Opinión


La fiesta de la Candelaria

La fiesta de la Candelaria | La Crónica de Hoy

La fiesta de la Candelaria que la Iglesia celebra cada 2 de febrero, es una celebración religiosa y popular cuyas raíces se encuentran en el judaísmo, que recuerdan la presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén y los ritos de purificación de la Virgen María después del parto, como lo marca el libro 12 del Levítico, en la Ley de Moisés:

 “Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días, igual que en el tiempo de sus reglas. El niño será circuncindado en su carne al octavo día, pero ella esperará 33 días para ser purificada de su sangre. No tocará ninguna cosa santa, ni entrará en el santuario, hasta que se cumplan los días de su purificación. Si dio a luz una niña, estará impura dos semanas, como en el caso de su período natural, y seguirá purificándose de su sangre 66 días más.”

“Cuando se cumpla el término de la purificación, ya sea de niño o de niña, la madre deberá llevar a la entrada de la Tienda del Encuentro, un cordero de un año para ofrecerlo en holocausto, y un pichón de paloma o una tórtola como sacrificio por el pecado…”, precisa este libro del Antiguo Testamento.

Ésta es la razón por la cual se acostumbra que las familias lleven a las iglesias sus imágenes del Niño Dios para presentarlo ante el sacerdote, y la tradición popular la ha enriquecido con el gesto de llevarlo con ropita nueva cada año, lo que ha generado una verdadera industria, y así lo visten de Sumo Sacerdote, de Pontífice o simplemente con un blanco ropón, aunque hay abusos al ataviarlo como futbolista, San Judas Tadeo u otro santo de la Iglesia.

Sin embargo, hay que recordar que la palabra Candelaria se deriva de candelas o velas, y que en el ritual cristiano simboliza a Cristo, la luz del mundo que a través del cirio se pone en manos de los fieles.

Desde fechas tempranas, esta festividad fue asimilada por los pueblos indígenas en Nueva España, y por eso, fray Toribio Motolinía escribía en 1541: “En la fiesta de la Purificación y la Candelaria traen sus candelas a bendecir, y después que con ellas han andado la procesión, tienen en mucho lo que les sobra, y lo guardan para las grandes enfermedades, truenos y rayos, y para otras necesidades”.

Con la Candelaria se cierra el ciclo de la Navidad en lo costumbrista, pues el 24 de diciembre se coloca al Niño Dios en el pesebre de los nacimientos; luego la fiesta continúa el 6 de enero, con la Epifanía, cuando se parte la Rosca de Reyes en familia y entre amistades para que quien encuentre en el pan al Niño Dios, organice la fiesta de la presentación del Niño Dios en el templo, y su feliz regreso a cada hogar.

Desde la Navidad a la Candelaria transcurren 40 días, número por lo demás simbólico en la tradición judeocristiana.

Esta festividad es una de las más concurridas por los fieles a los templos, como también lo es el Miércoles de Ceniza.

 

Carlos Villa Roiz

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