
"Los arqueólogos que laboramos en el Templo Mayor nos enfrentamos a un reto mayúsculo que no es propio de todos nuestros colegas del mundo: estamos en la CDMX y para excavar las ruinas de la antigua Tenochtitlan tenemos que zurcar esa enorme barrera de asfalto, cristal y acero que representa nuestra capital. El otro reto para quienes trabajamos en el Centro Histórico es que este espacio es la mayor concentración del continente americano en lo que respecta a monumentos históricos y artísticos. Es patrimonio de la humanidad y no podemos excavar donde queramos”, comentó el Premio Crónica, Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor.
Durante la mesa “Cómo construir una pirámide: arquitectura e iconografía del Templo Mayor” del ciclo La arqueología hoy, que transmite el Colegio Nacional, el arqueólogo colegiado apuntó que a lo largo de 43 años de exploración de los poco más de 12mil metros cuadrados que ocupa este proyecto han podido encontrar no solo la pirámide principal de Tenochtitlan sino otros edificios, como 13 adoratorios de enormes dimensiones, decenas de esculturas espectaculares, pinturas murales y más de 200 ofrendas con miles de objetos que los mexicas ofrendaban a sus divinidades.
Anotó que a la fecha existen dos equipos de exploración, uno de los cuales dirige Raúl Barrera, mientras que el otro está a su cargo; e hizo un recuento de datos que se tienen sobre el Huei Teocalli, o Templo Mayor de Tenochtitlan, centro fundamental de la capital del imperio mexica y materialización de su preponderancia, desde su fundación, pasando por sus continuas ampliaciones y modificaciones, hasta su destrucción y desmantelamiento.
“Medio metro bajo el nivel de la calle empezamos a descubrir vestigios de la capital de la Nueva España que vivió entre 1521 y 1821 después de Cristo. Cuando excavamos a niveles más profundos que van desde los 3 a 12 metros de profundidad encontraremos los asentamientos anteriores de época prehispánica que tienen como antecedentes más seguros la fase del año 950 a 1150 después de cristo y, obviamente, los vestigios de las dos ciudades hermanas Mexico-Tenochtitlan y Mexico-Tlatelolco, capitales que estuvieron en pugna”, compartió.
Recordó que en fechas recientes tanto el equipo de Raúl como el suyo descubrieron el Huei Cuauhxicalco, que estaba al pie del templo mayor, lugar donde las fuentes mencionan que los soberanos eran inhumados, “seguimos excavando esta parte del centro histórico”; así como el hallazgo, también en fechas recientes, del Huei Tzompantli, altar de cráneos, en el lugar donde en el futuro próximo se instalará el museo de chocolate.
Entre las características que tuvo el templo mayor durante su funcionamiento, Luján apuntó que la pirámide siempre se encontraba en obra, ampliándose, “así como siempre está en obra nuestra ciudad capital”.
La etapa más grande es la que construye el gran ahuizote Ahuitzotl de 1486 a 1502, el templo se amplió 13 veces en tan solo 150 años.
En los pasajes de cartas que se han encontrado, se menciona la necesidad de hacer un templo más digno a Huitzilopochtli por lo que el tlatoani ordenaba a sus sujetos ampliar la pirámide. Cuando ya estaba lista se hacía alguna conquista para llevar víctimas, sacrificarlas y con su sangre de cautivos de guerra santificar el monumento. “Esto significa que cada vez que crece el imperio, crece la pirámide. Es maravilloso.”
Cuando no crecía el imperio, por ejemplo si no se pudo derrotar al enemigo, se mandaban ejércitos a un señorío menor para poder inaugurar la pirámide, añadió.
“Nos habla también de nuestro futuro, de que todos somos vulnerables. Las ruinas son un lugar privilegiado: no debemos reconstruirlas, no debemos hacer luces y sonidos, o espectáculos. Hay que respetar las ruinas, visitarlas, convivir con los vestigios culturales, con la naturaleza. Son lugares de aprendizaje, reflexión, conocimiento y tranquilidad, si queremos espectáculos siempre se puede construir un gran auditorio exprofeso, pero las ruinas las debemos respetar tal y como son”, revindicó Luján.
Para imaginar cómo debían ser las construcciones se pueden utilizar computadoras y modelos, así como las cada vez más numerosas opciones tecnológicas para hacer fantasmas de pirámides en 3D, pero nunca se deberían reconstruir esos monumentos
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