Opinión


La querencia se demuestra en el presupuesto

La querencia se demuestra en el presupuesto | La Crónica de Hoy

Este proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación es el primero del nuevo gobierno que se llama a sí mismo de la Cuarta Transformación.

El presupuesto propuesto es equilibrado y viene acompañado de una miscelánea fiscal que, si bien no aumenta los impuestos en sintonía con el discurso presidencial y sus promesas de campaña, si endurece las reglas formales que acompañan al pago para aumentar la recaudación con base en el combate a la evasión.

El proyecto tiene tres compromisos ineludibles, gasto no programable: el pago de los intereses de la deuda pública, el gasto en pensiones y las participaciones federales. El único que aumenta en términos reales es el segundo en más de 8% y con una expectativa de continuar en esa tendencia en los próximos veinte años, salvo que suceda un corralito como en Argentina. Éstos representan el 18% del presupuesto y el 4.5% del PIB.

Un dato: el pago de pensiones contributivas (las que paga el IMSS y el ISSSTE) más las no contributivas (aquellas que cubre el Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores) representan la totalidad de lo recaudado por el IVA. A esta cifra, hay que sumarle otras transferencias de la seguridad social como son las cuotas sociales y aportaciones solidarias.

La querencia debe mostrarse con lo poco que sobra para destinar a las demás necesidades nacionales, gasto programable. En este sentido, surge la pregunta: ¿Cuánto se destina a educación y a salud?, que son temas permanentes en el discurso presidencial, especialmente cuando visita los fines de semana los centros de salud rurales.

Las medicinas y la atención médica gratuitas universales exigen recursos, aproximadamente el 3% del PIB. El crecimiento en el gasto de salud es inferior al 1%, es decir, nada con respecto al PIB. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) calcula, con distintos escenarios de costos y paquetes de atención, que la creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI) tendrá un impacto presupuestal entre el 2 y el 3.6%del PIB.

La educación superior pública gratuita también demanda dinero. Más o menos el 1% del PIB. No hay asignación identificable para este proyecto.

El programa IMSS Bienestar, en congruencia con el discurso, aumenta en un 7% nominal, con lo que se refuerza la atención a población abierta a través de una estructura administrativa existente, y no se asigna al INSABI. El mensaje es que la estrategia de mayor cobertura se apoyará en el IMSS.

El ISSSTE recibirá casi 1.2 mil millones de pesos (mmp) más para proyectos de infraestructura social, pero el IMSS reducirá su gasto en este rubro casi en 3.7 mmp.

El proyecto de presupuesto adiciona un rubro de fortalecimiento de los servicios estatales de salud (¿van a desaparecer o serán administrados centralmente?) que recibirá 1.6 mmp y la atención a la salud directa por la Secretaría de Salud crecerá en 1.4 mmp para llegar a 23.3.

La prevención y atención del VIH-SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, reduce su presupuesto en 7.8%, la prevención de enfermedades en 19.9%, la prevención y control de sobrepeso, obesidad y diabetes en 5.9%, los proyectos de infraestructura social en un 72.5%, la rectoría de la salud en un 59.3% y los servicios de salud de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en un 15%.

La basificación de las plazas “precarias” tendrá un costo adicional de 17.9 mmp, según cálculos del CIEP, y este compromiso no tiene un reflejo claro en el proyecto de presupuesto.

Estas cifras son para la atención de los rezagos actuales. Hay que prever las consecuencias en la salud por el envejecimiento de la población, que aumentará la demanda de recursos presupuestales en el mediano y largo plazo. El presupuesto no establece la integración de las reservas correspondientes que permitan hacer frente a ese futuro inminente y lo único que se tiene, el seguro popular, está a punto de desaparecer.

En educación, no hay crecimiento en global, decrece el gasto en desarrollo tecnológico, cultura y educación básica y aumenta en los programas de becas a jóvenes de educación media superior y superior, posibles votantes en 2021.

El mayor crecimiento se concentra en las funciones de justicia y seguridad nacional, en especial, el financiamiento de la Guardia Nacional, que representa casi el 1% del PIB y se antoja insuficiente para el tamaño de la problemática que padecemos los ciudadanos por falta de seguridad pública y los altos índices de impunidad.

La querencia se demuestra en el presupuesto, el resto son buenas razones y eufemismos políticos. Ahora le toca a la Cámara de Diputados hacer su trabajo.

 

 

Carlos Matute González

Investigador y docente de la Universidad Anáhuac de México

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