
Muy temprano, en el proceso de evolución de la vida en la Tierra, tuvo que surgir una estructura para que existieran las células: es la membrana plasmática, que separa la parte interior del exterior de la célula y protege todos los organelos y procesos que ocurren dentro de la célula, que es la unidad más pequeña de la vida.
La científica mexicana Tamara Luti Rosenbaum Emir ha dedicado muchos años a estudiar uno de los procesos más fascinantes que ocurren en la membrana celular: la entrada y salida de moléculas eléctricamente cargadas a través de los canales iónicos, que se pueden comparar con poros que se abren o se cierran para dejar pasar o frenar la entrada de iones.
Gracias a esos canales iónicos, las células pueden percibir el medio ambiente celular y reaccionar.
“Hay cientos de canales iónicos que se han descrito y son especializados para diferentes tipos de células y para diferentes tipos de estímulos. Hay canales iónicos que permiten que la célula tenga información sobre la presencia de luz, cambios de temperatura o que le pueden informar que están en contacto con una sustancia que les puede quemar o hacer otro tipo de daño”, explica a Crónica Rosenbaum Emir, quien es investigadora del Instituto de Fisiología Celular, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El trabajo de la doctora Tamara tiene su raíz y plataforma en la ciencia básica, pero sus aportaciones tienen profundas implicaciones en la atención a la salud, pues estudia los mecanismos de un fenómeno que a todos nos aqueja en algún momento: el dolor. Pero además, sus aportaciones pueden ayudar a algunas de las formas complejas del dolor, como el que aqueja a millones de pacientes con diabetes, llamado dolor neuropático.
Su grupo de trabajo en la UNAM fue el primero en el mundo que describió la compuerta de activación de un canal llamado TRPV1; lo cual lograron con técnicas de biología molecular y de electrofisiología.
“Esto ayudó a colocarnos como un grupo sólido con perspectiva internacional. Este tipo de descubrimientos nos ha permitido entender las bases moleculares de fenómenos como el dolor neuropático, proceso que está íntimamente ligado al canal TRPV1, con el que trabajamos. La biofísica es un campo complejo que analiza desde las propiedades de las membranas lipídicas hasta cómo responde el cerebro al ambiente, cómo funcionan los músculos y cómo secretamos hormonas”, indica la persona que en el año 2008 fue seleccionada como ganadora de la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Investigación en Ciencias Naturales.
BIOLOGÍA Y FÍSICA. Nacida en Santa Bárbara, California, de padre mexicano y madre de Crimea, la doctora Tamara vivió en la Ciudad de México desde los dos años de edad cuando su padre, el físico Marcos Rosenbaum fue invitado a dirigir un centro de investigación que, a la postre, se convertiría en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM.
Pero el camino de vida de Tamara Luti, que siempre estuvo cercano a la UNAM y a la investigación, se decantó por las ciencias biológicas.
“En un principio pensé que quería estudiar medicina, pero después me di cuenta de que, en realidad, tenía sed por saber qué eran esos procesos que regulaban la fisiología. Mi papá siempre decía que el futuro de la ciencia iba a estar en las ciencias biológicas, aunque él era físico”, cuenta a este diario.
Ingresó a la carrera de Biología y muy temprano se dio cuenta de que le interesaba la biología celular y todos los procesos que ocurren dentro de una célula que es la unidad de la vida. Esos procesos son muy complejos y muchos no los entendemos. A ella le llamaba mucho la atención cómo funcionan las células, qué hacían los organelos y demás.
“En un momento, ya al final de la carrera, cuando tenía 21 años, me di cuenta de que lo que me interesaba eran las neurociencias, pero las neurociencias a nivel, digamos, de cómo se desplazan las moléculas que permitían que las neuronas pudieran funcionar, es decir, la biofísica”, dice la investigadora.
Lo que más ha intrigado a la doctora Rosenbaum son los canales iónicos; esas estructuras que están sobre la membrana y funcionan como el diafragma de una cámara fotográfica que cuando hay un estímulo, por ejemplo la luz, se abre un centro en medio para dejar pasar la luz, aunque en el caso de las células se abren para dejar pasar moléculas con cargas eléctricas que son los iones. Entonces, se genera esa corriente eléctrica y las neuronas se conectan entre ellas. Así va pasando esa señal de neurona en neurona hasta que llega a donde tiene que llegar para generar una respuesta.
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