Opinión


López Obrador y el Partido Conservador

 López Obrador y el Partido Conservador | La Crónica de Hoy

Raúl Trejo Delarbre en su artículo “Cretinos. La retórica del buscapleitos”, (La Crónica de Hoy, 17/VI/2019), señala: “el licenciado Andrés Manuel López Obrador dice que es dueño de sus silencios. No es así, pero lo que resulta cada vez más evidente es que no siempre es dueño de sus palabras.” En efecto, su carácter irascible lo hace perder los estribos con facilidad. Repentinamente empieza a lanzar improperios y descalificaciones contra quien sea. Es especialmente propenso a alterarse cuando le formulan preguntas incómodas como sucedió en la conferencia mañanera del viernes 14 de junio cuando—como lo apunta en ese mismo artículo Raúl—una reportera sonorense le preguntó al “Peje” si habrá un impuesto federal por la tenencia de automóviles. Respondió: “Aprovecho para informar que no se va a imponer la tenencia, porque es increíble cómo inventan cosas nuestros adversarios, los del partido conservador y muestran el cobre. No cabe duda de que la verdadera doctrina de los conservadores es la hipocresía, y son muy cretinos, con todo respeto, porque ahora que estamos defendiendo a México, defendiendo nuestra soberanía, en vez de cerrar filas y de ayudar están apostando a que nos vaya mal, desde luego, no todos.” La reportera ha de haber quedado atónita con esa réplica-reprimenda porque el 11 de junio el diputado federal del partido Morena, Alfonso Ramírez Cuellar, presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, dijo que ya se estaba analizando cobrar la tenencia vehicular de manera federalizada para el próximo año. Así es que AMLO se dio un martillazo en la mano.

Llama la atención la insistencia de López Obrador de nombrar a sus oponentes “conservadores”. Y es que este apelativo va en concordancia con la creencia de que él encarna a Benito Juárez cuyos rivales, efectivamente, fueron los conservadores. El tabasqueño, en este afán imitador quiere reproducir una época ya fenecida, y polarizar a México como lo estuvo durante buena parte del siglo XIX, cuando los protagonistas de la escena política fueron, por un lado, los conservadores y, por otro, los liberales.

Conviene recurrir a la historia: para relevar al Presidente de la República, José Joaquín de Herrera (1848-1851) se convocó a elecciones.

En ellas participaron conservadores y liberales. No obstante, el proceso fue interrumpido por el último golpe de Estado que dio Antonio López de Santa Anna quien se autonombró “dictador” y gobernó con el título de “Su Alteza Serenísima” (este apelativo fue elevado a rango constitucional). En 1954 los liberales hicieron estallar lo que se conoce como “la Revolución de Ayutla” encabezada por Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. Fue una Revolución que derrocó al tirano y lo mandó al destierro. Con los liberales en el poder se promulgaron las llamadas “Leyes de Reforma” que, entre otras cosas, hicieron posible la separación entre el poder civil y el poder eclesiástico (Ley Juárez del 25 de noviembre de 1855); la desamortización de los bienes eclesiásticos (Ley Lerdo del 25 de junio de 1856).

Se convocó a un Congreso Constituyente que trabajó todo un año y entregó el documento final el 5 de febrero de 1857. Su contenido básico fue la reivindicación tanto del Estado de derecho como del Estado laico. Uno de los padres del liberalismo mexicano, José María Luis Mora desde 1834, llamaba a hacer cambios legales para desaparecer la confusión entre el Estado y la Iglesia que “suponen al poder civil investido de funciones eclesiásticas y al poder eclesiástico de funciones civiles, y ya es tiempo de hacer que desaparezca esta mezcla monstruosa, origen de tantas contiendas.” (“El Indicador”, 15/I/1834).

Los conservadores se levantaron en armas dando lugar a la Guerra de Tres años, entre 1858 y 1860. Conflicto que ganaron los liberales.

No conformes con su derrota, los conservadores trajeron a un emperador extranjero, Maximiliano de Habsburgo, apoyado por tropas francesas quienes comenzaron a invadir el país en 1862: el 19 de junio de 1867 Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campañas de Querétaro, junto con los generales Miramón y Mejía. Allí quedó disuelto el Partido Conservador. Cuando Juárez entró triunfante a la ciudad de México el 15 de julio de 1867, junto con él entraron el constitucionalismo, el laicismo y el nacionalismo.

Por iniciativa del senador Antonio Delfín Mariscal, el Congreso de la República Dominicana, en 1867 el Senado dominicano aclamó a Juárez como “Benemérito de las Américas.”

Conviene señalar que el padre del Partido Conservador en México es Lucas Alamán (1792-1853) quien fue contrario a la igualdad política y, en consecuencia, al sufragio universal; a la separación del Estado y la Iglesia; al federalismo. Sobre todo fue favorable a la concentración del poder, es decir, a establecer en México una monarquía.

Aunque AMLO manifieste una retórica juarista, en los hechos es más afín a los postulados conservadores: con los super-delegados está asfixiando el federalismo; cada que puede, pisotea el carácter laico del Estado mexicano, y sobre todo se ha dado a la tarea de desmontar el andamiaje de la república para erigir una autocracia.

Entre sus virtudes no está la congruencia.

 

 

@jfsantillan
jfsantillan@tec.mx

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