Pontífice. Iba vestido de blanco de los pies a la cabeza y con la cara roja, porque Karol era güero en extremo. Nosotros, los de entonces, no somos los mismos, vale decir. Ni México ni la Iglesia.

Visitante distinguido.- Acaso los lectores más jóvenes no lo sepan, pero el entonces presidente José López Portillo recibió al Papa en calidad de visitante distinguido porque México y el Estado Vaticano no tenían relaciones diplomáticas. Las tuvieron hasta la década de los 90. Aquel viaje dejó, para quien supo leerlo, varias lecciones. La primera, me parece, es que los cristeros perdieron varias batallas, pero ganaron la Guerra de 1926-1929 en contra del Estado mexicano. Todo por lo que pelearon lo consiguieron, incluso por encima de la Constitución.

Van algunos ejemplos: curas y monjas pueden ir por la calle vestidos como curas y monjes. La educación religiosa es una realidad apabullante. La inmensa red de escuelas católicas del país fue una de las protagonistas de aquel viaje, el de 1979, y lo será del que emprende este viernes el papa Francisco. Los templos están abiertos todo el tiempo que quieren los curas. Hay muestras inagotables de culto público, a la vista de todos. De hecho, los medios de comunicación los convocan al aire en sus programas. Hay medios de comunicación que son más papistas que el Papa. Por supuesto, también hay sacerdotes extranjeros que entran y salen del país y ejercen el ministerio sin limitantes. La Iglesia es católica, apostólica y romana, muy romana, no mexicana, como pretendía el grupo de generales sonorenses que ganó la Revolución.

Pero no sólo eso, hay más. Los tres últimos presidentes de la República han sido católicos practicantes, formados en escuelas confesionales. Fox estudió en escuelas jesuitas; Felipe Calderón con los maristas de Morelia y Peña Nieto se graduó en un colegio del Opus Dei. ¡Qué fuerte! Por si eso fuera poco, los mártires de la Guerra Cristera van camino a los altares, ya sea en calidad de beatos o de santos. Vista desde el 2016, esa guerra la ganaron los cristeros sin espacio para la duda. La clase política de nuestros días, incluso los políticos que llegaron al poder abanderando propuestas de izquierda, están sin excepción al servicio de la jerarquía. No digo que sean hombres de fe, ejemplares, bondadosos, generosos. Nada de eso, al contrario, son políticos. Saben que los gestos de amabilidad con el Papa son puntos a su favor en las encuestas.

Pues bien, el papa Francisco, que hace una escala en Cuba, llega esta noche al país. Ratificará, para los escépticos, quién ganó la Guerra Cristera.

@soycamachojuan

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