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La tecnología ayuda a evitar colapso de especies por pesca: Carlos Robinson

Nuestros científicos. Carlos Robinson dirige el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML), de la UNAM, donde le tocará encabezar una renovación generacional, derivada de la jubilación de varios fundadores de esa entidad universitaria

La tecnología ayuda a evitar colapso de especies por pesca: Carlos Robinson | La Crónica de Hoy

Carlos Robinson usó información satelital e hidroacústica para explicar los descensos en poblaciones de calamar gigante.

A lo largo de los últimos 25 años, el biólogo mexicano Carlos Jorge Robinson Mendoza ha trabajado con satélites, hidrófonos y otras herramientas tecnológicas para hacer diagnósticos de las poblaciones de peces en el Golfo de California y el Pacífico mexicano, particularmente en las regiones más cercanas a la luz y la superficie del mar, llamadas ecosistema epipelágico, que es donde habita la mayor cantidad de especies aprovechables por el ser humano.

Este biólogo mexicano, formado en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde también obtuvo su maestría antes de conseguir su doctorado en la Universidad de Gales, Reino Unido, fue el responsable de explicar el descenso en las capturas de calamar gigante en México, después de 2005, y también ayudó a localizar poblaciones de peces pequeños indispensables para la alineaciones de otras especies de valor comercial en Baja California.

Desde hace unos días, Carlos Robinson dirige el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML), de la UNAM, donde le tocará encabezar una renovación generacional, derivada de la jubilación de varios fundadores de esa entidad universitaria.

“El análisis del número de investigadores en edad de jubilación realizado recientemente en las instalaciones del ICML en Ciudad Universitaria, indica que es altamente probable que cerca del 40% de los investigadores dejarán el instituto en los próximos cuatro años. Si este periodo se extiende a ocho años, se estima que más del 80% de los investigadores estarán jubilados o muy cercanos a estarlo. Esto implica una renovación casi total de la planta de investigadores en un tiempo relativamente corto. Aunque este análisis sólo incluye una muestra de la población total del Instituto, los resultados indican que estamos ante una situación sin precedente en la historia de 38 años de la institución”, explica el académico.

Según su plan de trabajo, aprobado por la Junta de Gobierno de la UNAM, en los próximos cuatro años, como director del ICML deberá integrar nuevos investigadores que lleven al Instituto a niveles altos de excelencia;  promover una interacción enriquecedora y cordial entre el nuevo personal y el personal académico ya constituido en las diferentes sedes del Instituto, y fomentar el trabajo de grupo e incentivar la actividad interdisciplinaria de los nuevos académicos.

El investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que ha participado en más de 45 expediciones en buques oceanográficos, explica cómo la tecnología ha ayudado a disponer de información cercana al tiempo real para poder establecer planes de aprovechamiento sustentable de pesquerías y evitar el colapso en la captura de varias especies.

ECOLOGÍA Y POBLACIONES. Entre estos diferentes espacios, el Golfo de California ha ocupado gran parte del tiempo de investigación de Robinson Mendoza “porque de ese espacio proviene el 50 por cierto de la  productividad pesquera de México y los peces pelágicos menores representan 70 por ciento  del desembarque nacional”.

En 2005, junto con otros investigadores de la UNAM, Carlos Robinson estudió la abundancia y distribución de especies pelágicas que habitan el Golfo de California con la ayuda de un robot submarino junto con equipos de hidroacústica.

“El propósito fue estimar la abundancia de las sardinas, anchovetas y macarelas, que son piezas claves en el ecosistema, porque son alimento de otros mamíferos marinos, aves y peces”, indicó el investigador que trabajó con el robot Remote Operated Vehicle (ROV) que es propiedad del Laboratorio de Ecología de Pesquerías y se controla desde una embarcación.

En 2012, el doctor Robinson Mendoza publicó una investigación donde explica por qué la captura de calamares, en el Golfo de California, tuvo un pico máximo de capturas entre 1999 y 2004 (cercanas a las 320 mil toneladas anuales) y posteriormente cayeron paulatinamente hasta alcanzar, en 2012,  sólo una tercera parte de la cantidad capturada.

Para llegar a la explicación, el doctor combinó información de las temperaturas del agua superficial en el mar, colectadas por satélites y con datos de hidroacústica para localizar especies, que fueron colectadas en el buque científico El Puma, de la UNAM.  Así concluyó que los mayores volúmenes de captura de calamar, en el primer lustro del siglo estuvieron relacionadas con un extenso periodo de bajas temperaturas (La Niña 1999) y altas concentraciones de clorofila.

“De enero 2005 a marzo 2012 las capturas  disminuyeron progresivamente,  alcanzando solo el 32 por ciento de lo capturado durante 1999 a 2004. Esta reducción en las capturas  está asociada a un hábitat progresivamente más cálido, con menos concentración de clorofila-a e índices de surgencia más bajos. El análisis de los datos hidroacústicos y de las capturas del calamar realizadas a bordo del B/O El Puma confirman la asociación de altas densidades de calamar a un hábitat de aguas frías y productivas.”, indicó el biólogo a partir de los datos analizados.

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