Opinión


Logra AMLO compacta unidad

Logra AMLO compacta unidad | La Crónica de Hoy

Anonadados y furiosos, así están los más severos detractores del gobierno de la 4T. Intentan descifrar el misterio insondable oculto en el hecho de que, a pesar del desabasto de gasolina derivado de la estrategia antihuachicol, el Presidente López Obrador, según tres encuestas, no perdió capital político.

Mejor dicho, no sólo no perdió sino que ganó el Jefe del Ejecutivo en sus niveles de aceptación. Hasta el punto de que, puede decirse, sin exageración, ha empezado a nuclear en su entorno la ansiada unidad nacional, porque tiene el respaldo de nueve de cada diez mexicanos.

Si semejante guarismo no equivale a una consistente unidad, al menos en un tema, para algunos, imposible de objetar, le deben a la opinión pública aquellos irreductibles adversarios una explicación de qué entienden por unidad.

Sin el consuelo siquiera de dudar de las encuestas, porque son adoradores de esos ejercicios de medición, los enconados críticos ya dan muestras de de­sesperación ante lo que les resulta inexplicable.

Voceros del 10 por ciento de la población —en el mejor de los casos, a decir de la demoscopia—, tildan de “muchedumbre fanatizada” a los simpatizantes del gobierno en general, o cuando menos de acciones específicas de éste.

Pretenden ignorar que no se trata de unos cuantos despistados, sino de una abrumadora mayoría, notoria para cualquier observador, ya sea empírico o científico, de la política; pero, en todo caso, ecuánime y bien intencionado.

No pocos en aquel puñado de adversarios han hecho, a la vez, causa de vida y mina de oro el golpeteo sistemático al político de Macuspana, a quien no cesan de atribuirle vocación innata a la división, considerándolo portador exclusivo del maligno gen de la confrontación permanente.

Empecinados en distorsionar la realidad, incluso pretenden transferirle al Jefe del Estado la intención de incendiar la pradera, cuando la nación entera más bien ha visto en ellos tal avieso empeño. Las hemerotecas están saturadas de pruebas al respecto.

En todo caso, no resulta extraño que un tema de seguridad tanto nacional como pública —esta dicotomía conjuga el tema de los combustibles— concite el entendimiento entre la mayoría de los mexicanos.

Unidad pues, con sus bemoles, sí existe. O empieza a consolidarse en torno del gobierno federal, aunque no en el sentido que quisiera uno de cada diez mexicanos.

La cohesión nacional es imprescindible ante los descomunales retos no sólo internos, de sobra conocidos —pobreza, desigualdad, narcotráfico, corrupción, huachicoleo—, sino también externos.

Inclúyase en este último rubro, de manera especial, la relación con el veleidoso gobierno de Donald Trump.

El despreciable mandatario del norte ya da muestra de manipulación para su conveniencia del tema migratorio y de perfidia en la negociación del TLC.

Hay indicios para suponer que Trump está decidido a azuzar el congreso, en su búsqueda de pretextos para incumplir acuerdos y compromisos adquiridos con nuestro gobierno durante la azarosa negociación del tratado comercial.

Observadores de la realidad regional ven señales de la perversa mano de Trump en la organización y aliento de las caravanas de migrantes, como la que por estos días ingresa a nuestro país ya no con intención de cruzar hacia Estados Unidos, sino de quedarse.

Las primeras caravanas, como pudo constatarse, le dieron al gringo argumentos de campaña electoral, y su reanudación, ahora, busca presionar al congreso en pos de recursos económicos para el mentado muro, así sea, en última instancia, a costas de nuevo TLC.

Aun entre legisladores mexicanos cunden sospechas sobre la autenticidad del éxodo de centroamericanos.

“Toda una historia prueba que las agencias estadunidenses de espionaje son capaces de organizar, en cualquier país y en pocas horas, una manifestación, una caravana o cualquier otra forma de protesta”, dijo en privado un diputado panista.  

En otro tiempo la política exterior constituyó el rubro que presentaba los menores desacuerdos entre los mexicanos. Y permitió escribir páginas brillantes de nuestra historia. Paradojas de la política, los asuntos exteriores representan ahora uno de los rubros de mayor confrontación.

Sobre todo cuando de las relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro se trata. Esas que aquellos contumaces y sistemáticos críticos del ahora Jefe del Estado se han encargado de enconar a base de desmesuras y hasta mentiras.

Muestran regocijo ante las diferencias en la política exterior, eso sí, quienes alentaron el abandono de principios tradicionales que hicieron posible la protección de los intereses mexicanos y la defensa de las mejores causas internacionales.

Destaca en el dichoso combo el excanciller Jorge Castañeda, gurmand a quien en el tema migratorio los gringos le sirvieron una enchilada deconstruida: con la salsa, el pollo y la tortillla en el mismo plato, pero cada ingrediente por su lado. Un platillo de sobras con apariencia gurmet.

En enero de 1983 el gobierno de Miguel de la Madrid, con su canciller Bernardo Sepúlveda emprendía la tarea de conformar junto con Colombia, Venezuela y Panamá el Grupo Contadora, con objeto de contribuir a pacificar Centroamérica.

Ironías de la política, 36 años después Venezuela atraviesa una aguda crisis interna y está más en condiciones de necesitar que de dar apoyo diplomático. Y encara peligrosa una confrontación con Colombia. Situaciones ambas en las cuales México está en aptitud de ayudar, si no a solucionar, sí al menos a distender.

Para ello la unidad es imprescindible. Y también la velocidad de reflejos.

Si bien la propuesta de mediación fue presentada el mismo día en que nuestro país se abstuvo de firmar la ilegitimidad de Maduro determinada por el Grupo de Lima, nuestra cancillería no ha mostrado la rapidez que se necesita para avanzar en ese camino.

Marcelo Ebrard y su equipo se han dejado comer el mandado por el brasileño Jair Bolsonaro, quien ya congregó a los más furibundos antimaduristas, como el sedicente presidente del Tribunal de Justicia en el exilio, Miguel Ángel Martín, y los más duros del Grupo de Lima.

Con la legitimidad ganada en las urnas y la compacta unidad reflejada en las encuestas sobre el combate al robo de combustibles, el gobierno de la 4T debe acometer sin temores los desafíos domésticos e internacionales. Sin miedo de ser candil de la calle y oscuridad de la casa.

El piquete de irreductibles opositores quedará, al final, quedará aislado. Lo veremos.

 


aureramos@cronica.com.mx

Comentarios:

Destacado:

LO MÁS LEÍDO

+ -