Bienestar


La epidemia de VIH/SIDA: Lo que hemos aprendido

El foco se ha centrado en las enfermedades oportunistas, es decir en un conjunto de patologías que, como su nombre indica, aprovechan la condición de bajas defensas de los pacientes VIH positivos para introducirse en el organismo

La epidemia de VIH/SIDA: Lo que hemos aprendido | La Crónica de Hoy

Manteniendo el virus suprimido, la esperanza de vida es similar a la de cualquier persona

Cada 1° de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida y es una oportunidad para trabajar en la concientización sobre los factores de riesgo, eliminar la estigmatización y la reducción del contagio de una enfermedad que sigue siendo un problema de salud pública mundial.

De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se estima que en Latinoamérica 100 mil personas contrajeron VIH en 2018 y uno de cada cinco eran jóvenes de entre 15 y 24 años. Además entre 2000 y 2018 las infecciones por VIH disminuyeron 37% y 45% las muertes relacionadas con el virus, asimismo se salvaron más de 13 millones de personas gracias al tratamiento con antirretrovirales (TAR).

Estos datos representan un avance importante para la ciencia. Lo que en sus inicios fue una patología desconocida y una causa inevitable de muerte, hoy es una enfermedad crónica y tratable. Y mientras las investigaciones para lograr la cura avanzan, especialistas de Mayo Clinic están de acuerdo en que detección temprana y las terapias antirretrovirales permiten a los afectados mejorar su calidad de vida, manteniendo el virus suprimido y con una esperanza de vida similar a la de cualquier persona no contagiada.

En ese contexto, mucho del foco se ha centrado en las enfermedades oportunistas, es decir en un conjunto de patologías que, como su nombre indica, aprovechan la condición de bajas defensas de los pacientes VIH positivos para introducirse en el organismo. En muchos casos, se trata de males que no aparecerían si el sistema inmunológico fuera normal.

Algunas de las enfermedades oportunistas más frecuentes son:

Tuberculosis (TB) - Las posibilidades de que un seropositivo la presente pueden ser hasta 40 veces más que las de una persona no infectada, por ello todos pacientes diagnosticados con VIH se someten a una prueba de detección de la tuberculosis.

Neumonía por Pneumocystis carinii – es causada por un microorganismo, el protozoo Pneumocystis carinii (PCP). Es una de las enfermedades oportunistas más comunes en VIH/sida. Sin tratamiento puede llegar a afectar al 85% de los seropostivos.

Candidiasis - infección causada por el hongo Candida albicans, que puede encontrarse en la mayoría de las personas aunque no se manifiesta en personas con un sistema inmunológico sano.

Citomegalovirus (CMV) - infección viral que podría afectar a todo el organismo. La enfermedad puede originar diarrea, meningitis y, con más frecuencia, retinitis (inflamación de la retina) que si no recibe tratamiento oportuno puede derivar en ceguera. Aproximadamente, el 90% de los pacientes con sida sufren la infección por CMV.

Hepatitis C – aunque no se considera una enfermedad oportunista, su incidencia entre las personas VIH positivas es muy elevada (aproximadamente un tercio), y se ha convertido en la primera causa de hospitalización y una de las primeras de muerte en los enfermos con sida.

Conductas de riesgo a evitar

Para prevenir el contagio, los especialistas de Mayo Clinic señalan que lo mejor es evitar las conductas de riesgo que ya conocemos:

No intercambiar jeringas o agujas con otras personas.

Asegurarse de usar siempre instrumentos estériles o desechables para perforar la piel (tatuajes, análisis de sangre, inyecciones).

Utilizar correctamente preservativos de látex (masculino o femenino) al mantener relaciones sexuales con penetración (ya sea anal, vaginal u oral) y evitar el sexo oral sin protección.

Las mujeres embarazadas portadoras del virus deben recibir tratamiento para disminuir el riesgo de transmisión al feto durante el embarazo y el parto, y no amamantar al niño. Es aconsejable, además, el parto por cesárea, ya que reduce el riesgo de transmitir el virus al bebé.

Los profesionales sanitarios que trabajen con enfermos de sida deben extremar las precauciones para no pincharse accidentalmente con agujas infectadas, y utilizar ropa, máscaras y gafas protectoras para evitar el contacto con sangre u otros fluidos que contengan el virus.

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