Opinión


La Conversación en el Aula

La Conversación en el Aula | La Crónica de Hoy

Un propósito de la nueva administración es dar centralidad a los intereses de los alumnos y eso, bien leído, significa promover que éstos tengan más participación en las actividades de la enseñanza y el aprendizaje y también—hasta cierto grado— en el gobierno institucional.

Se piensa que la participación en las actividades dentro del aula debe ir más allá de lo convencional. No basta con participar de acuerdo con el patrón de actividades de la clase tradicional en la que, como se ha visto, el alumno:

—Se dedica a escuchar al profesor, a veces durante largos periodos.

—A leer párrafos del libro de texto.

—A escuchar que otros lean párrafos del libro de texto.

—A copiar párrafos del libro de texto.

—A pedir la palabra para preguntar algo a fin de no pasar desapercibido.

—A contestar a preguntas que el maestro formula, para saber si sabes.

—A resignarse a que el docente tome la respuesta de cualquier alumno como evidencia de que el grupo ya sabe, o no sabe, el tema (aunque esta interpretación sea incorrecta).

—A buscar pistas de respuestas correctas de acuerdo con la forma en que el profesor pregunta.

El maestro dicta o estructura las reglas de la conversación dentro del grupo; el alumno, por su parte, es un sujeto que debe estar permanentemente atento a las ideas y comportamientos del docente. Un principio operativo de la docencia tradicional es que todo el tiempo obliga a compararte con los otros alumnos, lo cual produce la frustración repetida de quienes dan respuestas erróneas.

En cierta forma, la enseñanza tradicional conduce a la simulación, pues el alumno está todo el tiempo tratando de ajustarse a lo que el maestro piensa que él debe saber y, por lo mismo, tiene poco margen para aplicar el conocimiento y utilizar el lenguaje para el análisis y la resolución de problemas —como sería deseable.

Sería un error, sin embargo, concluir que el alumno está desposeído, que carece de influencia en el orden de la conversación. No, el poder docente nunca es completo. Todas las conversaciones en el aula son producto de una cooperación entre los dos actores principales y cualquier diálogo puede conducir a salidas insospechadas.

Pero no todos los alumnos tienen las mismas oportunidades para participar. Un alumno indígena que llega por primera vez a la escuela tiene muchas dificultades para expresarse espontáneamente dentro de la clase, dificultades que no tiene un estudiante de clase media urbana. El maestro hace intervenir más a los niños que a las niñas. El aspecto físico (color de la piel, vestido) influyen en la atención del docente, etc. La educación ocurre en un contexto social y cultural que influye de forma determinante en el interior de la escuela.

Los maestros no siempre son conscientes de sus comportamientos selectivos o discriminatorios y se reducen a actuar conforme a la costumbre, pero de esa manera la escuela reproduce las desigualdades. Siguiendo este razonamiento, quizás es necesario comenzar a dudar de la forma en que enseñamos, sobre todo en educación primaria y secundaria.

 

 

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