Cultura


La sal era un bien de prestigio para las culturas prehispánicas

Fue un elemento tributado a los teotihuacanos y mexicas, señala Blas Román Castellón. Ofrece hoy conferencia en El Colegio Nacional en el ciclo La arqueología hoy

La sal era un bien de prestigio para las culturas prehispánicas | La Crónica de Hoy

Me interesa la sal desde un punto de vista antropológico, etnográfico, religioso y arqueológico”, indica Román Castellón.

La sal era un bien de prestigio para las culturas prehispánicas del país a tal grado de ser un elemento tributado a teotihuacanos y mexicas, comenta en entrevista el arqueólogo Blas Román Castellón Huerta, quien ofrecerá hoy a las 18:00 horas en El Colegio Nacional, la conferencia “Arqueología de la sal”.

La ponencia, que forma parte del ciclo La arqueología hoy —organizado por el director del Proyecto Templo Mayor, Leonardo López Luján—, explicará en qué zonas del país se obtiene la sal de manera tradicional, es decir, sin máquinas ni en cantidades industriales, y por qué era un bien equiparado a las joyas.

 “La sal conlleva elementos de identidad que son importantes para las comunidades actuales, tanto urbanas y rurales del país. Me interesa la sal desde un punto de vista antropológico, etnográfico, religioso y arqueológico”, indica Castellón Huerta.

Cuando algo es cotidiano, añade, se esconde la importancia de ese objeto, “pero cuando la gente se detiene en el mercado o al momento de preparar sus alimentos nota que no hay una sola sal, son muchas y cada una tiene su historia, por eso, la manera en que se hace tradicionalmente es un conocimiento especializado que debe conservarse”.

El autor del libro Cuando la sal era una joya. Antropología, arqueología y tecnología de la sal durante el Posclásico en Zapotitlán Salinas, Puebla expresa que existen pocos arqueólogos y antropólogos que se dediquen a la documentación de la sal.

¿En dónde se produce la sal de forma tradicional?, se le pregunta. “Por ejemplo, en Santa María Ixtapa, en los Altos de Chiapas, donde tienen producción tradicional de agua de pozo; otro lugar es Soconusco cerca de Acayucan, Veracruz, que también la obtienen de un pozo y tiene un proceso de hervido interesante”, responde.

Otros lugares se ubican en Guerrero, donde la sal se extrae por evaporación solar.

 “Es una forma prehispánica de obtenerla y usan poches, que son unos recipientes que fabrican y que mostraré en la conferencia. Hacen terrazas, ponen lajas (piedras planas) y sobre ellas hacen una masa de trementina (resina de pino con tierra), forman un borde sobre la laja y ahí ponen el agua salada. Entonces por evaporación se cristaliza la sal”, detalla.

Cuando los españoles llegaron al país, ¿padecieron la falta de sal en Tlaxcala?

—Sabemos que por su rivalidad con los mexicas, éstos les cortaron las rutas de obtención de muchos productos del mar, entonces los tlaxcaltecas no podían obtener sal de la costa. Ellos la obtuvieron del tequesquite, es decir, de las lagunas internas de Tlaxcala, pero no tenía la misma calidad de la sal de la costa.

“La sal de tequesquite cubre las necesidades humanas sin ningún problema, aunque está revuelta con tierra (por lo que su textura es espumosa y terrosa), pero la sal lleva implícito un gusto y los españoles no sólo la necesitaban para ellos, también para sus caballos, porque es un estimulante útil para que el ganado engorde, retenga líquido y coma pastura... y la sal de tequesquite tiene poca fuerza para eso”, responde.

 Castellón Huerta explica que como tributo, la sal fue un bien que se valoró desde antes del imperio mexica.

“Es importante desde el periodo anterior a los mexicas, seguramente los teotihuacanos pidieron tributo de las estaciones que estaban alrededor del lago de Texcoco. Y por ejemplo, la sal de Zapotitlán, al sur de Puebla, seguramente llegó al centro de México por medio del mercado de Tepeaca o Cholula”, señala.

¿En la Ciudad de México, dónde se obtenía sal?, se le pregunta. “En lo que hoy es San Lázaro, Ecatepec y Texcoco, ahí había las condiciones ideales porque la sal se obtenía de tierras saladas que estaban en la orilla de lagos, y había procedimientos técnicos de destilación, como se hace con el café, para extraer la sala de esas tierras”, contesta

Otros puntos fueron: Nonoalco, Tlatelolco y alrededor de la Calzada Vallejo, “ahí ya no podemos ver la sal pero sí los lugares donde se hizo, pero en muchos están los vestigios que nos permiten hacer la reconstrucción de su historia”.

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