
El berrendo es el mamífero terrestre más rápido del continente americano. En un espacio corto alcanzan una velocidad de 98 kilómetros por hora, pero son capaces de correr durante más de una hora a una velocidad constante de 65 kilómetros por hora. En México, este animal herbívoro, que coloquialmente es llamado el antílope americano, estuvo a punto de extinguirse en el siglo XX y poco a poco se han recuperado sus poblaciones en los estados de Baja California, Chihuahua, Coahuila y Sonora, gracias a una alianza en la que colaboran científicos, ciudadanos y autoridades de diferentes gobiernos.
Mide un metro de alto. Su pelo es de color rojizo y muchas personas lo describen como una especie parecida a los antílopes, pero también a los ciervos. Hembras y machos presentan cuernos curvos que mudan cada año.
Mirar un berrendo correr por las praderas de Chihuahua era un anhelo que hace más de 30 años impulsó la fundación de una organización civil llamada Profauna, en la que unieron sus esfuerzos profesores y egresados de la Universidad Autónoma de Chihuahua, y de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. Hoy, ellos pueden sentirse orgullosos de informar que están renovando las poblaciones de ese animal fuera de serie, que puede pasar varios meses sin tomar agua y que se alimenta de ramas y otras hierbas que no son consumidas por otros herbívoros.
“En nuestro logotipo, en Profauna, colocamos desde hace 30 años la imagen del berrendo porque pensábamos que llegar a ver poblaciones de berrendos correr por las praderas de Chihuahua, sería una imagen que coronaría nuestros esfuerzos en favor de la conservación de los ecosistemas y la ganadería sustentable”, cuenta a Crónica Alberto Lafón Terrazas, director de la asociación civil Protección de la Fauna Mexicana (Profauna).
Hace una semana, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) dio a conocer la liberación de 100 berrendos jóvenes, provenientes de reservas naturales y ranchos privados de Nuevo México, Estados Unidos, donados para aumentar la diversidad genética de los pocos berrendos que se conservan libres en Chihuahua y que suman poco más de 300.
Ese esfuerzo se realizó tras verificarse que habían comenzado a presentarse cruzas entre grupos familiares de estos animales herbívoros, con el resultado de malformaciones o abortos de crías.
“En 2014 comenzamos a hacer algunos estudios genéticos de las poblaciones de berrendos en Chihuahua y a detectar que ya empezaban a tener problemas de endogamia —cruzas entre familiares— lo que ha provocado malformaciones y falta de crías. Esto trae como efecto la reducción de las poblaciones. Entonces, uno de los resultados que nos arrojaron los estudios fue que hace falta insertar sangre nueva en las poblaciones de berrendos de Chihuahua. Todo esto aceleró las pláticas con autoridades de Estados Unidos para poder conseguir la donación de nuevos ejemplares”, explicó a este diario el doctor Carlos López González, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y uno de los líderes del esfuerzo de reintroducción de berrendos en Chihuahua.
En el proyecto de reintroducción, que ahora incluye el monitoreo del desplazamientos de los berrendos por medio de 40 collares de localización satelital, participaron juntos, en la parte mexicana, la Conanp, la UAQ, la organización civil Profauna; rancheros de Chihuahua, la Universidad Veracruzana (UV), la Dirección de Vida Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y diferentes instancias del gobierno de Chihuahua.
Al conversar con Crónica, López González comienza por aclarar que la agrupación que tiene más tiempo haciendo monitoreo de berrendos en Chihuahua es Pronatura, con más de 20 años estudiando a este magnífico animal que es capaz de extraer la mayor cantidad posible de agua de plantas de ecosistemas áridos, principalmente en épocas de sequía, y cuya fuerza le permite realizar saltos de entre 3 y 6 metros durante sus carreras para huir de depredadores.
“Yo empiezo a involucrarme en los proyectos para rescate delas poblaciones de berrendo en el año 2014, de una manera fortuita, por estar trabajando en otros proyectos en Chihuahua. El doctor Alberto Lafont, de Profauna, me dio a conocer los trabajos que realizaban para monitoreo de las poblaciones y me explicó que los números de individuos estaban fluctuando. Incluso había datos de que la población de berrendos se podría estar reduciendo ya que se calculan entre 300 y 400 ejemplares, en el estado de Chihuahua. Así fue como comenzamos a hacer los estudios de diversidad genética”, explica el científico mexicano.
Los berrendos en el estado de Chihuahua se han localizado en tres o cuatro áreas, una es el cerca de Camargo, contigua al estado de Coahuila. También hay ejemplares en los valles centrales de Chihuahua y en el noroeste del estado.
Gracias a los avances de la tecnología, fue posible hacer estudios de los genes de la población a través de muestreo indirecto, estudiando el excremento de los animales, en el que hay material genético de los individuos.
“Uno de los resultados de los estudios genéticos fue que la población más pequeña y con mayores problemas de endogamia, es la de Janos, es por eso que se pensó realizar reintroducción de individuos primero en esa región. Estos estudios son una cosa relativamente nueva, que se hizo en 2016 y el resultado era muy evidente”, explica el doctor Carlos López.
Para compensar esta estrechez genética, los conservacionistas de México y Estados Unidos buscaron traer a Chihuahua ejemplares con características genéticas muy diferentes a las que se presentan las diferentes regiones mexicanas donde está este animal, al que se ha llegado a calificar como un “cultivador pasivo” ya que en sus pezuñas transporta semillas de diferentes plantas, las cuales deposita en diferentes terrenos áridos. Además, su excremento y orina se convierten en abonos para pastizales en praderas.
“En Nuevo México las poblaciones de berrendos están saludables y tienen varios miles de individuos. Pero a ellos les interesa volver a tener ejemplares de guajolote silvestre, que casi ha desaparecido de su país y del cual hay buenas poblaciones en México. Entonces, se espera que como parte de esta donación, un poco más adelante también haya una donación de guajolotes silvestres de nuestro país hacia nuevo México”, dice el director de Profauna.
El doctor Lafon explica que la asociación civil de la que forma parte había realizado monitoreo de las poblaciones de berrendo, en Chihuahua, desde hace más de 20 años, pero ahora han entrado en una nueva fase gracias al uso de mejor tecnología.
“Afortunadamente con el grupo del doctor López, de la UAQ, pudimos hacer ‘clic’ y él tomó las riendas para hacer efectiva una oferta de donación de berrendos que hace seis años nos había hecho Estados Unidos. Fue un proceso muy complejo porque había muchos detalles y permisos que se tenían que conseguir en ambos países. Además, el mismo doctor Carlos López consiguió collares con radios satelitales para estar monitoreando los datos de los animales que pudimos liberar y así podemos conocer datos como su desplazamiento y mortalidad”, dice Lafon, quien también detalla la participación que tuvieron autoridades gubernamentales de Semarnat, Conanp y Chihuahua, para lograr la importación y solventar los requisitos de aduanas.
“También fueron muy importantes todos los ganaderos de la región de Janos y Casas Grandes porque las Uniones Ganaderas fue el lugar donde hablamos mucho y explicamos la importancia de la reintroducción de berrendos, que vendrían a vivir y a desplazarse por sus tierras. Lo único que ellos nos exigieron fue que llegaran individuos sanos para no traer enfermedades a su ganado y conseguimos tal nivel que los animales que llegaron ni siquiera traían parásitos externos. Realmente éste ha sido un trabajo muy ejemplar de colaboración; por ejemplo, nosotros les dijimos a los rancheros que ellos no tendrían que desembolsar nada, pero el proceso fue mucho más complejo de lo que esperábamos y ellos nos ayudaron poniendo recursos de sus bolsillos, como lo necesario para abrir algunos caminos, así como los remolques con los que transportamos a los animales a lo largo de más de mil kilómetros, hasta donde los liberamos”, indica el director de Profauna.
La siguiente fase de esta reintroducción es observar o monitorear a los animales que recientemente han llegado y hacer educación entre los pobladores de la zona para evitar la caza furtiva. En esas tareas colaboran las personas de la asociación civil Profauna; esa asociación que hace 30 años nació con el anhelo de ver correr libres a los berrendos por las praderas de Chihuahua, como símbolo del resultado de sus esfuerzos.
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