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Francisco canoniza al "niño cristero"

El Papa Francisco declaró hoy como santo de la Iglesia católica el joven mártir mexicano José Sánchez del Río (1913-1928), el “niño cristero”, durante una misa con amplia presencia mexicana en el Vaticano.

Jóvenes peregrinos en la Plaza de San Pedro
Jóvenes peregrinos en la Plaza de San Pedro Jóvenes peregrinos en la Plaza de San Pedro (La Crónica de Hoy)

El Papa Francisco declaró hoy como santo de la Iglesia católica el joven mártir mexicano José Sánchez del Río (1913-1928), el “niño cristero”, durante una misa con amplia presencia mexicana en el Vaticano.

Poco después de las 10:15 horas local (09:15 GMT), comenzó la ceremonia de canonización de siete beatos con una larga procesión de obispos y cardenales que se dirigió hacia el atrio de la Plaza de San Pedro.

Desde las primeras horas de este domingo miles de peregrinos hicieron largas colas para ingresar a la plancha asfáltica y durante la espera del inicio de la celebración se entonaron varios cantos mexicanos como el himno “Viva Cristo Rey” y “La Guadalupana”.

Una vez iniciada la misa, el primer acto fue la lectura de las biografías breves de los siete nuevos santos por parte del cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Se trata, además del joven mexicano, de Salomón Leclercq (1745-1792), Manuel González García (1877-1940), Ludovico Pavoni (1784-1849), Alfonso María Fusco (1839-1910), José Gabriel del Rosario Brochero, el “cura gaucho” argentino (1840-1914) y Isabel de la Santísima Trinidad Catez (1880-1906).

El propio “purpurado” dirigió al pontífice la petición oficial para que ordenase la inscripción de los siete beatos en el Elenco de los Santos y “como tales sean invocados por todos los cristianos”.

Entonces se pasó a entonar la Letanía de los Santos e, inmediatamente después, Francisco pronunció en latín la fórmula con la cual todos quedaron canonizados.

En el texto invocó la “autoridad de nuestro señor Jesucristo”, la “exaltación de la fe católica” y el “incremento de la vida cristiana” –después de haber reflexionado- para “declarar y definir” santos a los beatos.

Con esas palabras quedó cumplido el rito oficial, que levantó un largo aplauso de los presentes, entre ellos las delegaciones oficiales. La comitiva institucional mexicana fue encabezada por Roberto Herrera Mena, director general adjunto para Asuntos Religiosos de la Presidencia de la República.

Con la fórmula oficial de canonización del joven mártir michoacano José Sánchez del Río, pronunciada esta mañana por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, México sumó 32 santos de la Iglesia católica.

Francisco ordenó que el “niño cristero” sea inscrito en el Elenco de los Santos y autorizó que todos los cristianos lo invoquen como tal, en una misa en la cual elevó al honor de los altares a otros seis beatos, entre ellos el cura “gaucho” argentino José Gabriel Brochero.

Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo. Cuando en 1926 estalló la así llamada “Guerra Cristera”, sus hermanos se unieron a las fuerzas rebeldes al régimen, violento y anticristiano, que se había instaurado en el país. También José fue reclutado.

“En Sahuayo el catolicismo era activo y por esta razón el movimiento de los ‘cristeros' estaba arraigado. Los sacerdotes que vivían como clandestinos se quedaron en Sahuayo durante toda la persecución, sin abandonar jamás a su grey”, indicó la biografía oficial del nuevo santo.

“En esos años, se hablaba con frecuencia de los primeros mártires cristianos y muchos jóvenes estaban deseosos de seguir sus huellas”, agregó el texto difundido por el Vaticano.

Recordó que el 25 de enero de 1928, en el curso de una violenta batalla, José fue capturado y llevado a su ciudad natal, donde fue encarcelado en la iglesia parroquial, que había sido profanada y devastada por los federales. Le hicieron la propuesta de huir para evitar la condena a muerte, pero él la rechazó.

Añadió que durante su detención, y con el fin de hacerlo renegar de su fe para que pudiera salvarse, fue torturado y obligado a asistir al ahorcamiento de otro muchacho que estaba prisionero con él.

Describió cómo le desollaron las plantas de los pies y lo obligaron a caminar hasta el cementerio; allí, puesto ante la fosa donde sería enterrado, lo apuñalaron sin darle muerte, pidiéndole de nuevo que renegara de su fe.

“Pero José, cada vez que lo herían, gritaba: ‘¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!'. Por último, fue ejecutado con un disparo de arma de fuego. Era el 10 de febrero de 1928”, siguió.

“Tenía casi 15 años de edad. Tres días antes había escrito a su madre: ‘Resígnate a la voluntad de Dios. Yo muero contento porque muero al lado de nuestro señor'. En el 2005, fue beatificado por el Papa Benedicto XVI”, apuntó.

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