Metrópoli


La noche de una madre y el sueño de un fiscal

El horror para la madre de Vane fue que estuvo sola en la noche del miércoles y la madrugada del jueves. Sola, sin el apoyo de los policías que ya tenían en su escritorio las pruebas de que el caso de desaparición de su hija apuntaba hacia la trata de menores.

La noche de una madre  y el sueño de un fiscal | La Crónica de Hoy

El horror se expresa en formas diversas. Y el horror para la madre de Vane fue que estuvo sola en la noche del miércoles y la madrugada del jueves. Sola, sin el apoyo de los policías que ya tenían en su escritorio las pruebas de que el caso de desaparición de su hija apuntaba hacia la trata de menores. Un hombre se puso en contacto con la madre por teléfono, aseguraba que la noche del miércoles estaría la menor de regreso en su casa. El número desde el que llamó el sujeto, quien nunca se identificó, es de Reynosa. Ante la insistencia de la madre de que ya le devolvieran a su hija, el sujeto advirtió que sería cuando ellos quisieran, no cuando la mamá lo pidiera. Otras llamadas se sucedieron, una Diana también le marcó e incluso le comunicó a Vane, quien con monosílabos respondió un par de preguntas,

Las horas de la noche del miércoles transcurrieron en el infierno para esta familia oriunda de la alcaldía de Iztapalapa. 

Ante la esperanza que daba la banda de regresar a Vane, los familiares esperan, se esperanzan con que la promesa sea cumplida. Pero Vane no aparece. 

Ese círculo vicioso, promesas de los delincuentes, amenazas igual cuando lo juzgan necesario (“si le dije netta que no por miedo, he estado en peores panteones”).  Los familiares volvieron a contactar a las autoridades judiciales. Prometieron enviar a un policía de Investigación. Ninguno apareció en el domicilio materno. Tampoco apareció Vane. 

La angustia crecía y la noche se prolongaba. Para la madre la disyuntiva entre obedecer a los secuestradores con la esperanza de que la devuelvan se va desvaneciendo. “Ya le dijimos que la vamos a llevar al domicilio que nos diga su niña, pero hasta la mañana”, es la última comunicación de los maleantes que tampoco se cumple. 

Mientras esto pasa, el fiscal de desapariciones duerme. Su turno empieza a las 10 de la mañana, la hora en la que la familia de la víctima se lanza a las redes sociales.

 

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