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Hay más de mil flamencos en México; algunos fueron ilustrados por Rubens

TÍTULOS: En los libros que llegaron al país predominaron biblias, textos sobre espiritualidad, teología, pero también había atlas, por ejemplo, en la Biblioteca Nacional hay ejemplares del Atlas de Ortelius, considerado el primer atlas moderno, además de traducciones al español de El Quijote, La Celestina y obras de Julio César, Cicerón, Ovidio y Séneca, dice César Manrique Figueroa, investigador del IIB-UNAM.

Hay más de mil flamencos en México; algunos fueron ilustrados por Rubens | La Crónica de Hoy

César Manríquez Figueroa dice que los libros se imprimieron el siglo XVII en Amberes.

En diferentes bibliotecas del país se conservan más de mil libros que en el siglo XVII se imprimieron en Amberes, Bélgica, y que llegaron a la Nueva España por pedido de las órdenes religiosas o porque las familias libreras de Europa buscaban un nuevo mercado. En varios de estos libros, llamados flamencos, colaboró el artista Rubens, así lo relata César Manrique Figueroa en El libro flamenco para lectores novohispanos.

La publicación editada por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, narra cómo las relaciones internacionales entre Flandes, España y México generaron circuitos de distribución comercial para exportar miles de libros flamencos a la Nueva España.

“Revisé archivos de Bélgica, por ejemplo, la Casa Platinum-Moretus que fue la imprenta más importante del mundo desde la segunda mitad del siglo XVI. Su fundador fue Cristóbal Plantino, después su yerno Jean Moretus fue el sucesor, luego su nietos y bisnietos, es decir, el negocio permaneció 200 años”, destaca Manrique Figueroa.

El también investigador del IIB-UNAM señala que en ese lugar existe documentación de cómo se mandaron libros de Amberes a clientes novohispanos, es el caso de Fray Alonso de la Vera Cruz que le pidió a Plantino vía Sevilla el envío de varias novedades.

Otros archivos que revisó Manrique fueron el Archivo General de Indias y el Archivo de Protocolos Notariales, ambos en Sevilla, donde se detalla qué mercancía se estaba subiendo a los barcos, cómo los libreros transportaban los cargamentos  y qué indicaba el permiso de la Inquisición para su transportación.

“Además, revisé inventarios de las bibliotecas del país. En la Biblioteca Nacional de México tenemos mil libros flamencos del siglo XVII pero vas a cualquier biblioteca patrimonial mexicana como Lafragua, Palafoxiana, Burgoa o Elías Amador y tienen cientos de estos libros”, detalla.

En El libro flamenco para lectores novohispanos el investigador agregó un apéndice para que los lectores puedan saber en dónde estaban los libros flamencos del siglo XVII y en dónde están actualmente los que pudo localizar en los archivos.

“Es un trabajo de historia y patrimonio bibliográfico. Un ejemplo importante es la Biblia poliglota de Cristóbal Plantino, impresa entre 1569 y 1572, en 8 volúmenes de folio grande, en latín, griego, arameo, caldeo y hebreo. Imagina lo complicado de imprimir los caracteres de las diferentes lenguas. Fue un proyecto dedicado al rey Felipe II porque Flandes formaba parte del imperio español”, comenta.

Un ejemplar de esa obra actualmente se resguarda en la Biblioteca Nacional de México, existe un juego completo que perteneció al convento de los dieguinos, del Centro Histórico de la Ciudad de México.

EL ARTE DEL GRABADO. La ruta para distribuir los libros flamencos iniciaba en Amberes, Bélgica, pasaban por Sevilla y de ahí, a la Nueva España.

“Se mandaban por mar o tierra, dependía de las condiciones climatológicas, de si había barcos disponibles, si no había guerra con Inglaterra o Francia, o si no había piratas acechando. Si todo salía bien, partían de Amberes a Sevilla”, comenta César Manrique Figueroa.

Los libros viajaban con una buena navegación, en dos semanas llegaban al país en barcos ligeros que podían transportar un total de 50 o 60 toneladas de mercancía.

“De Sevilla, la flota para Veracruz salía en la primavera para llegar al Golfo de México antes de la época de huracanes, ya cuando llegaban los arrieros transportaban en burros hacia Puebla, la Ciudad de México o a donde se pidieran los libros”, explica.

¿Qué tipo de libros llegaron al país?

—Predominó el libro teológico: biblias, libros sobre espiritualidad, teología, predicadores, sobre comentarios de la Biblia. También llegaban atlases –atlas-, es decir, publicaciones geográficas, por ejemplo, tenemos en la Biblioteca Nacional ejemplares del Atlas de Ortelius, considerado el primer ­atlas moderno.

“Llegó el libro histórico, crónicas de la época, tenemos una edición de Amberes de la Historia de la conquista de México de Francisco López de Gómara de 1554 en un estado de conservación perfecto”, responde.

Otras publicaciones, añade el investigador de la UNAM, eran diccionarios, libros de gramática y literatura, por ejemplo, traducciones al español de El Quijote, La Celestina y obras de Julio César, Cicerón, Ovidio y Séneca.

“Junto con Venecia o París, en las imprentas de Amberes se nota que hubo gente muy profesional, buenos latinistas, por eso se convirtió en una ciudad con muy buenas imprentas, con más de 40”, destaca.

En Amberes, los trabajos editoriales no tenían errores, el papel era más barato, se usó letra redonda y grabados de calidad hechos por artistas como Rubens o Martín de Vos.

“Se conserva la edición de Jerónimo de Nadal, un jesuita español, cuya obra espiritual fue impresa en Amberes y los grabados son de un gran diseño de Martín de Vos. Con Plantino trabajó Rubens, quien fue copiado hasta el siglo XIX, tenemos portadas maravillosas de él en los libros flamencos”.

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