Opinión


La encrucijada educativa

La encrucijada educativa | La Crónica de Hoy

Cualquier política de justicia social debe asegurar que la población en condiciones de pobreza reciba una educación de excelencia, de la misma, o mejor, calidad que la que se recibe en los sectores medios urbanos. 

Este propósito quedó consignado en la nueva legislación educativa. Las nuevas normas señalan esa aspiración y ordenan, incluso, que la educación nacional tenga un carácter intercultural. Estos logros fueron mérito casi exclusivo del secretario Esteban Moctezuma y de su equipo. 

Moctezuma intentó avanzar en la línea de impulsar una nueva reforma educativa bajo los nuevos preceptos y comenzó a hablar de una política educativa con equidad dirigida a disminuir las desigualdades dentro del sistema educativo. 

La divisa de Nueva Escuela Mexicana nació al calor de este esfuerzo, pero no se logró avanzar más en esta dirección. El motivo principal para no avanzar fue, en mi opinión, la escasez de recursos financieros. No hubo dinero.

Toda reforma educativa es costosa, pero lo es más cuando existen graves restricciones de presupuesto y cuando se intentan atacar las enormes desigualdades –materiales y pedagógicas—de un sistema que reúne en su nivel básico a 25 millones de alumnos, 1.5 millones de maestros y 200 mil escuelas. 

El presupuesto acumulado de este gigantesco sistema es de 800 mil millones de pesos. De este monto, el 98 % corresponde a gasto corriente (salarios y servicios). Lo gastos extraordinarios que absorben la mayor parte del resto son el programa de becas y el programa de apoyo a la infraestructura escolar --ambos manejados directamente por el presidente de la república. 

No hay para más. Los presupuestos de educación de 2019 y 2020 fueron insuficientes y áreas críticas del sector como educación indígena, educación especial, educación inicial, escuelas normales, CONAFE, formación continua de docentes, etc. fueron castigadas. Por añadidura, la draconiana política de austeridad causó daños irreparables al sector.

Pareciera que el poder ejecutivo ha renunciado a mejorar la educación y que sólo se preocupa (como lo hicieron muchos gobiernos anteriores) por asegurar la estabilidad de este vasto conjunto institucional que pesa tanto en la estabilidad política del país. No es gratuito que en su segundo informe el presidente se haya vanagloriado diciendo “No hemos tenido ningún conflicto importante con los maestros”

La pandemia vino a agravar más el, ya de por sí, desastroso panorama. Los pocos recursos que habían sido reservados para aplicar las políticas de equidad han sido consumidos por la emergencia. El cierre de las escuelas, sin embargo, no ha causado mayores preocupaciones para una sociedad y un gobierno que, en rigor, valoran muy poco a la educación.

Ante el dilema de la pérdida en aprendizajes y formación que acarrea el cierre de escuelas y el riego sanitario por Covid 19, tanto padres como autoridades, sin dudarlo, se inclinan de inmediato por mantener las escuelas cerradas. En México, hay que decirlo, poca gente valora a la escuela como una agencia que forma inteligencias y valores morales y que puede impulsar el cambio social hacia la justicia. Muchos la siguen viendo, tristemente, como simple guardería. 

 

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