Opinión


La crisis climática que el gobierno no quiere ver

La crisis climática que el gobierno no quiere ver | La Crónica de Hoy

El presidente López Obrador ha cometido varios errores cuyas consecuencias comienzan a ser cada vez más visibles. Sin embargo, en lugar de corregir y modificar el rumbo, la emprende contra la prensa y todo aquel que ose cuestionar su pretendida infalibilidad política.

 

Una de las supuestas virtudes del titular del Ejecutivo, a decir de quienes lo describían positivamente al inicio de su mandato, es una tenacidad a prueba de todo, con base en la cual logró llegar a la presidencia de la República. Se hablaba hace poco más de dos años, de una “virtuosa obstinación”.

 

Sin embargo, dados los resultados, y dadas las respuestas del gobierno ante los resultados que está teniendo, el presidente no parece estar “positivamente obstinado” en alcanzar sus metas y propósitos, sino preocupantemente obcecado respecto de sus métodos y estrategias.

 

Entre los errores cometidos, se encuentra el diseño del Gabinete. Un equipo de trabajo con pocas credenciales para ocupar las carteras para las que fue designado, bajo la premisa de que el Ejecutivo exige lealtad a ciegas, y por ello, dicho por él mismo, pide 90% lealtad y 10% de capacidad y experiencia.

 

Las consecuencias están a la vista. No hay un día en que la administración no tenga que lidiar con un nuevo problema de grandes magnitudes; muchos de ellos heredados efectivamente por el “pasado neoliberal”, peor muchos otros, como el de la tragedia de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, en el que el pasado corresponde a las administraciones encabezadas por sus correligionarios.

 

En el pésimo diseño del gabinete presidencial, se descuidó gravemente todo lo relacionado con el medio ambiente. Se nombró como titular a Víctor Manuel Toledo, un investigador estridente, pero cuyos méritos en la comunidad científica no son del todo reconocidos.

 

Una vez que la presidencia mostró un total desdén por esta agenda, el ex secretario, en un arranque de dignidad, optó por renunciar; en su lugar fue nombrada María Luisa Albores, anterior titular de la Secretaría de Bienestar, donde quizá aprendió mucho sobre cómo se siembran árboles, pero cuya experiencia en las agendas medioambientales, como la relativa al cambio climático, el calentamiento global, la protección de la biodiversidad, el manejo sustentable y responsable del agua, la desertización de los suelos, la contaminación del aire, entre otras, va de escasa a nula.

 

La ausencia de una o un titular de SEMARNAT con solvencia científica y moral, se notó radicalmente en la penosa intervención de México en la reciente cumbre climática, donde en lugar de abordar los temas de la agenda, se metió por la puerta trasera la problemática migratoria.

 

En días recientes, la Comisión Nacional para la Biodiversidad tuvo que despedir a varios de sus investigadores porque sufrió un nuevo recorte presupuestal. Situación crítica para un país donde la opción preferencial del gobierno está en los combustibles fósiles y el desprecio por las energías limpias.

 

La sequía que enfrentamos es de las más severas de la historia; estamos enfrentando cada año nuevos récords de días calurosos; el programa emblema del gobierno para la reforestación, ha cortado más árboles de los que ha plantado; es probable que especies como la vaquita marina se extingan en la presente administración; y todo ello, ante un silencio sepulcral del gobierno federal.

 

El problema medioambiental es una agenda doble en el sentido de que es a la vez local y global. En esa lógica, implica la urgente reducción de nuestra huella de carbono y eso implica modificar radicalmente nuestro estilo de desarrollo. México necesita, pues, replantearse todo su esquema de crecimiento y planeación urbana; de desarrollo municipal y regional; y asumir con seriedad la protección de la biodiversidad.

 

Lo que hemos podido crecer económicamente en el país, se ha hecho mayoritariamente depredando a la naturaleza. Pero eso no puede seguir más. Y hoy que la pandemia de la COVID19 nos ha revelado en toda su crudeza los costos ambientales de nuestra irresponsabilidad, es hora de construir una nueva ética civilizatoria convivencial con la naturaleza.

 

Investigador del PUED-UNAM

www.mexicosocial.org

 

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