Opinión


Estrellitas de “autenticidad” periodística

Estrellitas de “autenticidad” periodística | La Crónica de Hoy

Aunque estamos en nuevos escenarios mediáticos, nuestros comportamientos siguen siendo lacrimógenos.

La convergencia digital, la hibridación de medios y el indudable avance de la libertad de expresión, no corren paralelos, ni remotamente, a la necesaria convergencia social que este no tan nuevo entramado comunicacional, hiperconectado y cada vez más multirrelacionado, necesita para operar con más funcionalidad que parcelarización.

El exagerado, y alimentado desde ambas trincheras, debate entre “verdaderos” periodistas y youtubers, es un botón de muestra. ¿Qué hace a un “verdadero” periodista? ¿Los medios para los que trabaja? ¿Su título de periodista o comunicólogo? ¿Sus años de experiencia en redacciones cada vez más abandonadas? La verdad es que me resultan antipáticos los títulos de autenticidad periodística que se reparten entre algunos colegas de un gremio que ningunea a los nuevos agentes informativos que procesan la información política de manera muy sencilla en cuanto a recursos se refiere, y eficiente, no en todos los casos, al grado de que varios de ellos tienen muy respetables márgenes de audiencias que les compran su discurso, les pasan información y los defienden en la redes sin las granjas de troles que ahora se financian con dinero de la empresa privada que en sexenios pasados se benefició con contratos leoninos, exenciones inverosímiles de impuestos y un pernicioso tráfico de influencias que seguimos pagando.

Así como hay youtubers jóvenes, los hay también de muchos años en la brega, como Rafael Loret de Mola, que tiene un canal desde el que da sus agudas opiniones de viejo lobo de mar de la política y el periodismo.

Manú Dornbierer también hace uso de la red de facebook para ofrecernos la agudeza de su mirada de muchos años de periodismo crítico, ejercido sobre todo por medio de su memoriosa pluma.

El nuevo escenario mediático, es y será mutante, medios tradicionales de comunicación como Radio Centro, también se han hibridizado.

Los casos de Carmen Aristegui y Julio Hernández López, que aprovecharon las redes sociales para incorporar a sus audiencias fieles y generar nuevos públicos, convergen ahora en medios que aprovechan esa infraestructura periodística para contar con una cobertura más dinámica que potencia con diversidad, y pluralidad de contenido, algunas transmisiones del grupo empresarial.

Hay muchas apuestas de comunicación. No es el sistema tecnológico lo que está cambiando única, frecuente y vertiginosamente, son las maneras con las que nos relacionamos con él.

Existen muchas vías pero pensemos en dos: la transversal, que entiende y trabaja con las nuevas configuraciones de acceso a la comunicación y la nostálgica, que quisiera seguir operando con modelos de chantaje que un expriista inmortalizó con una frase que pasó del: “no pago para que me peguen” del lopezportillismo al “pago para que no me peguen” del prianismo; modelo que más allá de las líneas editoriales de los medios, entró en crisis a partir del primero de diciembre con un gobierno que proclama la “pobreza franciscana” cuando se trata de liberar recursos, incluso para sus propios planes de gobierno.

Otro escenario que cambió son los monopolios de la distribución de contenidos. Por ejemplo, con la misma desfachatez que Televisa le negaba y niega el derecho de réplica a un televidente aludido en alguna noticia o reportaje, hoy un monopolio como Twitter puede negarle la libertad de expresión a importantes actores de la noticia como Alfredo Jalife, un bien informado y divertido generador de opinión que tenemos derecho a leer y escuchar.

En el caso del cierre de su cuenta, es obligación de Twitter hacer explícito por qué la clausuró.

Y mucho me temo que las cañerías que permitían la funcionalidad del discurso monotemático, se están adaptando a los nuevos monopolios.

 

 

dgfuentes@gmail.com

 

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