Opinión


La profesión docente en Finlandia

La profesión docente en Finlandia | La Crónica de Hoy

El éxito educativo de Finlandia es también el éxito del Estado de Bienestar, por excelencia. No se trata de comparar a México con ese país, se trata de observar una experiencia que tuvo lugar en condiciones excepcionales y de la cual, sin duda, tenemos mucho qué aprender.

Finlandia no sólo es líder mundial en educación, lo es también en competitividad, en libertades civiles, en equidad, en calidad de vida, en libertad de prensa y en desarrollo humano. Es el primer lugar en el mundo en el Reporte Mundial de Felicidad.

Podría colegirse que, en los hechos, es un país democrático y socialista.

Pero su éxito educativo se explica esencialmente por la excelencia de sus profesores. La profesión docente es la de mayor prestigio en ese país, los jóvenes más talentosos compiten, año con año, por convertirse en maestros de educación básica, pero sólo uno de cada diez aspirantes logra inscribirse en la carrera de maestro de primaria.

Las motivaciones de los y las aspirantes no son materiales sino morales. Una de ellas, ante la pregunta de ¿por qué quiere usted ser profesor? Contestó: “¿Por qué hago esto? Primero, es el impulso interno de ayudar a las personas a descubrir sus fortalezas y sus talentos, y también sus debilidades e insuficiencias. Quiero ser maestra porque quiero ser una influencia positiva en la vida de los niños y del país”.

“El contexto social de cada alumno es también parte del trabajo que deseo realizar. Tengo que observar a cada alumno y ofrecerles ayuda en situaciones excepcionales. Sé que mi trabajo no se reduce a enseñar lo que me gusta, debo también enfrentar conflictos, junto con colegas que seguramente no piensan igual que yo, y colaborar con padres de familia de muy diverso origen”.

“La enseñanza es, agrega la aspirante, más que cualquier otro trabajo, una profesión que sólo puede ser exitosa si pones en juego tu corazón y tu personalidad. Todo profesor busca hacer el bien a los demás, cuidarlos y amarlos. Yo los amo y, por tanto, voy a ser maestra”.

La motivación de los jóvenes finlandeses que aspiran a ser docentes no es el dinero, sino el interés moral de servir a los niños y servir a la sociedad. Para cumplir convertirse en profesores tienen que hacer una carrera que incluye una licenciatura y una maestría —aproximadamente siete años de estudios— en tres áreas fundamentales: 1) Teoría de la educación; 2) Dominio de los contenidos y 3) Didáctica y práctica de la enseñanza.

La política educativa finlandesa apunta a dos objetivos: a) el aprendizaje personalizado y b) la enseñanza innovadora y creativa que permite crear contextos que faciliten a los alumnos la construcción de sus propios aprendizajes. Esta política se observa en la formación de profesores que tiene lugar en las universidades a través de las facultades de Ciencias, de Humanidades y de Educación.

Es decir, las facultades de Ciencias no sólo forman científicos, sino que cuentan además con cursos de formación docente, con personal capacitado en metodologías de enseñanza para educación básica —todo bajo la coordinación del Departamento de Formación Docente que es responsable de la organización general de la formación de profesores (Sahlberg, P. 2013)—.

Sería absurdo e imposible pretender recrear en México el “modelo educativo” (si es que existe tal) de Finlandia, pero cometeríamos un error si no estudiamos esa experiencia y no nos esforzamos por sacar de ella algunas lecciones fecundas.

 

Gilberto Guevara Niebla

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