Opinión


¿Gorditos felices?

¿Gorditos felices? | La Crónica de Hoy

Es muy probable que como a mí, a ustedes también los perseguía su abuela desde la primera infancia para meterles la cuchara en la boca a la fuerza insistiendo que comíamos muy poco, esgrimiendo argumentos de gran poder acerca de que el que no comía suficiente no podía rendir durante el día. Crecimos mirando a Pancho Pantera como estandarte de que la dieta hipercalórica era la base de la pirámide para alcanzar el éxito. La publicidad estaba llena de ejemplos de cómo la infancia con dulces y pastelitos era causa de sonrisas y logros sin fin. Para ya no cansarlos con más recuerdos, sólo les pido que busquen en la web acerca de la receta de la “Polla Tres Coronas”.

Escribo todo esto para darle contexto al “Día Mundial de la Obesidad”, donde la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprovecha cada 12 de noviembre para recordarnos acerca de la importancia de la salud metabólica. De ningún fenómeno médico existen más estadísticas que nos señalan los daños a la salud y a la vida que produce un mal cuidado metabólico y cardiovascular. Es con mucho, en sus diferentes facetas, la principal causa de muerte a nivel mundial: hipercolesterolemia, Diabetes Mellitus, hipertrigliceridemia, hipertensión arterial, ácido úrico elevado y una larga lista de etcéteras.

A nuestro país, nunca le habría podido caer en mejor época esta conmemoración que en semanas recientes aprobó el etiquetado ético y correcto de los alimentos con la finalidad de permitir que la población pueda tener acceso fácil y entendible al valor nutrimental de cada compra, y tomar decisiones informadas e inteligentes para los productos que echan en el carrito de la compra semanal.

Pero…  ¿Son de verdad los gorditos más felices? Creo que ya pueden adelantar la respuesta. La depresión y la obesidad tienen una relación fuerte, directa y bidireccional. En cifras cerradas, la mitad de los deprimidos caen en rangos de obesidad peligrosos y la mitad de los portadores de obesidad se encuentran en comorbilidad con un episodio depresivo de severidad suficiente como para requerir tratamiento. No hay nada más falso que el mito del “Gordito Feliz”.

Las evidencias de que la alimentación tiene influencia en el estado de ánimo son cada día más relevantes. Existe una diferencia significativa en la prevalencia de depresión y trastornos de ansiedad en poblaciones que acostumbran la dieta occidental (alta en calorías, productos procesados, con muchas frutas, almidones y pastas, así como, con predominio de carnes rojas). Su contraparte, conocida como la dieta mediterránea (alta en verduras, pocos lácteos, pescados de aguas frías, limitada en frutas frescas, con nueces, almendras y arándanos), parece producir cambios metabólicos tendientes a confrontar la inflamación celular, logrando que las células de todo el cuerpo, incluidas las neuronas, funcionen mejor y vivan por más tiempo.

Entendiendo las diferentes aristas de esta relación obesidad – depresión, nos surgen poderosas conclusiones:

  1. Hay que buscar intencionalmente síntomas depresivos en las personas portadoras de obesidad, ya que, si no los detectamos y los tratamos, nos estamos condenando a que los mejores manejos que podamos usar para los problemas metabólicas tiendan al fracaso.
  2. El tratamiento completo e integral de un episodio depresivo no debe de limitarse al uso de psicofármacos, dar esquemas adecuados de psicoterapia y aprender a manejar de forma adecuada el estrés. El manejo correcto tiene que incluir un apoyo nutricional que nos llevará a vencer el padecimiento afectivo.

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