
La gran mayoría de los mexicanos no entiende con claridad el etiquetado frontal en los alimentos procesados, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2016 Medio Camino (Ensanut MC 2016), a dos años de su implementación, a finales de junio de 2015 .
De acuerdo con la Ensanut MC 2016, el 76.3 por ciento de la población no sabe cuántas calorías debería consumir al día, porcentaje mayor en zonas rurales: 82.5 por ciento. En el país, refiere, se encontró que 30.5 por ciento de la población reporta que el etiquetado nutrimental actual es “algo comprensible”; 28 por ciento “poco comprensible”; y 16.6 por ciento “nada comprensible”, mientras que 13.8 por ciento dijo que es “muy compresible”.
“El etiquetado sólo es ‘muy comprensible’ para el 13.8 por ciento de la población, cuando que su función es que lo sea para la mayoría”, refirió ayer Fiorella Espinosa, investigadora en salud alimentaria de El Poder del Consumidor, organización miembro de la Alianza por la Salud Alimentaria (ASA). “El etiquetado cumplió dos años de su implementación y no se ha fortalecido, no obstante que no está funcionando”.
En conferencia, la especialista recordó que el etiquetado GDA (Guías Diarias de Alimentación) no fue desarrollado por expertos —dos funcionarios y una epidemióloga con especialidad en ciencias ambientales— y que éste obedece al criterio y diseño de la industria.
También refirió que la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes adoptaba originalmente un criterio de azúcares agregados de 200 kilocalorías para el etiquetado, obedeciendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Pero cuando fue publicado en el DOF, se modificó con una base de azúcares totales de 360 kilocalorías”.
Ejemplificó que una bebida azucarada que aporta 252 kilocalorías de azúcar se muestra en el actual etiquetado como si tuviera un aporte del 70 por ciento del azúcar diaria, pero si se toma el límite recomendado de la OMS, debería señalar que aporta un 126 por ciento de azúcar. Puesto en gramos, la OMS recomienda limitar el consumo a 50, en tanto que la base del GDA es de 90, casi el doble. “El etiquetado está engañando al consumidor”.
En un documento de la OPS de 2014 firmado por su anterior directora, Maureen Birmingham, se explicó a la Secretaría de Salud que la terminología utilizada en el etiquetado mexicano “tiene riesgo de mal informar al consumidor”, y hace creer que consumir hasta 90 gramos de azúcar al día no es perjudicial para la salud. Agrega que este valor es “incompatible” con la estrategia contra el sobrepeso, obesidad y diabetes emprendida por el gobierno.
Si bien hay diversas experiencias con diferentes etiquetados de productos en el mundo, Espinosa puntualizó que desde 2014 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) aclaró que debe tener al menos dos características: su uso debe ser rápido y sencillo, y que para ello se pueden usar símbolos y colores.
En un ejemplo más cercano a México, apuntó que la Ley de alimentos en Chile ha arrojado buenos resultados y cuyo apoyo social es del 95 por ciento. El programa impulsado por el gobierno chileno emplea logos de advertencia en productos con altos contenidos de azúcares, grasas saturadas, sodio y calorías, resaltando que son poco saludables.
La ASA presentó en 2015 su propia Encuesta Nacional de Obesidad, la cual refiere entre sus resultados un alto porcentaje de aprobación de la población por la implementación de un etiquetado entendible. “El 93 por ciento estuvo de acuerdo con que la etiqueta al frente a los empaques señale el nivel de azúcar añadido de un producto, vital para hacer elecciones saludables. El actual sólo informa sobre azúcares totales y de una forma que no es entendible”, dijo Fiorella Espinosa.
Un porcentaje similar aceptó la implementación de una advertencia en aquellos productos con mayor contenido de azúcar que el recomendado por expertos y que se utilicen símbolos, dibujos o colores comprensibles para niños y adolescentes.
“Es necesario que el actual secretario de Salud, José Narro, no deje las cosas como se las encontró [por la administración de Mercedes Juan López] y atienda los compromisos establecidos en Gobierno Abierto” —consistentes en la modificación del etiquetado frontal y el establecimiento de los procedimientos para evitar el conflicto de interés en el diseño y evaluación de la política—, señaló Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor.
“La Secretaría de Salud tiene un problema, porque el organismo que ha creado (el Observatorio mexicano de enfermedades no transmisibles) y que evaluará estas políticas, se han conformado en cerca de la mitad de sus miembros por personas vinculadas a la industria”.
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