Opinión


Galería de la infamia

Galería de la infamia | La Crónica de Hoy

Está en su apogeo la temporada de insultos y calumnias al Presidente de la República, en un ejercicio que, mientras más ­desaforado es, consigue mayor resonancia.

El calibre de las ofensas ha igualado al que alcanzó en los puntos más álgidos de las tres últimas campañas electorales por la Presidencia.

¡Cómo estará la cosa que hasta esa especie de Vicente Fox ilustrado que es Diego Fernández de Cevallos, ya salió a pedir respeto para el Jefe del Estado.

Ver para creer. Es el mismo Jefe Diego que el 5 de febrero pasado declaró que el presidente Andrés Manuel López Obrador es “un porro, un provocador, un rufián con poder”.

La excreción de denuestos se contuvo por unos días, en los inicios de la administración. Estaba claro: los malquerientes —genuinos o por contagio o encargo— del tabasqueño, medían con prudencia el talante de éste en su empaque de gobernante.

Era comprensible. Por temerario que sea, no hay loco que coma lumbre.

Menos de 80 días después de aquella breve tregua, los contradictores del Jefe del Ejecutivo ya le tomaron la medida.

A nadie intimidan la legitimidad fincada en la mayor votación en décadas ni las encuestas que disparan arriba de 80 por ciento los rangos de aceptación presidencial.

Del total irrespeto al Presidente dio prueba el exsecretario de Turismo, Enrique de la Madrid, al declarar que cree haber visto en nuestro país la tendencia hacia un gobierno fascista. ¿Lo creerá de veras?

Si no fuera por la firmeza de riel de las convicciones del vástago de Miguel de la Madrid, exhibida hace un año, tras su propuesta de legalización de las drogas, uno pensaría que estamos ante una hábil y madrugadora toma de posición política personal, de cara al 2024.

Menos que un suspiro duró en aquella ocasión la propuesta del titular de la Sectur en su calidad de secretario de Estado.

Se apresuró a aclarar que sus dichos no tenían que ver con la postura del gobierno de Enrique Peña Nieto. Que eran de su ronco pecho.

“Quiero ser enfático en que mi opinión sobre la legalización de la mariguana es una reflexión a título personal, basada en el análisis y estudio del tema por muchos años”, dijo De la Madrid bajándole todo el volumen a su alocución.

Si el mismo rigor analítico y de estudio aplicó para hallar trazas de fascismo en el gobierno lópezobradorista, hay razones para esperar una retractación y una disculpa.

De idéntico ánimo de injuriar dieron prueba líderes de opinión que, contra toda evidencia, equipararon al mandatario ya no sólo con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sino con Mussolini, Pol Pot y Mao Zedong.

Vieron en la investigación sobre el conflicto de intereses en que se debate Guillermo García Alcocer la misma estrategia de muerte civil aplicada de manera selectiva por los regímenes de Ruanda, Bosnia y Alemania.

Los señalamientos provienen de sesudos analistas de la realidad nacional y global, lo cual no permite suponer que se trata de raptos de humor, de fino periodismo satírico.

Las acusaciones fueron lanzadas como vehemente defensa a priori, sin detenerse siquiera para exigirle al Presidente pruebas de sus dichos con relación al polémico funcionario.

¿De verdad alguien puede creer que no hay en el caso de García Alcocer conflicto alguno de intereses, con dos parientes de su esposa —hermano y primo— incrustados en áreas, si no de su competencia directa, sí del rubro que él atiende?

¿Se puede deglutir sin chistar la inocentada de que el titular de la CRE mira para otro lado o desde detrás de un grueso cristal, sin opinar ni tratar de influir, cuando en el cuerpo técnico que preside o alguna otra instancia de ese sector se debate el otorgamiento de concesiones para sus familiares?

¿Es cierto o no que son por lo menos ocho las empresas con las cuales pueden existir intereses personales del funcionario en conflicto con los intereses institucionales que debe preservar?

¡No nos crean tan bobos a los mexicanos esos acelerados defensores de oficio del presidente de la CRE, que en su afán desgranan gruesas ofensas sobre el Presidente!

El político de Macuspana, ciertamente, está debiéndole al país datos precisos de sus duros señalamientos contra García Alcocer.

Si bien ya nos dijo que indagaciones de este tipo no se hacen de un día para otro, es indispensable conocer resultados a la mayor brevedad.

Sólo a partir de esa información tan facilonamente descartada por los defensores de García Alcocer se podrá determinar si estamos ante un injusto acoso penal y administrativo, o ante un interés plausible de aplicar la ley y hacer justicia.

Los dicterios en contra del Presidente de la República a punta de noticias falsas, paparruchas, han menudeado en los últimos tres lustros, con picos hacia arriba en tiempos de campañas electorales.

Mediante spots en radio y televisión, desde un membrete llamado Mejor Sociedad, Mejor Gobierno, Guillermo Velasco Arzac ya en 2008 comparaba al Peje con los más sanguinarios dictadores de la historia: Hitler, Mussolini, Victoriano Huerta, Pinochet y otros próceres.

Y en diciembre pasado, en los albores del actual gobierno, tocó turno al PAN, cuyos dirigentes, también por televisión y radio e incluso mediante volantes que hicieron circular como propaganda de cine, alinearon al Presidente mexicano con todos los personales ya citados más Stalin y el norcoreano Kim Jong-un.

Propensos a tirar la piedra y esconder la mano, líderes del PAN salieron a la palestra no para fundamentar su comparación o reconocer que se trataba de una absoluta y mentirosa desmesura, sino para decir que sólo estaban abriendo el paraguas antes del aguacero.

El dirigente Marko Cortés sostuvo que en esos materiales no se comparaba al Presidente con Hitler, sino que sólo se buscaba hacer una advertencia para evitar que su gobierno se convierta en una dictadura.

Actuó bien frente a aquella campaña el mandatario: se limitó a aprobarla y a expresar respeto por la misma.

Trató a los líderes panistas con la actitud de quien está aquejado por esa rara enfermedad oculoauditiva, que a Carlos Salinas de Gortari lo hacía ver y escuchar únicamente lo que le interesaba.

El respeto, es cierto, no llega solo, es menester ganárselo. Y aplica a nuestro Presidente.

Así y todo, conviene reparar en el daño que se inflige a la institución presidencial sometiendo su imagen a un desdoro sistemático.

Más aún si se hace a base de falsedades y exageraciones, e incluyéndolo en la galería de los personajes más detestables de la historia.

Todos perdemos con semejante ejercicio.

 

 


aureramos@cronica.com.mx

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