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Felipe de Edimburgo: Orgullo, racismo y lealtad bajo la sombra de Isabel II

HISTORIA. El monarca consorte de la Casa de Windsor fallece a los 99 años tras una vida como fiel escudero de la reina, pero siempre salpicado por las polémicas y las acusaciones de racismo y misoginia; tormentas que siempre logró capear hasta que la, los ataques del príncipe Harry y su esposa Meghan a la familia real, le agarraron hospitalizado.

Felipe de Edimburgo: Orgullo, racismo y lealtad bajo la sombra de Isabel II | La Crónica de Hoy

La reina Isabel II y su esposo, el príncipe Felipe, en una imagen de archivo (EFE).

El aluvión de condolencias y recuerdos llegados desde todo el mundo a pocas horas de la muerte de Felipe de Edimburgo, este viernes a los 99 años, dejan clara la importancia que tuvo el príncipe dentro de la familia real británica desde que en 1947 contrajo matrimonio con la entonces heredera al trono y actual monarca regente, Isabel II, de 94 años.

Desde que el monarca ascendió al trono, en 1952, tras la muerte de su padre, el rey Jorge VI, Felipe de Edimburgo se mantuvo como fiel escudero de la reina, consciente de que, en un mundo profundamente machista, el éxito del reinado de su esposa dependía de su lealtad absoluta. De esta manera, el duque de Edimburgo fue pieza clave de la realeza británica para, entre bambalinas, contribuir a apagar cada incendio que se sucedía en la familia.

Hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg, Felipe de Edimburgo nació el 10 de junio de 1921 en Corfú, Grecia, bajo el nombre civil de Felipe Mountbatten, y el nombre nobiliario de Felipe de Grecia y Dinamarca. Recibió su primera educación una elitista escuela estadunidense en París, y se integró en la Marina Real Británica en 1939 –cuando conoció a la princesa Isabel— y sirvió allí durante la II Guerra Mundial y hasta su acenso al trono como príncipe Felipe, luego también como duque de Edimburgo, aunque nunca oficialmente como rey consorte.

ORGULLO DE NOBLE

Y fue desde entones, desde el inicio, que su rol como monarca consorte estuvo marcado por la polémica: trató de hacer valer su estatus para que la familia real británica cambiara su nombre de Casa de Windsor a Casa de Mountbatten, un apellido alemán que la sociedad británica no estaba dispuesta a aceptar, y mucho menos, apenas siete años después del fin de la II Guerra Mundial, en la que la Alemania nazi combatió contra Reino Unido (de hecho, dos de los cuñados del duque de Edimburgo combatieron en las filas de Adolf Hitler).

Finalmente, Felipe cedió y la realeza británica siguió siendo la Casa de Windsor, pero la constelación de la realeza nunca toleró del todo bien al orgulloso royal griego y de familia alemana. Su orgullo tampoco vaticinaba décadas tranquilas, y la férrea personalidad del duque de Edimburgo sirvió tanto para apaciguar ánimos en múltiples polémicas como para exacerbar las divergencias y las fisuras internas.

MISOGINIA Y RACISMO

A Felipe de Edimbugo, por ejemplo, nunca le gustó la princesa Diana. O al menos eso dijeron los tabloides ingleses desde que Lady Di se casó con el príncipe Carlos, su hijo, en 1981. Cuando esta murió, en un accidente de coche, en agosto de 1997, un año después de divorciarse, Mohamed Al-Fayed, padre de su nuevo novio, Didi Al-Fayed, acusó a Felipe de conspirar para acabar con la vida de Diana. Desde luego no hay ninguna prueba de ello, y unas cartas entre Diana y Felipe, filtradas a la prensa sensacionalista en 2003 por un antiguo mayordomo real, revelan el rechazo de Felipe al divorcio de su hijo para ennoviarse con Camila Parker Bowls. Sin embargo, es difícil si el mensaje era de un aprecio real por Diana o más por el rechazo a los escándalos maritales que azotaban a la familia.

Y es que, más allá de la especulación, parece sintomático que también se haya rumorado durante décadas que el esposo de Isabel II tampoco se llevaba bien con Sarah Ferguson, ex esposa del tercer hijo de la pareja real, el príncipe Andrés. Y más de lo mismo con Meghan Markle, la esposa de uno de sus nietos, el príncipe Harry, ahora exiliados voluntariamente a Estados Unidos, ya sin títulos nobiliarios, para, en palabras de ella, huir de la presión del racismo de la familia real.

Y es que la vida del príncipe Felipe ha estado marcado por numerosas frases y comentarios que han dejado claro que su carácter estaba forjado en otra época. Una en que las mujeres, al menos, no las reinas, quedaban relegadas a la sumisión a los hombres y en que el racismo flagrante era la nota dominante, o al menos, no requería ser disimulado.

Desde la década de los ochentas, las acusaciones de racismo fueron en aumento. En una visita a un grupo de estudiantes británicos en China, les dijo: “Como se queden aquí mucho tiempo les van a quedar los ojos rasgados”, y en otra ocasión, al ver una caja de fusibles chispeando en una visita a una fábrica, exclamó: “¡Parece que la ha amado un indio!”. Al reunirse con el embajador británica en Papúa Nueva Guinea en 1998, le preguntó cómo lo había hecho para que los nativos “no lo devoraran”, y en una visita oficial a Australia preguntó a un líder aborigen si "aún se lanzan jabalinas unos a otros".

También en una ocasión preguntó "de qué exótica parte del mundo” procedía un diputado tory: "Birmingham", respondió este.

Más allá de las polémicas familiares, el duque de Edimburgo también dedicó varias frases irrespetuosas a las mujeres. Como, por ejemplo, cuando, en 1961, aseguró que “las mujeres británicas no saben cocinar”. Esto, tras una visita al Instituto Escocés de las Mujeres.

FIEL ESCUDERO

Pese a todo, las polémicas de Felipe, y las expresiones de su inquebrantable orgullo, siempre fueron internas. De cara al público, el duque de Edimburgo siempre mostró una sonrisa y exhibió un humor burlón cuando le preguntaban por su rol a la sombra de la reina Isabel II. "Soy el desvelador de placas más experto del mundo”, dijo en una ocasión, acerca de sus tareas oficiales como esposo de la reina.

Durante el Jubileo de Diamantes en 2012 (los 60 años del trono de la reina), Isabel II llegó a referirse al duque de Edimburgo como su "constante fortaleza y guía", en una demostración de unidad en medio de los rumores que durante décadas señalaron fricciones e incluso infidelidades en la pareja real.

SU ÚLTIMA POLÉMICA

Aquejado por la edad, Felipe se retiró de la vida pública hace cuatro años, pero no pudo evitar acaparar las portadas de los tabloides una última vez con sus polémicas en enero de 2019, cuando, a los 97 años, el Duque de Edimburgo salió ileso de un aparatoso accidente de tráfico mientras manejaba él mismo un vehículo Land Rover. Luego se supo que Felipe no usaba cinturón de seguridad durante el siniestro.

Tras toda una vida dedicada a respaldar a su esposa la reina y a apagar fuegos en los incendios familiares, Felipe de Edimburgo ya no pudo librar su última batalla. Cuando el 7 de marzo de 2021 se emitió la explosiva entrevista en que el príncipe Harry y su esposa Meghan acusaron a la familia real británica de racismo, el esposo de la reina se encontraba internado en el hospital londinense de St Bartholomew's para tratar una "dolencia cardíaca preexistente".

Finalmente, le dieron el alta el 16 de marzo, pero mientras la polémica aún arreciaba, y las acusaciones y defensas sobre el supuesto racismo de la Casa de los Windsor iban y venían, la luz del duque de Edimburgo ya se apagaba lentamente.

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