Cultura


Los mexicas miraron a la Luna como una mujer con cascabeles

50 años del alunizaje. Crónica presenta cómo la mitología de diferentes culturas definieron al satélite terrestre: fue la diosa Coyolxauqui para los mexicas, en la grecolatina una mujer de claroscuros sin grado de deidad y en la asiática, la depositaria de la inmortalidad

Los mexicas miraron a la Luna como una mujer con cascabeles | La Crónica de Hoy

Diosa Coyolxauhqui

La Luna era para los mexicas una diosa llamada Coyolxauhqui, que tenía cascabeles en el rostro, para la cultura grecolatina era una mujer con claroscuros sin el grado de deidad y para la región asiática era la depositaria de la inmortalidad.

A 50 años del alunizaje, Crónica presenta una entrevista con María García Esperón, autora que ha escrito sobre las mitologías de diversas culturas, y con el novelista y diseñador gráfico, Bernardo Fernández Bef, quien narra cómo la ciencia ficción se nutre de los avances tecnológicos.

MITOS. “La Luna siempre será tema para la literatura y para las culturas antiguas; por ejemplo, en el mundo grecolatino, uno de sus nombres significa la que brilla sobre todo. Por eso, en las sociedades que no tienen iluminación nocturna, la Luna es una protagonista indudable, incluso más que el Sol porque el impacto visual y sensorial que da una noche estrellada es muy fuerte”, señala García Esperón.

La autora del Diccionario de mitos clásicos (Ediciones El Naranjo) destaca que la Luna es tan importante que aparece en el nombre mismo de México: en el lugar del ombligo de la Luna (metztli=luna, xictli=ombligo y co=sufijo de lugar).

“Además, en México es una parte importante dentro del mito de Coatepec, cuando la Coatlicue dio a luz a Huitzilopochtli y éste luchó contra la Luna”, narra.

En ese mito se cuenta que la diosa Coatlicue, quien tenía dos hijos, Centzonhuitznahua (las 400 estrellas del sur) y ­Coyolxauhqui (la Luna), recogió una pluma azul. Meses después, la diosa se dio cuenta que estaba embarazada.

Coyolxauhqui notó que su madre daría a luz, entonces se enojó y cuando “Coatlicue levantó la cabeza vio a su hija en plenitud, apoderada del cielo, agitando su escudo de guerrera. Temió por el hijo que vendría y dirigió una plegaria a su interior”, detalla la autora.

Del vientre de Coatlicue salió Huitzilopochtli, que armado con una serpiente de fuego, enfrentó a su hermana, la agarró de sus cabellos, cercenó su cabeza y la hizo caer despedazada al pie del cerro de Coatepec.

En el mundo asiático, específicamente en la India —cuenta García Esperón— existe la creencia de que en la Luna se conserva el soma, “la bebida de inmortalidad, un líquido que permea todo el Universo”.

En opinión de la ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2005, contemplar la Luna es un acto literario.

“Tenemos, por ejemplo, a Federico García Lorca y su Romancero gitano en donde dice: su luna de pergamino / Preciosa tocando viene / por un anfibio sendero…. E incluso, Borges habló del término en inglés: moon, y lo comparó con el movimiento lento de la Luna”.

En la mitología grecolatina, agrega la autora, Selene es uno de los nombres de la Luna, y otro es Artemisa, hermana de Apolo. “No es que Apolo sea el Sol ni que Artemisa sea la Luna pero tienen connotaciones de los dos astros. Artemisa es la cazadora en los bosques y tiene una diadema en forma de media luna y Selene es como un hada de la Luna”.

POSTHUMANOS. La ciencia ficción es uno de los géneros literarios que se alimenta de los avances tecnológicos y aunque la llegada del hombre a la Luna no figura tanto en los relatos, los progresos científicos que generó el alunizaje son el motor en las actuales narraciones.

“Hubo un momento de obsesión con los viajes espaciales, pero se ha diluido porque en los últimos 35 años la ciencia ficción se ha concentrado en un futuro inmediato, los cyberpunk decían que escribían sobre 15 minutos en el futuro”, señala Bef.

El programa espacial fue perdiendo al no ser una pieza estratégica después del fin de la Guerra Fría, agrega el novelista.

“Eso no significa que no esté plasmado en la literatura, pero ahora existe la tendencia de hablar de un futuro más inmediato, quizá los viajes espaciales han perdido ese papel protagónico que tenían en el género”, asegura.

En palabras del autor de 25 minutos en el futuro: nueva ciencia ficción norteamericana (Almadía), en la actualidad hay mucha ópera espacial, es decir, aventuras en el espacio que están más ligadas a la fantasía o a la literatura infantil.

“Son variaciones de la ciencia ficción, pero este género tiene ahora otras preocupaciones más urgentes, vinculadas al cambio climático, a inteligencias artificiales y corporativismos”, precisa.

Hoy el tema central de este género es el impacto de la tecnociencia en nuestras vidas.

“Hay una línea que se puede volver delgada entre ciencia ficción y fantasía, pero en el caso de la ciencia ficción que me interesa, se utilizan extrapolaciones de tecnología que existe o de tecnología que puede existir, se generan historias donde hay un conflicto entre humanidad y su relación con las máquinas”, indica.

Bef señala que los humanos somos la única especie que diseña a su sucesor en un laboratorio.

“Las inteligencias artificiales y los seres posthumanos están a la vuelta de la esquina, algunos ya están aquí e interactuamos con ellos. Los programas y aplicaciones, algo tan cotidiano como comprar los boletos del cine en el teléfono, implica una interacción con una inteligencia artificial que era impensable hace pocos años”, añade.

Sobre el origen de la ciencia ficción, el también ilustrador explica que es una invención anglosajona.

“La primera novela de la ciencia ficción es Frankenstein, escrita hace 200 años por una mujer: Mary Shelley, luego el género vuelve a tener una explosión a partir de Edgar Allan Poe, pero hay escritores activos en todas las lenguas. Ahora está muy de moda el afrofuturismo y los autores chinos están teniendo relevancia”, precisa.

Aunque hay mayor número de obras en inglés, Bef indica que en lengua castellana también hay producción.

“En el idioma inglés la ciencia ficción es un territorio muy grande, tiene muchas variaciones, ramificaciones y posiciones políticas de los autores. En el idioma castellano es una sola categoría, somos pocos los que la escribimos y por eso la vemos como una sola esfera”, indica.

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